Cuando aún era niño algunas noches tenía que ir con mi padre a regar huertas, a varios kilómetros de mi pueblo. El cielo lejos de las luces del pueblo se veía muy bien y a veces una “estrella” se movía continuamente en medio de las otras. Mi padre me dijo que era un satélite de los americanos y tenía razón. Años después ya en la Universidad en Madrid, supe que probablemente se trataba de alguno de los satélites denominados Echo que en los años 60 del siglo pasado fueron lanzados al espacio.

Esta circunstancia y otras que me tocó vivir .entonces (llegada a La Luna); me animaron a interesarme (hasta hoy) por la llamada carrera espacial y asuntos similares. Así fue como muchos años después se me ocurrió escribir en la revista que publica la Asociación Leonesa de Astronomía (LEO); un artículo titulado: “¿Quién ha visto el giro de La Tierra?”. En esta ocasión, mi hija que por entonces ya debía saber de matemáticas más que yo, colaboró conmigo en la redacción.

El asunto de si es La Tierra la que gira o por el contrario es el Sol (que sale y se oculta día tras día); fue un tema de gran controversia hace siglos. A simple vista parece que no sólo el Sol y la Luna; si no toda la bóveda celeste son quienes giran mientras que La Tierra está inmóvil. Esta idea “tan evidente”; fue considerada durante muchos siglos como la verdadera,……hasta que en siglo XVI un clérigo polaco, Nicolás Copérnico la rebatió. Tuvo que hacerlo a escondidas, pues ello suponía ni mas ni menos que contradecir una “verdad” esencial de la Iglesia Católica a la pertenecía y ello implicaba enfrentarse a severas penas por hereje. A decir verdad nada tiene de extraño que durante muchos siglos se considerasen equivocadas las ideas de Copérnico. Aún hoy día si micrófono en mano salimos a la calle y preguntamos a cualquier viandante por este asunto y se nos contesta con franqueza la inmensa mayoría diría como no hace mucho me dijo mi madre. “Casi no paso a creer que sea la Tierra y no el Sol quien se mueve”. Otra cuestión es que ante el temor a ser tildados de poco cultos nuestros interlocutores digan que es La Tierra la que gira. Pero en este caso cabría formular otra pregunta que podría ser la siguiente: ¿Qué pruebas tenemos de que así sea?. Creo que incluso personas que hayan ido a la Universidad se quedarían sin saber que contestar. Júzguelo el lector por si mismo.

Pues bien esta cuestión, la búsqueda de estas pruebas, es la que abordé con cierto detalle en el artículo de LEO y aunque no se si entonces lo cité entre estas está el asunto de los satélites geoestacionarios, llamados también geosíncronos.

SATELITE FIJO QUE SE MUEVE

La experiencia cotidiana muestra que cualquier objeto situado a una cierta altura inmediatamente cae al suelo, salvo que tenga un cierto movimiento. Hemos de despreciar lógicamente el rozamiento con el aire; que en la inmensa mayoría de los casos es incapaz de impedir la caída. Pensemos en una losa que se desprende del tejado, en la fruta de un árbol (“manzana de Newton”) o incluso una hoja de papel.

Un satélite por el contrario si sigue el movimiento adecuado y está en una órbita ecuatorial, se vería desde el suelo como un punto fijo suspendido “por arte de magia” como si fuese una farola con un soporte invisible. Estaríamos ante lo que llamamos un satélite geoestacionario. La única posibilidad de que un objeto no caiga al menos durante un cierto tiempo al suelo es darle una velocidad adecuada. Es lo que ocurre con las balas de un fusil o con una piedra que arrojemos a un árbol. Luego ese satélite que vemos fijo en el cielo debe por fuerza estar moviéndose y como además observamos que su posición respecto a nosotros no cambia (como si lo hace un avión por ejemplo); hemos de concluir que nosotros y el suelo nos estamos moviendo también y al compás del satélite, como lo hace el retrovisor de nuestro automóvil respecto a nosotros cuando viajamos. Estos satélites permanecen fijos en el cielo durante muchísimo tiempo; en realidad todo el que los técnicos que los controlan quieran.

Un satélite geoestacionario gira en torno a La Tierra y completa una vuelta exactamente cada 24 horas. Si esta vuelta se hace situando al satélite justamente encima de la traza del Ecuador y se mueve en la misma dirección y sentido que el punto situado sobre el suelo en la vertical del mismo; desde el suelo se verá evidentemente como un punto totalmente fijo, cuya posición respecto a nosotros permanece inalterada como si fuera la punta de la torre de una iglesia por ejemplo.

Ahora bien con que velocidad y altura debe moverse el satélite para permanecer de ese modo. Este es un asunto que para un estudiante de secundaria debe ser relativamente fácil de resolver (salvo que quiera suspender física); pero que empezar a explicarlo aquí, con un rosario de fórmulas matemáticas creo que no procede. No obstante algo si diré.

Según mis cálculos un satélite que describe una órbita circular en torno a La Tierra de modo que ni cae al suelo ni se aleja de esta; ha de moverse a una velocidad de 11.058 Km/h. esto es 3,07 Km. por segundo y hacerlo a una distancia de 42.240 Km. del centro de La Tierra. Como el radio de nuestro planeta son 6.371 Km. (a nuestros efectos); se mueve a una altura respecto al suelo de 35.869 m. esto es 35,869 Km. Los aviones comerciales vuelan a una altura que oscila entre 10 y 12 Km. generalmente; luego un satélite geoestacionario unas tres veces más alto que estos.

Si el satélite describe su órbita sin estar siempre siguiendo la traza del Ecuador entonces las cosas serían diferentes pero dejaremos este caso para no liar mucho el asunto y sigamos con nuestro satélite girando al compás de La Tierra (esto es de Oeste a Este) y siempre justamente por encima del Ecuador. ¿Cómo se vería desde El Bierzo por la noche?. Supondremos que se vería gracias a luces que emite el satélite; pues si pretendemos que se vea gracias al reflejo de la luz solar en el mismo; me temo que nos meteríamos en problema tan complejo que resulta (para mi) demasiado “latoso”,…..al menos de momento.

Ahora bien la cuestión de cómo se vería desde El Bierzo (latitud de 42,5º N); me parecía mas asequible para “hincarle el diente”. Digo me parecía porque cuando empecé a calcular me di cuenta de que a una latitud como la del Bierzo ¡¡ es imposible verlo ¡¡, porque está por debajo de la línea del horizonte.¡¡Vaya por Dios¡¡. Para que se viera debería estar a una altura superior a los 35,869 Km. En concreto y según mis cálculos a por lo menos 2.270 Km. del suelo. Así pues los satélites que yo veía de niño cuando iba a regar por las noches no son geoestaconarios tal y como yo ya sospechaba por otras razones.

Para ver por la noche un satélite geoestacionario como el que nos ocupa deberíamos aproximarnos más al Ecuador de La Tierra (se halla a 4.726 Km. del Bierzo) y si lo hiciésemos veríamos como este recorre el firmamento nocturno porque aunque permanece fijo, respecto al suelo, se va moviendo respecto a las estrellas. Lo debe hacer con un movimiento cuya magnitud no me he parado a calcular (si lo hago a lo peor no tengo tiempo de enviar a redacción este texto); pero eso si con una diferencia esencial, respecto a como se mueve el Sol durante el día y las estrellas durante la noche. Mientras el Sol se mueve de Este (Naciente) a Oeste (Poniente), nuestro satélite lo hará justo en sentido contrario; de Oeste a Este ya que está digámoslo así “anclado” al punto de la superficie terrestre en cuya vertical se halla. Este movimiento del satélite es pues un fiel reflejo del movimiento de rotación de La Tierra, que es lo que buscábamos.

Hay otras varias razones mas (las expuse en el artículo de LEO);para afirmar que es La Tierra, la que gira sobre si; pero en cualquier caso eso de poder ver el giro como si fuese una noria de las de los parques de atracciones; es prácticamente imposible, aunque estemos en una nave espacial. Creo que esta fue la conclusión a la que llegué en el artículo de LEO (no lo tengo ahora a mano). Pero claro las cosas no son siempre lo que parecen. En cualquier caso y como curiosidad señalo que cualquier punto de la superficie terrestre ubicado a una latitud de 42,5º (El Bierzo); se mueve hacia el Este a una velocidad de 1.229,722 Km/h. (341,59 m/s). Si en un automóvil a 150 Km/h. se produce un frenazo brusco no hace falta contar lo que ocurre, a 1.229,7 Km/h. ya “ni te cuento”. Quizá algún día me ponga a calcularlo.

Fotografía: satélite geoestacioario Syncom 3

Rogelio Meléndez Tercero

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