Chema sarmientoLos Montes es un espléndido trabajo fin de carrera, con el que fue nominado al César en la categoría de mejor Documental, en 1983. Casi nada, que un alumno del IDHEC -donde estudiaran grandes del cine, hoy conocida como la Escuela de Cine Femis-, y encima berciano, fuera nominado a estos premios equivalentes a nuestros Goya. Por otro lado, obtuvo varios premios en festivales como el de Bilbao, Belfort, Tours o Lille.

Más que un documental al uso, se trata de un mediometraje entre la ficción y la realidad, filmado en un pueblo perdido, y casi abandonado, del Bierzo Alto, en los confines de la provincia de León. Un pueblo, Los  Montes, situado en la ladera del mítico pico Catoute que ha vuelto a renacer, sobre todo en romerías veraniegas, después de tantos años deshabitado.

Lo que nos cuenta Chema Sarmiento en esta cinta es precisamente el velorio o velatorio de uno de sus escasos habitantes, un viejecito que se muere y es velado por seis mujeres, también entradas en años. Un velorio que, por lo demás, me hace recordar al esperpéntico y socarrón Valle-Inclán, tan emparentado con nuestra tierriña galaico-leonesa.

Confiesa el director, nacido en Albares de la Ribera, que su propia experiencia "mortuoria", apenas nacido, le ha llevado a tener verdadera obsesión por la muerte desde guajín, algo que queda reflejado de un modo magistral en Los Montes.

Esta obra tiene gran valor porque, además, Chema Sarmiento la hace con un reparto actoral no profesional. Aunque el guión estaba escrito -aclara el realizador- no les di el texto porque tenía miedo de que se lo aprendieran de memoria y luego sonara a lección recitada de carretilla. En los ensayos -añade  Sarmiento- los actores (mejor dicho, actrices) lograron decir el texto a su manera, señal de que el rodaje se podía comenzar. Pura magia. 

Los Montes (estrenada en 1981) se adentra en las esencias rurales de  esta aldea perdida en las estribaciones del Catoute. Algunas secuencias  me hacen recordar Las Hurdes (Tierra sin pan), de Buñuel, aunque su director confiesa que cuando hizo esta obra no había visto el documental del genio de Calanda.

En todo caso, esta peli tiene un aura como de realismo poético en su composición, que logra cautivarnos comos espectadores.

Por su lado, Wólfram. La montaña negra (éste sí es un documental) data de 1992 y gira en torno a la fiebre de este preciado mineral en la Peña del Seo (el Bierzo), donde aflora por todos lados.

Este documental sobre la importancia del wólfram en la Segunda Guerra Mundial fue posible gracias a la ayuda que le concedió el Centre National du Cinéma para la escritura y desarrollo del guión, lo que le permitió a Chema -que vive en París desde hace años- regresar a su Bierzo natal para buscar a los testigos directos de los hechos que pensaba contar. El valor de este trabajo se debe, según su director, a la aportación dada por quienes vivieron estos hechos en el contexto de la Segunda Guerra Mundial en el Bierzo, donde los alemanes extrajeron este mineral que, en aleación con el acero, les permitió fabricar municiones y armas, lo que les procuró una superioridad evidente sobre sus rivales. Por desgracia, algún testimonio de primera mano se murió antes de ser filmado, no obstante, Chema logró reconstruir con actores una parte de los hechos que le había contado el tal Jesús Campos.

Wólfram se difundió a través del canal France 3. Y su versión española fue digitalizada en VideoMaster de Ponferrada con ocasión del Primer Festival de Cine de la ciudad, capital del Bierzo, incluyendo la voz en off del gran Pedro Trapiello.

Wólfram, por tanto, centra su interés en las repercusiones que ese momento histórico de los años 40 tuvo en el Bierzo, y en especial en la Peña del Seo (el Bierzo), montaña en que el wólfram afloraba por tierra, al menos durante los primeros años, lo que provocó cambios sustanciales en la vida de algunos. Resulta curioso y sorprendente que esta zona, junto a Ferradillo (la pequeña Rusia) sea, incluso en la actualidad, poco o nada conocida en el Bierzo.

No dejéis de ver estos trabajos de nuestro amigo y paisano Chema Sarmiento. Os encantarán.

Manuel Cuenya

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