Durante muchos años el desaparecido semanario “Bierzo 7”, con motivo de la festividad de Santa Bárbara realizaba una edición especial dedicada a la minería. Yo solía colaborar con algún artículo inherente a alguno de los aspectos de tal actividad tan ligada a nuestra comarca, analizándola desde una perspectiva científica, si bien siempre a nivel elemental. Generalmente me refería al carbón al que mi vida profesional ha estado estrechamente vinculada.

La festividad de Sta. Bárbara del año en curso nos pilla con la desaparición del citado semanario y la práctica extinción de la actividad minera ligada al carbón. Conservamos eso si el sentimiento minero que durante tantas décadas impregnó El Bierzo y con el que muchos aún nos sentimos identificados. En consecuencia ¿Por qué no continuar con la costumbre de escribir algo sobre la minería por estas fechas?.

Pues bien en esta tesitura decidí escribir el presente artículo cuyo título y cuya ilustración acompañante quizá sorprendan a muchas de las personas que aún en El Bierzo guardan muchos recuerdos de la minería del carbón. ¿Cuáles son las capas de Carlos Lemaur?, se preguntarán sorprendidas. Pues es bien conocido que las capas solían recibir muy diversos nombres (en general de mujeres) y se agrupaban en paquetes que a su vez recibían otros nombres muy diversos ( Anchas, Estrechas, Internacionales, Jarrinas, Chuchú-Navaleo, Torre,…);pero el nombre de C. Lemaur ¿ a santo de que viene?. Ahora lo veremos.

En el año 1978 cuando yo era sólo un estudiante universitario de Ciencias Geológicas, me enteré por vez primera de que allá por el lejano siglo XVIII un tal Carlos Lemaur había descubierto cerca de Cerezal de Tremor unas capas de carbón; en el paraje conocido como “La Cuesta del Morueco”; muy cerca de un convento. Con el paso de los años fui conociendo más datos sobre este singular personaje en torno a cuya figura y labor desarrollada en El Bierzo ha publicado no hace mucho (en 2.015); un interesante libro mi buen amigo Manuel Olano Pastor, conocido historiador bembibrense. C. Lemaur era realmente ingeniero de caminos y a esta labor se aplicó en El Bierzo; pero también se ocupó del carbón (y del hierro) de nuestra comarca. En base a los datos hoy conocidos podemos decir que este individuo fue el descubridor de la presencia de carbón en nuestra comarca, hecho que acaeció en torno al año 1764.

Manuel Olano me ha enviado recientemente una copia del contenido de un célebre informe realizado en fecha 7 de agosto de 1764 por tal ingeniero. No es la primera vez que analizo su contenido; pero nunca está de mas volver a leerlo con atención. Del contenido de dicho informe, que en parte señalo aquí si bien resumido y en lenguaje actual; se desprenden muchos datos de interés. Por ejemplo que en aquellas fechas los lugareños ya conocían la existencia del carbón de piedra ya que gracias a sus indicaciones pudo Lemaur hacer un primer tanteo acerca de la extensión superficial de los afloramiento carboníferos. Estima que son unas dos leguas cuadradas esto es unos 50 km. cuadrados lo que como primer tanteo y dada la época no está nada mal, aunque de este punto hablaré posteriormente. ¿Sabían para que podía utilizarse?. ¿Sabían que aquellas “piedras negras” podían arder?. Lo dudo. He repasado el contenido de las Respuestas Generales del Catastro de Ensenada (mitad siglo XVIII) y pese a que en el cuestionario se pregunta expresamente por la existencia de minas la respuesta en diversos pueblos de la zona incluyendo a Cerezal de Tremor es siempre negativa. Quizá sería preciso un análisis más exhaustivo pues son muchos los pueblos situados en el entorno de los terrenos carboníferos; pero yo al menos nada he hallado.

El carbón no arde con la misma facilidad que la madera y si accidentalmente alguna de esas piedras negras caía en una hoguera realizada en el campo, lo más probable es que no llegase a alcanzar el nivel de incandescencia.


EL INFORME DE LEMAUR

En 1764 C. Lemaur informa que cerca de un convento de la Orden Tercera que llaman de Cerezal y al pie de una cuesta denominada El Morueco, descubrió dos capas de carbón de pie y medio cada una separadas unos 20 ó 30 pies. Como un pie son unos 28 cm. las capas tenían una potencia de entre 40 y 45 cm., estando separadas en el terreno unos 8 metros. Subiendo al Morueco de camino a Astorga descubrió otros varios pasos de carbón (5 ó 6); pero no explotables por ser menores de 10 cm.(carboneros). Es previsible señala que haya más pues los vistos se descubrieron sin hacer excavación alguna y además en base a los datos aportados por los lugareños el terreno donde se halla este carbón de piedra tiene una extensión de 2 leguas cuadradas, esto es unos 50 Km. cuadrados, como he señalado. También informa de que según sus medidas su densidad es de 2,3 Tm. por metro cúbico; todo ello expresado claro está en medidas dela época.

Después habla de modo extenso y con bastantes datos numéricos (como de be ser) de las ventajas de este carbón de piedra, frente al carbón vegetal que era el único entonces conocido en la zona y al parecer en la práctica totalidad del resto de España. Es decir analiza su viabilidad comercial. Este ingeniero estudió la posibilidad de llevar el carbón descubierto en El Bierzo, mediante una red de canales hasta cerca de Madrid y de distribuirlo por toda Castilla.


EL INFORME MIO

Como muchos otros técnicos (ingenieros, geólogos, topógrafos) mi vida profesional ha estado estrechamente vinculada la explotación del carbón, esencialmente en la zona de Torre-Bembibre. Ahora bien yo dispongo de unos medios muy superiores a los del ingeniero Carlos Lemaur, entre otros los cada vez mejores planos y estudios geológicos de la zona. Mi amigo el geólogo Juan Carlos Gutiérrez Marco me facilitó un excelente estudio (Revisión y síntesis geológico-minera de la Cuenca Carbonífera de “El Bierzo”) realizado por el Inst. Geológico y Minero de España en 1.984. La ejecución fue encomendada a la Empresa ADARO y es ya (¡¡como pasa el tiempo¡¡) un clásico de la minería berciana. De todo este amplísimo y maravilloso estudio que es en buena medida un documento histórico (la minería tras el año 1.984 aún gozó de muchos años de feliz desarrollo), me voy a fijar únicamente en lo que atañe al objeto de este artículo: la relación entre C. Lemaur y el descubrimiento al menos oficial del carbón en El Bierzo.

Visto este estudio de ADARO del año 1984 yo entiendo que las dos capas a las que se refiere Lemaur son las denominadas en el mismo como Guillermo y Vidal, ambas muy próximas y situadas claramente a techo de la capa Constancia que pasa justamente (su afloramiento), por el pueblo de Cerezal de Temor. Tengo que puntualizar que cabe la posibilidad de que dada la proximidad entre las dos primeras al realizar labores sobre las mismas hubiera algún tipo de confusión. Errores de este tipo fueron frecuentes. Una misma capa recibía a veces nombres diferentes y viceversa. Según el estudio de ADARO a techo de las capas Guillermo y Vidal se localiza otra de menor continuidad y por ello de más difícil identificación denominada capa 37 que quizá, solo quizá es la denominada asimismo capa Rosa.

En 1984 las capas Guillermo y Vidal ya habían sido objeto de notoria explotación tanto a cielo abierto como en minería de interior al Este del pueblo de Cerezal de Tremor, justamente en el monte conocido como El Morueco, cuya cota superior es la de 1.082 según planos del Inst. Geográfico Nacional.

La capa Constancia cuyo afloramiento como he dicho discurría por el propio pueblo de Cerezal de Tremor también había sido objeto ya en 1984 de intensa explotación, que continuaría años después; pero de estas y otras cuestiones hablaremos en la continuación de este artículo la próxima semana. Hay todavía mucho que contar sobre esta historia en la que intervienen además del carbón, ingenieros y frailes. La foto que adjunto para animar este relato, no corresponde como es evidente a ninguna mina, si no a (casi) lo único que queda del Convento de Cerezal de Tremor. Se llamaba realmente Convento de Santa María Magdalena. Pensaba “pescar” la imagen del “Google”; pero al final la tomé de una página de la Red. La imagen es de un tal Angelorum; nombre que casualmente tiene claras reminiscencias religiosas.

Rogelio Meléndez Tercero

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