Trapielo, Laura y Cuenya

El martes de Carnaval nos visitó, en la villa del Benevivere, Pedro Trapiello, veterano periodista y escritor de Manzaneda de Torío (León), comentarista de radio (en su día, incluso hoy, medio a través del cual uno podía enriquecer su lenguaje), voz poderosa (véase y escúchese el magnífico documental Wolfram, del cineasta berciano Chema Sarmiento), actor en la mítica película El Filandón (que al director Juan Antonio Bardem le gustó mucho en su día), buen conocedor de la provincia leonesa, de "costa" a "costa" y de río a río -no en vano Pedro es un apasionado de los ríos y de la pesca a chapuzo y ha escrito mucho y bien del tema-. Buen conocedor no sólo de su paisaje, cuya naturaleza reconoce como sugerente aunque muy castigada, sino de su paisanaje y de su forma de hablar, porque Pedro conoce como nadie el lenguaje de sus paisanos, y lo aplica con divertimento y sapiencia en sus artículos en Diario de León, bajo el epígrafe de Cornada de lobo (título que me hace recordar, dicho sea de corrido, a las 120 jornadas -cornadas- de Sodoma en todo el ADN del alma).

Agradezco, con sinceridad, que Trapiello me tenga en tan buena consideración y estima, y además haya escrito sobre nuestra revista La Curuja (La coruja purre y Escuernacruces, dos artículos que hemos recogido en diferentes ediciones de esta revistina nocedense: http://www.nocedadelbierzo.com/lacuruja.html).

El leonés es, según Trapiello, "plural" pero lo malo es que siempre está tras la sebe achusmando y esperando a que el vecino se caiga, o bien dispuesto a ponerle la zancadilla. "Arímate pallá rapaz" es propio de León, aunque se me antoja que tambén lo es del resto del orbe, porque nos resulta difícil entender al otro/a, algo que por lo demás conocen (o deberían conocer) bien los budistas, capaces, en principio, de comprender la alteridad (en el sentido filosófico que emplea Lévinas). En el fondo, también creo que esto está en la esencia del cristianismo: amar al prójimo como a uno mismo, pero nadie o casi nadie lo practica. Así, casi sin quererlo, me ha salido la vena crística, qué cosas.

Pues bien, Pedro Trapiello vino ayer a Bembibre a impartir esta charla sobre la literatura en España (con un apartado especial para la literatura leonesa) en su relación con la prensa escrita. Y comenzó, como no podía ser de otro modo, con el gran Larra (quien por cierto fue una de mis primeras lecturas serias, cuando tenía unos once años; recuerdo aquellos sus artículos de costumbres con devoción, y en especial la Nochebuena de 1836, que me dejó marcado. Un Larra que se me antoja filosófico y muy vigente incluso hoy en día, algo que nos recordó Trapiello, quien finalizó su amena, instructiva y divertida charla leyéndonos Día de difuntos de 1836 (no tiene desperdicio su lectura y aun relectura, pues nos devuelve a nuestra España podrida, a ese cementerio en el que yace la esperanza, la esperanza enterrada de millones de españoles y españolas de hoy, que sufren las inclemencias de los desahucios, el paro "bubónico", la corruptela al por mayor...).

 De Larra pasó a Bécquer, que también tuvo presencia en la prensa de la época, y continuó con Ganivet, Gabriel Miró, Clarín, etc. (en esta época se populariza la escritura a través de los periódicos, habida cuenta de que incluso a finales del XIX el analfabetismo alcanzaba al 70% de la población) hasta desembocar en Unamuno (que hizo un periodismo literario compromentido con la sociedad) en el contexto de una España en desastre, año de 1898, a resultas de tantas pérdidas -entre ellas la pérdida de la imagen internacional de "esta piel de toro o vaca machorra tendida al sol y bocabajo", esto lo digo yo de mi puño y letra-, Azorín (cuya prosa está muy depurada, hay en su escritura una condensación, propia de los columnistas de la actualidad). Buena literatura periodística se hacía en El Imparcial y en El Sol. Una referencia también especial le dedicó a Ortega y Gasset (que se presentó como diputado en la provincia leonesa, en concreto en Valderas), y cuyos artículos resultan hoy fascinantes, muy reveladores. Por mi parte, recomiendo la lectura y relectura de La España Invertebrada, para entender este país de paisitos.

También hizo mención, de pasada, a Pérez de Ayala, Fernández Flórez, Pemán, entre otros, hasta llegar a los pesos pesados como Delibes (el cual llegó incluso a ser Director de El Norte de Castilla), Sánchez Mazas (sobre quien se habla en Soldados de Salamina, de Cercas) y Sánchez Ferlosio (su hijo, y para mí uno de los más grandes como novelista y articulista), Cela, Torrente Ballester y Martín Gaite (quienes también tuvieron gran presencia en la prensa como articulistas) o Cunqueiro (un gallego que todo leonés-berciano debiera conocer a fondo).

Contaba Trapiello que lo entrevistó en el 1973 en el Hostal de San Marcos en León, y que después de lo que le contara el enorme Cunqueiro, que sabía de todo, Pedro llegó a la conclusión de que la queimada no la pudo inventar un gallego, y que es más propio de un leonés, porque a quién podría ocurrírsele quemar el orujo.

En la charla de Trapiello también aparecieron los nombres de Eduardo Mendoza y Juan Benet (por cierto, este último muy ligado a León, pues era ingeniero y estuvo en los pantanos del Porma y Bárcena), incluso hizo un alto para traer a mientes a dos de los más grandes, ambos premio Nobel, como Márquez y Vargas Llosa (con una presencia colosal en la prensa escrita). Y hasta citó el caso del estadounidense Ambrose Bierce (Bitter Bierce) y su Diccionario del diablo (una auténtica maravilla, cuyas definiciones de las palabras que recoge, cerca de 1000, resultan fascinantes, divertidas, muy vigentes hoy en día). Este humorístico autor (nuestro José Luis Coll quiso parecerse a él) merecería una reseña. El escritor Carlos Fuentes le dedica su novela Gringo Viejo, porque el corrosivo y lúcido Bierce cruzó la frontera, El Paso, se unió al ejército de Pancho Villa y desapareció en México. Estas fueron al parecer sus últimas palabras por escrito: "Ser un gringo en México. ¡Ah, eso sí es eutanasia!".

 De Bierce Trapiello pasó a los Umbral (al que creo que se le ha leído poco y mal en libro, no así en prensa), Vázquez Montalbán, Haro Tecglen, o Alvite (otro grande estre los grandes, tanto para Trapiello como para uno mismo). Devoción siento por la literatura surgida de la inconfundible y potente voz de Al en La voz de Galicia, Diario de León -cuando éste pertenecía a La Voz-, Diario 16, y ahora La Razón, con su columna diaria, "Aspero y sentimental").

Un santiagués, Alvite, que no deja indiferente a nadie con su prosa brutal y lírica, hermosa y demoledora.

Otro gallego reseñable es Manuel Rivas, aunque en los últimos tiempos predomina más su compromiso político que el propiamente literario, según Trapiello.

Antes de finalizar con los literatos leoneses con presencia regular en prensa escrita, el autor de El Chivo Explicatorio (una estupenda selección de artículos) dio un repaso a los autores que le parecían más relevantes en el ámbito periodístico nacional: Raúl del Pozo (el delfín de Umbral, que se veía a la legua que acabaría ocupando el espacio del autor de Mortal y rosa y Las ninfas), Manuel Jabois, David Gistau o Arcadi Espada en El Mundo; David Trueba, Millás, Vicent, Maruja Torres, Rosa Montero (que se quedó prendada de los Ancares leoneses en una visita a nuestra tierra) en El País.

Otros como Jaime (ya fallecido) y Laura Campmany (hija de Jaime, y tan buena como su padre, asociados al ABC), Antonio Gala (tanto en El País como en El Mundo...), Pérez Reverte, Quim Monzó (La Vanguardia)... Apuntando hacia extraordinarios blogs, como es el caso del novelista catalán Félix de Azúa.
 
Respecto a los leoneses, con verdadera presencia en la prensa escrita, "en este/aquel León curángano, levítico y militarote", el autor de la Ciudad de sotas, caballos y reyes señaló al maestro Crémer, al que nunca se le consideró como se debiera, capaz de escribir cerca de veinte columnas por adelantado antes de morir con 103 años, a Julio Llamazares (vinculado sobre todo a El País, o sea al grupo Prisa), Jesús Fernández Santos (muy desconocido en su/nuestra tierra leonesa), Panero, De Nora, incluso Chencho, y por supuesto Andrés Trapiello (otro grande de las letras, esto lo digo yo mismo)... porque Pereira ("el escritor que mejor hablaba de España", doy fe de ello) no tuvo una presencia regular en la prensa y sus textos no eran precisamente periodísticos, de actualidad, aunque sí muy literarios.

Recuerdo aquellos filandones que montaba el entrañable Justo Fernández Oblanca en la Fac de Educación de la ULE. Daba un gusto enorme escuchar al grandísimo Pereira, Antonio. Más el autor de Las peras de Dios no fue muy periodístico.

Trapiello también tuvo palabras para el fallecido José Luis Gutiérrez, El Guti, que firmaba como Erasmo (Erasmo es precisamente un libro suyo, con prólogo de Eugenio Trías, que nos abandonó hace tan solo unos días). Erasmo era natural de Busdongo, "o de Pajares" (depende de cómo se quiera mirar) y exdirector de Diario 16. Fue columnista y comentarista en ABC y en las cadenas como la Cope y Onda Cero, así como en Antena 3 de TV y Telemadrid.

Trapiello quiso recordar asimismo, como leonés ilustre, a Feliciano Fidalgo, con aquellas su crónicas desde París.  Feliciano era natural de Trémor, o sea un berciano de tierra minera, que viajó a la capital francesa a finales de los 50 para encontrarse con Beckectt, el autor de Esperando a Godot.

Feliciano Fidalgo también ameritaría él solito de una buena reseña.  

Después de este excelente repaso por los mejores, Trapiello puso el broche con la lectura de El Día de difuntos de 1836, de Larra.

Hasta la próxima Tarde Literaria con Valentín Carrera.  

Manuel Cuenya

Ajedrez - Encuentra la mejor jugada

Sudoku para todos

 

eldespertador