La expresión “firme como una roca”, es muy habitual como habitual es el hecho de que muchos de quienes la utilizan ignoran que tal rigidez o firmeza es sólo aparente. Hay rocas (las pizarras por ejemplo) que presentan un gran cantidad de cortes o fisuras evidentes a simple vista; pero hay otras como esos grandes cantos redondeados que aparecen en los lechos de muchos ríos que se nos presentan como bloques totalmente compactos y sin el mas mínimo rastro de fisura alguna.

Sin embargo todas las rocas, absolutamente todas, se comportan ante un empuje como un muelle. Hay un sencillo experimento que consiste en golpear con una maza y con ganas una roca aparentemente rígida en extremo y sin el menor rastro de fisura alguna como puede ser una cuarcita de las que tanto abundan en El Bierzo. Ante el golpeo es fácil percibir la sensación de que la maza rebota literalmente. Las sensaciones en este caso responden a una realidad comprobada numerosas veces. En cualquier libro sobre mecánica de rocas es fácil hallar datos numéricos concretos sobre la relación entre la presión a la que sometemos a una roca y la deformación que esta experimenta; una deformación que en muchos casos se recupera al igual que ocurre-insisto-con un muelle. Esta relación es el conocido como Módulo de Young o módulo de elasticidad de la roca. Se llama así en honor a Thomas Young físico inglés (1.773-1829) que lo estudio por vez primera. Como vemos es algo conocido desde hace muchos años,….al menos a nivel científico, si bien en la vida cotidiana no se percibe de modo tan evidente. Hay que puntualizar que este comportamiento de la roca (como si fuese un muelle), sólo es tal hasta un cierto límite; pues como es evidente ante grandes presiones todas acaban rompiéndose

Es mas también está comprobado que cualquier roca por dura y firme que parezca se comporta realmente como una goma de borrar de las que utilizan los escolares. Al ser comprimida en una dirección se dilata en la perpendicular, igual como he dicho que una goma de borrar. La relación entre ambas deformaciones se conoce como el Coeficiente de Poisson, en honor al científico (francés) Simón Denis Poisson (1781 -1840). Como en el caso anterior esta propiedad de las rocas es conocida desde hace muchos años y asimismo ni que decir tiene que simple vista no se percibe en modo alguno con facilidad salvo en los laboratorios. Estos coeficientes se expresan mediante datos numéricos concretos, que figuran en los manuales y libros sobre mecánica de rocas. Las cuarcitas (las rocas mas duras que es posible hallar en El Bierzo) tiene valores del módulo de Young que oscilan entre 2,2 y 10 y por lo que respecta al coeficiente de Poisson entre 0,08 y 0,24

Por otra parte cualquier roca por dura que sea se deforma como una rama de un árbol. Es decir al ser doblada o torcida vuelve a su estado original cuando el esfuerzo que la hace torcerse o doblarse cesa. Siempre por supuesto hasta un cierto límite.

Estas características de las rocas tienen una gran importancia en las obras de ingeniería y también en otro aspecto como el de la propagación de las ondas sísmicas. Si las rocas no se deformasen en absoluto, entonces los movimientos sísmicos no se sentirían en lugares alejados del punto donde se produce un terremoto. Las rocas oscilan como la superficie del agua de un estanque cuando arrojamos una piedra y también se estiran y encogen como un muelle. Estos movimientos se van propagando a enormes distancias y es lo que básicamente conocemos como ondas sísmicas que a menudo siembran la destrucción a su paso.

Aunque en principio parece difícil entender que esto sea así, tal dificultad se disipa a medida que se empieza a conocer como es realmente la materia. Los minerales que constituyen las rocas están formados por átomos, a los que en principio podemos considerar como diminutas bolas de materia que están en contacto unas con otras. Pero es que a su vez el átomo es realmente un espacio prácticamente vacío. De hecho mas del 99% de un átomo es un espacio vacío y ello explica el motivo por el que la materia que forma las rocas se puede deformar. En realidad una roca firme o también el acero o el hormigón se parecen al interior de un colchón, mas que a un trozo de materia totalmente continua.

En las zonas montañosos es muy frecuente ver capas de terreno muy “dobladas” (plegadas); es lo que se observa por ejemplo en la zona de Babia en el norte de la provincia de León. ¿Cómo es posible que esas rocas tan duras se hallan doblado de este modo?. Las razones son varias. Por un lado está el hecho de las rocas no son rígidas; pero hay además otros factores que influyen. Entre estos está el hecho de que esas capas plegadas que hoy vemos cubiertas por vegetación mas o menos abundante en el pasado geológico no estaban en la superficie del terreno si no a una cierta profundidad, que puede ser de varios kilómetros. Esto supone que se hallaron en el pasado sometidas a unas presiones (el peso del terreno existente sobre ellas) y a unas temperaturas mucho más altas de las que hallamos en la superficie del terreno. Del mismo modo que el hierro sometido a altas temperaturas no se comporta de modo rígido así les ocurre a las rocas.

Por otra parte hay que tener en cuenta que la velocidad del movimiento de grandes masas rocosas, es muy lenta. Se dice que estas velocidades son a menudo similares al del crecimiento de las uñas por ejemplo. Esto nos puede dar una del tiempo preciso para que se doblen las capas tal y como los vemos actualmente. Si esta velocidad fuese muy elevada las capas se podrían romper (dando lugar a fallas); pero si no lo es acaban doblándose muy poco a poco. La imagen que adjunto es bien elocuente. Corresponde a Nueva Escocia y está tomada de una página de la Red. Wikipedia. Plegamiento (30/5/2.016).

Rogelio Meléndez Tercero

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