Aunque la imagen que acompaña al presente texto; nada parece tener que ver con las minas de carbón del Bierzo; la realidad es muy distinta. Ahora lo veremos. Cuando allá por el año 1994; yo empezaba a escribir con cierta asiduidad; una de las primeras cuestiones de las que me ocupé es de la génesis del carbón. Es lógico que así fuese ya que mi vida profesional, como la de muchos otros bercianos ha estado ligada al mundo de la explotación carbonífera. A partir de entonces han sido muchas las veces en las que me he ocupado de este asunto. No tengo a mano los numerosos escritos realizados al respecto; pero es una cuestión de la que me he ocupado tantas veces, que confío en que aún escribiendo basándome solo en mi memoria, pueda hilvanar un relato que no tenga fallo alguno.

Las capas de carbón que tan familiares han resultado durante muchas décadas a los bercianos; se formaron hace millones de años en una época en la que El Bierzo no se parecía en nada a lo que hoy es. El carbón y aunque a primera vista no lo parezca es el resultado de la acumulación de restos vegetales. Estos vegetales de cuyos restos se formaron las capas de carbón que aún quedan en El Bierzo; vivieron hace unos 300 millones de años.

El relieve tan singular que conforma esta comarca es geológicamente cosa de “hace dos días” ya que esa forma tan peculiar que tiene (una depresión rodeada de montañas por todas partes); se ha estado formando en los últimos 10 millones de años; algo insignificante en comparación con los 300 millones de años antes aludidos.

Las capas de carbón no son nada mas que antiguas turberas. ¿Qué es una turbera?. Pues es una zona más o menos extensa en la que se van acumulando restos vegetales que por estar cubiertos por una lámina de agua de cierto espesor; no se descomponen como lo harían cuando quedan a la intemperie. La materia vegetal se transforma lentamente pero no desaparece y adquiere un color negruzco que en nada recuerda al verde habitual de la vegetación.

Es una lástima que no abunden en El Bierzo actualmente las turberas. En el lago de La Baña hay una y en el entorno de Villablino también recuerdo hace años haber visto otra muy pequeña. Si estas fuesen abundantes sería más fácil entender como se formaron las capas de carbón.

Esos restos vegetales poco a poco se van haciendo mas compactos al mismo tiempo que pierden parte de su volumen inicial. Según los datos que yo tengo (basados en estudios de otras personas); una capa de carbón que actualmente tenga una potencia de 1 metro pudo tener en sus orígenes, es decir cuando sólo era una turbera un espesor de 4 ó 5 metros. El tiempo preciso para que se forme una turbera de ese espesor es de unos 15.000 años. Hace ya bastantes años (2.006) hice un sosegado estudio de este tema referido al caso de la comarca berciana y tras analizar muchos datos llegué a la conclusión de que en efecto en el caso del Bierzo, esos datos dan al menos un orden de magnitud correcta.

El carbón en El Bierzo está acompañado de capas de pizarra y de capas de arenisca. También hay a veces conglomerados que básicamente son areniscas de grano muy grueso, tan grueso que a simple vista se ven unas piedras que recuerdan mucho a las del hormigón realizado con piedras redondeadas. Las pizarras en sus orígenes fueron limos, es decir lo que llamamos barro y las areniscas arenas más o menos similares a las de las playas o los bordes de los ríos actuales.

Las turberas se pueden formar en el borde del mar o en zonas alejadas de la costa. Este es el caso de El Bierzo. En las cuencas situadas más al Norte (Villablino por ejemplo) es posible que excepcionalmente al menos, se encuentren turberas formadas cerca de lo que hace millones de años era el borde del mar. No es como he dicho el caso del Bierzo. Las turberas que dieron lugar a las capas de carbón que hoy se hallan en El Bierzo; se formaron pues en lo que hace millones de años eran zonas pantanosas. Hemos de imaginar una serie de lagos o lagunas de más o menos extensión. Si la zona pantanosa se convertía en un lago de mucha magnitud; era imposible que en la parte más profunda y alejada del borde se acumulasen restos vegetales. Se podría acumular en todo caso barro muy fino.

Los restos vegetales tampoco se pueden acumular muy cerca del borde de la laguna; pues entonces quedan fuera del agua y al estar a la intemperie se descomponen en vez de servir para aumentar el espesor de la turbera (la potencia de la futura capa de carbón). Para que se forme una turbera de espesor considerable y que sólo contenga restos vegetales (sin barro o arena); la formación de la misma ha de tener lugar en una zona que no esté ni muy lejos ni muy cerca del borde de la laguna. Por otra parte es evidente que una turbera (lo que sería en el futuro una capa);no se puede formar toda ella en un instante

Con el paso del tiempo (siempre hablando en períodos de tiempo muy superiores a la duración media de la vida humana); se producen cambios en una misma zona de la turbera y donde en un tiempo dado sólo se acumulaban restos vegetales puede acumularse barro; que con el tiempo aparecerá en la capa como una cuña de pizarra. Por otra parte y en un mismo tiempo pero en diferentes zonas de la turbera se pueden dar condiciones distintas. Por ultimo las condiciones de formación de una turbera se pueden volver a repetir en otra formada mucho tiempo después.

La consecuencia de todo esto es que una misma capa puede presentar aspectos muy diferentes y por otra parte dos capas diferentes pueden presentar aspectos similares. Una de las discusiones recurrentes en la minería del carbón era la identificación de las capas. Puesto que en distancias cortas (en general algunas decenas de metros) el aspecto de una capa en general cambia poco; se asumía que “la pinta” o el aspecto de una capa era una señal inequívoca para identificarla. Esto es un error cuando hablamos de distancias grandes (centenas de metros); por lo que acabo de explicar.

Conozco porque me tocó personalmente vivirlo, una curiosa anécdota en torno a este asunto protagonizada por un conocido empresario de la zona. Una misma capa de una explotación recibía diferentes nombres porque al ser explotada en partes muy alejadas (pero de una misma mina); presentaba aspectos tan diferentes, que “no podía ser la misma”. Pero al avanzar la explotación se hizo evidente de modo reiterado que se trataba de una misma capa. Como no era posible cambiar de pronto el nombre a las capas porque para destinar al personal se le suele indicar a que capa han de ir; se siguió llamándolas como siempre. Pero claro en los planos de labores quedó nítidamente reflejado, que una misma capa recibía un nombre en la cabecera del taller de explotación (“rampla”) y otro distinto en la base donde se cargaba el carbón.

Si la minería no hubiese entrado en declive y se hubiese continuado explotando el carbón en la mina en cuestión habría que haber buscado algún remedio a esa incongruencia; pero la mina cesó en su actividad hace ya años y esa evidencia de un error de identificación de las capas quedó reflejada en los planos de labores; supongo que para siempre.

Por ultimo cabe señalar que desde que eran simples turberas, hasta adquirir su aspecto actual; las capas de carbón han experimentado una serie de cambios de los que no me puedo ocupar por razones de espacio.

Como ilustración adjunto una imagen de una página del Museo de Historia Natural de Chile, en el que aparece la imagen de una turbera actual ubicada en ese país. Aunque parezca muy extraño las capas de carbón del Bierzo se formaron en turberas; que como tales algún parecido debían de tener con la de la imagen.

Rogelio Meléndez Tercero

 

 

 

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