José Luis Moreno-Ruiz ...y su Rosa de Sanatorio. Transcurrieron varios años sin saber nada de José Luis Moreno-Ruiz hasta que un buen día me dejó un mensaje en mi blog, en que me decía que me incluía en el suyo.

Posteriormente, me envío otro correo para avisarme de que había dado de baja su blog, y que abría otro espacio, Contradiarios Moreno-Ruiz: http://moreno-ruiz.blogspot.com/

Durante todo ese tiempo, en que le perdiera la pista, me preguntaba: ¿Qué será de Moreno-Ruiz? ¿Por qué barrios andará? Quizá se fue a vivir a Copenhague (ese lugar maravilloso), aunque me late –como diría un mexica- que sigue en los madriles. Bueno, a lo mejor vive en Santander, su ciudad natal, donde hace unos años puso una librería, tal como nos contara en su primer blog, que por cierto era pura dinamita. No dejaba títere con cabeza, algo que me entusiasma. Y ahora, en sus Contradiarios, sigue arreando estopa.

No me olvido, estimado José Luis, de tus programas ni de aquel texto que leíste en la radio hace ya un montón de años, a propósito de otro que te mandara con motivo de un concurso en el que cada participante debía elogiarse mucho a sí mismo en un ejercicio narcisista. No me olvido de tus palabras poéticas, radiofónicas, entre otras cosas porque las tengo registradas en algunas cintas, que conservo, naturalmente.

Qué tiempos aquellos, en los que escuchaba con devoción tu programa de radio, Rosa de Sanatorio, que tan buenos momentos me procurara. Entonces, yo era un jovencito con las ilusiones intactas, algo así “como un hijo clónico de un amigo tuyo de infancia, empollón él....”, como tú mismo me recordaste. Y tantas cosas que me sacudieron las entrañas y me hicieron reflexionar, lo cual te agradezco. Han transcurrido los años, bastantes por cierto, y he dejado de ser aquel jovencito y me he convertido en un descreído, pelín cínico, si bien tengo presente que uno debe estar siempre presto para la contienda, como tú mismo me sugeriste, con gran acierto.

De vez en cuando leo tus Contradiarios y le echo un ojo a algunos de tus libros como Intraliminal, ejercicios exudatorios para virofóbicas; Lentas nubes que dan sueño; Chochito periodista o Ángeles en mis cojones. Hace poco los leyó uno de mis sobrinos y se quedó literalmente flipado. Qué cojonudo, me dijo.

Y también recientemente me encontré con que César Cabezas, el coordinador de la Universidad de la Experiencia en el Campus de Ponferrada, cita tus Ángeles en uno de sus relatos, Jogging, incluido en su libro Ay Arturo, Arturo… Vaya sorpresa.


Todoterreno de las letras y músico

José Luis Moreno-Ruiz -a quien no debéis confundir, ay, con el señor de los muñecos -es periodista, escritor, editor, traductor, librero y músico, aunque hubiera preferido jugar en cualquiera de los puestos de la delantera del Fútbol Club Barcelona, aun chupando bastante banquillo, según relata en su breve biografía incluida en Contradiarios.

Ha colaborado, entre otros, con el leonés Felipe Zapico (cantante de Deicidas), en la presentación de su Litro de versos, y sobre todo con el músico Javier Corcobado (reseñado en este mismo diario digital), a quien vi en concierto hace unos años en León, en el Albéitar, y le pregunté por su colega. Y en tiempos, hace la friolera de veinte y pico años, Moreno-Ruiz presentaba un programa de radio, en Radio 3, bajo el título de Rosa de Sanatorio, que nos evoca la poesía sinestésica del gran Valle-Inclán. Valle, qué sugerente y lindo nombre. Un programa de gran envergadura literaria y musical, que me reveló a grandes, tanto de un arte como del otro: Philip Glass, Klaus Nomi, Carles Santos, César Vallejo y tantos otros.

Su programa comenzaba con el poema Rosa de Sanatorio, de Valle-Inclán: Cubista, futurista y estridente... puesto en boca de su hija, que a estas alturas ya será toda una mocina. Aquel mítico programa de radio, a altas horas de la madrugada, me hizo soñar e imaginar otros mundos posibles, musicales, estimulantes, cuando la noche se vuelve instructora en la intimidad de la lírica. Aquel programa, que aún hoy recuerdo con mucho cariño, fue como fogonazo de placer e inspiración en mi época de estudiante universitario en Oviedo, y me entrenó en el manejo de las letras, porque me invitó a escribir algunos poemas y textos, entre otros Esa señora metafísica -que resultó premiado-, Jerarquía celeste o En memoria del hidalgo Don Quijote de la Mancha, que luego leería José Luis en sus programas de radio. En algún momento daré cuenta de ellos en este diario.

A José Luis Moreno-Ruiz tuve la ocasión de conocerlo en Madrid, allá por el año de 1996. En aquella época él trabajaba como redactor para la revista Interviú, y yo acababa de aterrizar en España, después de una estancia sabrosona en Méjico lindo y chingado. El propio José Luis me contaba que sus padres también habían emigrado al país de los aztecas, siendo él un chavalín. Comimos y charlamos acerca de lo humano y lo divino, y nunca más volvimos a vernos, aunque hablamos por teléfono alguna vez, luego de este encuentro.

Hay días en los que uno tiene la fortuna de tropezarme con el destino, suponiendo que el destino exista, que es mucho suponer. Hace algunos años, visitando la feria del libro antiguo de Ponferrada, me topé con un libro, que ni por asomo se me hubiera ocurrido encontrar. Era Intraliminal, ejercicios exudatorios para virofóbicas, que ahora tengo a mano.

Como toda la literatura de Moreno-Ruiz, este libro tampoco está hecho para satisfacer a aquellos espíritus que creen en las “ofertas culturales” del poder, ese monstruo caníbal que no se harta de roernos los güevos, porque “la cultura es cosa despreciable (y realmente lo es tal y como se aborda desde los medios), de poca importancia, un relleno de páginas que bien viene...”.

Intraliminal es un libro lleno de citas literarias que “arrehostia” con mordacidad contra el sistema imperante, y se siente deudor de la literatura de Oliverio Girondo, Artaud, Bataille o Luis Buñuel. Como dijera Borges, el pensamiento es un sistema de citas.

Sigo recordando aquel poema de Luis Buñuel, dedicado a las hostias consagradas, que leyera Moreno-Ruiz en su programa de radio. Aquel poema, puesto en boca de su hija, le proporcionó buenos quebraderos de cabeza. Fue denunciado por la madre de su hija, que curiosamente es de Ponferrada, según me dijera José Luis -qué coincidencias de la vida-, y el juez lo empapeló. No conviene andarse peleando con la justicia, porque al final se acaba perdiendo, sobre todo si uno se dedica a cosas tan así como la literatura y la radio.

Aunque sé que Ponferrada no te entusiasmaba, porque te acarreaba continuos y ruinosos viajes para ver a tu hija, si alguna vez te pasas por la capital del Bierzo, antaño ciudad pimentera y hoy ciudad de la energía, aquí tienes tu casa, querido amigo y maestro.

Al final, va a resultar que Ponferrada es más conocida de lo que uno creía, porque también tu colega de batallas radiofónicas en Radio 3, Luz Elez, que presentaba Caminando sobre la luna, estuvo en la capital del Bierzo.

Manuel Cuenya

Comentarios  

0 #1 ... 14-11-2011 12:53
Grande (los dos) amigo Manuel

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