María Blanco...de Losada. María Blanco, conocida en el pueblo de sus padres, como Mariló es una actriz de teatro, cine y televisión. A María Blanco la conozco desde hace años, aunque hace tiempo que nada sé de ella. Supongo que seguirá viviendo en París. Pero le he perdido, por desgracia, la pista a esta mujer elegante, guapetona, originaria o descendiente (no recuerdo bien) de la localidad berciana de Losada, perteneciente al Ayuntamiento de Bembibre.  
 

Es probable que pocos sepan (salvo sus parientes y amigos más cercanos) que María Blanco se ha subido a muchos escenarios y ha logrado trabajar con actores y actrices de la talla internacional de Alain Delon, Irene Papas o el español Juanjo Puigcorbé, entre otros y otras. 
 
Hija de emigrantes, allende los Pirineos, María Blanco eligió vivir en la capital francesa después de estudiar teatro y ballet en la ciudad suiza de Ginebra. No obstante, también se formó en el Conservatorio Nacional Superior de Arte Dramático de París. Ciudad ésta en la que quizá aún sea posible soñar. Ella, en cualquier caso, ha logrado que sus sueños se hagan realidad, al menos sus sueños como actriz. 
 
París es, sigue siendo, un escenario giratorio que permite al espectador contemplar todas las fases del conflicto, según nos cuenta Henry Miller en su   Trópico de Cáncer. Tuve la ocasión, allá por el año de 2001, de conversar con María Blanco en la llamada Ciudad de la Luz. Charlar con ella es una delicia porque te metes de lleno en el mundo del teatro, ese arte sublime que te invita a experimentar, como intérprete, una placentera sensación de desdoblamiento, cual si fueras un psicótico o un iluminado. O tal vez un niño o niña a quienes les apasiona jugar. El teatro te ayuda a entrar en trance. Y el cine también. Véase por ejemplo   La pasión de Juana de Arco, de Dreyer . Fijaos en la actriz Renée Jeanne Falconetti. Vaya estado de gracia, el suyo. Un prodigio. Será acaso la magia de la hipnosis. 
 
"El actor actúa, juega, bajo un estado casi hipnótico", me llegó a contar María Blanco. Al contármelo, se me erizaron todos los vellos del alma, se me puso la carne de pollo "rostizado" y me entraron ganas de salir a escena. Sentí como un escalofrío arrebatador. Lo cierto -o eso creo- es que los actores/actrices sólo deberían atreverse a "jugar" bajo la máscara del hipnotismo, porque en el fondo de sus esencias son mártires o santos laicos, dispuestos a dejar su piel (y su alma) en el escenario. Puro Grotowski. 
 
"Los actores -se atrevió a decir Artaud, que fue un visionario-  deben ser como mártires quemados vivos que  nos siguen haciendo señas desde   sus  hogueras". Y María Blanco, que en tiempos lucía un aspecto espléndido, aunque fuera una mártir en escena, ha actuado en varias obras teatrales, entre otras, en Le Misanthrope (de Molière), La prochaine fois je vous le chanterai o Une aspirine pour deux (de Woody Allen), dirigidas todas ellas por Francis Perrin. "Me encanta jugar", me decía María Blanco, a sabiendas de que "jouer" (jugar) es el verbo empleado en francés para representar. Salta a la vista que la interpretación es un juego, un juego muy hermoso en el que se arriesga el pellejo en cada función. Y María Blanco, como buena actriz, lo arriesga.
 
Aparte de su faceta teatral, está la televisiva y aun la cinematográfica. En cine la hemos podido ver, entre otros filmes,  en L'année du Capricorne, de Wey, y en Contrainte par corps (Acoso a una mujer), dirigida por Serge Leroy, con quien también ha trabajado en las series de TV, Le comissaire Maigret y Pause Café. 
 
Esperamos verte pronto, estimada María, a lo mejor este verano en Losada. 

*Actualmente, María Blanco está rodando  una serie muy popular para la Televisión Francesa.

Manuel Cuenya

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