El título del presente artículo puede parecer una tomadura de pelo a los lectores. Todo el mundo sabe lo que es un día e incluso lo que dura (24 horas); sin necesidad alguna de ir a la Universidad; pero la realidad de este Mundo vista en una primera impresión, no siempre es la misma que analizada con detalle.

En la vida cotidiana no hay duda alguna acerca de cuándo es un día o el inmediato anterior o posterior. Tampoco la hay respecto a la duración de un día: son exactamente 24 horas. Incluso tampoco hay duda respecto a cuando es el mediodía solar. Es el instante en el que el Sol se halla en lo más alto de su recorrido diario; momento en el que se halla en el Hemisferio Norte, es decir en nuestras latitudes, exactamente en el Sur y por ello las sombras apuntan en este instante justamente al Norte.

Es sabido desde hace muchos siglos que las horas de salida y ocaso del Sol varían a lo largo del año, por tanto, para medir el tiempo exacto que dura un día lo más lógico es tomar como referencia, no los instantes de salida y ocaso del Sol, si no aquellos en los que se halla en lo más alto del horizonte de su día correspondiente. Este instante se denomina el de la culminación del Sol. El tiempo transcurrido entre dos culminaciones consecutivas es un día exacto y punto. Así se ha entendido durante siglos en la vida cotidiana.

¿Qué tiempo transcurre entre dos culminaciones consecutivas del Sol?. Pues 24 horas de las que señalan los relojes que usamos en la vida cotidiana. Esta es la respuesta que dará cualquier ciudadano corriente. Sin embargo, aquí ya hay un sutil pero evidente error. Si nos referimos al Sol real, es decir al que día tras día nos envía su luz; esto NO es cierto. En 24 horas de las que señalan los relojes que usamos en la vida cotidiana hay exactamente (24 x 60 x60); 86.400 segundos. Ni uno más ni uno menos. Por tanto, vistas así las cosas un día son exactamente 86.400 segundos. En consecuencia, entre dos pasos consecutivos del Sol por el meridiano de un lugar han de transcurrir exactamente 86.400 segundos. ¿Es así o no?. Pues NO. Los 86.400 segundos transcurren entre dos pasos consecutivos no del Sol real, si no de otro ficticio llamado Sol Medio. Esto se puede comprobar con un experimento muy simple.

Tracemos en el suelo o en una terraza una línea que siga al menos a grandes rasgos la dirección N-S. Luego comprobemos con nuestro reloj habitual a que hora las sombras se alinean en esa dirección. Anotaremos la hora, el minuto y si es posible el segundo. En general no será a las 12 en punto, ni a las 13 ni a las 14 horas si no en algún instante intermedio entre las horas señaladas. Si repetimos la operación en días sucesivos veremos cómo esa alineación de las sombras con la dirección N-S; ¡¡no se produce cada 24 horas¡¡. No hace falta hacer esas comprobaciones muchos días. En general con que se hagan dos días separados por algo más de una semana ya seguramente percibiremos; que el Sol no pasa por la vertical (no culmina) a intervalos de exactamente las 24 horas que señala nuestro reloj.

Este desfase entre el Sol real y el sol medio es perfectamente conocido por los aficionados a la Astronomía y al diseño de relojes de sol. Se conoce como la ecuación del tiempo. Es debida a que el Sol real no culmina día tras día a intervalos de exactamente 24 horas; si no con un atraso o un adelanto de hasta unos 30 segundos. Estos escasos segundos comparados con los 86.400 antes citados son tan insignificantes, que durante siglos debieron pasar inadvertidos incluso para los sabios; pero en el siglo XVIII ya se sabía al menos a nivel científico que esto es así.

En el siglo XIX por tanto y al menos a nivel científico (en la vida cotidiana no lo sé); ya se empezó a definir la duración de un día como el tiempo transcurrido entre dos culminaciones consecutivas del sol medio. Este tiempo es y en este caso ya sin matices, de exactamente 86.400 segundos de los que señalan los relojes que usamos en la vida cotidiana. No obstante, hay aún otra cuestión peliaguda que veremos a continuación.

JULIO VERNE

Una de las novelas más célebres de todos los tiempos la escribió a finales del siglo XIX, el francés Julio Verne. En ella se narra un viaje cuyo punto de partida estaba en Londres; donde debería finalizar antes de 80 días exactos. El viaje consistiría en dar la vuelta al Mundo y el protagonista de la novela (el Sr. F. Fogg); decidió dar esa vuelta a nuestro planeta avanzando hacia el Naciente. Esta novela titulada “La vuelta al Mundo en 80 días”; puso sobre el tapete el tema de la duración de un día. La gracia de la novela estriba en que al viajar hacia el Este y dar por completo la vuelta al Mundo se gana un día y por el contrario si se hace hacia el Oeste se pierde. El protagonista de la novela, no se percató de este detalle y este despiste casi le supone un serio disgusto. Su criado sin embargo y quizá por casualidad; si se dio cuenta a tiempo; lo cual y por un estrecho margen de sólo 3 segundos; permitió a su amo ganar una sustancial apuesta. Desde los años finales del siglo XIX a la actualidad han sido sin duda miles, quizá millones, los lectores que han leído la célebre novela y todos coinciden en que en efecto si se viaja hacia el Este dando la vuelta al Mundo como en la novela se gana un día.

Yo en el año 2.001 y con el objeto de escribir alguno de mis artículos de divulgación científica elemental; me puse a analizar el asunto y llegue a la conclusión ¡¡ de que no es cierto que se gana o pierde un día al dar la vuelta al Mundo¡¡. Lógicamente le di muchas vueltas al asunto, porque me parecía increíble que nadie se hubiese dado cuenta de que Julio Verne había basado la gracia de su novela en algo que ¡¡ no es cierto¡¡.

Así las cosas, tras consultarlo y debatirlo con otras muchas personas aficionadas como yo al análisis racional de nuestro Mundo, llegué a la conclusión de que lo más sensato para evitar confusiones es aclarar que un día es el período de tiempo transcurrido entre dos culminaciones del sol medio por el meridiano de un lugar o lo que es lo mismo 86.400 segundos; pero (aquí está el “gato encerrado”); esta definición sólo es válida si el que mide el tiempo no se está moviendo al Este o al Oeste. Es decir hay que matizar que el meridiano de referencia ha de ser siempre el mismo. Este matiz es esencial.

En el caso de la novela de J. Verne resulta que el viaje era hacia el Este y en consecuencia el tiempo transcurrido entre la culminación en un día cualquiera, del sol medio en Londres (su punto de partida) y el de la culminación del sol medio en el meridiano situado justamente 15º al Este del que pasa por Londres, pero al día siguiente; no son 86.400 segundos si no exactamente 3600 menos (es decir una hora).El meridano en cuestión (15º E),pasa por la República Checa y un viajero que salga de Londres justamente al media solar medio y al día siguiente se halle en la República Checa, cuando en esta sea el mediodía solar medio; dirá que lleva un día exacto viajando; lo cual sólo es cierto si NO tenemos en cuenta lo dicho respecto a que el meridiano de referencia ha de ser siempre el mismo.

Hay quien entiende que un día (aunque se esté viajando); es el intervalo de tiempo entre dos pasos consecutivos del sol medio por el meridano de referencia del lugar en el que se esté. En este caso SI es cierto que se gana un día viajando al Este y se pierde viajando al Oeste; pero en este caso estamos hablando de días que no tienen exactamente 86.400 segundos. Si por el contrario se define el día como un tiempo de exactamente 86.400 segundo no es cierto que se gane o se pierda día alguno por dar la vuelta al Mundo. El criado del Sr. Fogg en la novela, un personaje llamado Picaporte llevaba consigo un reloj que en todo momento señalaba la hora de Londres. Si el Sr. Fogg hubiese estado atento a esto no hubiese estado a punto de perder su apuesta; pero el Sr. Fogg se iba fijando en la hora que correspondía a los diferentes países que cruzaba y de este modo inconscientemente daba por hecho que un día es el tiempo transcurrido entre dos culminaciones del sol medio por el meridiano local o por el meridano de referencia de esos países. De este modo estaba llamando día a un período de tiempo inferior a los 86.400 segundos.

La pregunta que hay que hacer es pues la siguiente: ¿Es cierto que se gana o se pierde un día al dar la vuelta al Mundo?. Pues si y no; según se mire. La respuesta es SI; cuando damos por hecho que un día es el tiempo transcurrido entre dos culminaciones del sol medio tal y como las puede contemplar el viajero. Pero en este caso no estamos hablando de períodos de tiempo de 86.400 segundos trascurridos en el viaje. En este caso Julio Verne estuvo acertado al señalar que el Sr. Fogg ganó un día en su viaje. Mientras que para sus colegas que se quedaron en Londres pasaron 79 días para el Sr. Fogg habían pasado ya 80.

Sin embargo si por día entendemos un período de tiempo de 86.400 segundos, entonces el novelista (Julio Verne); tuvo un pequeño despiste, pues en este caso ni se gana ni se pierde día alguno; aunque eso si en este caso el principio y fin de los sucesivos días del viaje; no ha de estar marcado por el Sol; sea el real o el sol medio; si no por las indicaciones del reloj de bolsillo como el que según la novela llevaba consigo el criado del Sr.Fogg. Se trata pues de una cuestión semántica (¿qué entendemos por día?); algo que según recuerdo señaló alguno de los individuos que intervinieron en la discusión (siempre cordial eso si); que a iniciativa mía se mantuvo en las páginas de una revista denominada “Analema” dedicada al tema de los relojes de sol.

Como ilustración adjunto una imagen tomada de la Red (wikipedia);en la que se hace alusión a la célebre novela de Julio Verne y al fantástico viaje descrito en ella.

Rogelio Meléndez Tercero

 

 

Caperucita Roja Lateral

 

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