Acaba de llegar a mis manos, de las manos amigas de una amiga entrañable, un libro que me ha hechizado. Se trata de Valor y memoria. Homenaje a Encina Cendón (1960-2011). Todo un descubrimiento porque no tenía ni idea -lo reconozco- de la existencia de esta gran mujer, dedicada en cuerpo y alma a la memoria histórica. Presidenta que lo fuera de la Asociación de Estudios sobre la Represión en León (AERLE). Y por ende una de las pioneras y socia fundadora de la Asociación por la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH). Aerle comenzó su andadura de la mano de Encina Cendón y otra persona singular, Joaquín González Vecín (a quien tampoco tuve el placer de conocer, aunque sí conozco a su viuda María José).

Encina era -qué pena que nos abandonara en el 2011, con tan sólo 51 años- de Bembibre, casi vecina, en realidad paisana del Alto Bierzo. Pero nunca tuve el gusto de coincidir con ella. Es más, ni siquiera recuerdo haberla visto por las calles de la villa del Boeza.

El libro, Valor y memoria, editado por el amigo y colega Eduardo Aguirre, recoge el recuerdo afectuoso de Javier Alfonso Cendón, el hijo de Encina, y textos y poemas de grandes de la literatura leonesa, como son los casos de Antonio Gamoneda, que abre el libro con su poema Una sonrisa necesaria ("Encina: / Tú vives en nosotros, tú recuerdas/ un pasado mortal, pero tú enciendes,/ cada día, la luz de la esperanza") y se cierra con un texto de Julio Llamazares, Reivindicar la dignidad, cuyo título es en verdad explícito ("Hay personas que viven muchos años y se van de este mundo sin dejar apenas huella. Hay otras, sin embargo, que, aún viviendo pocos años, dejan detrás de sí una estela que tarda en desaparecer y no sólo entre sus amigos y familiares más próximos").

Además de Gamoneda y Llamazares, que rinden justo tributo a Encina Cendón, y sin menospreciar a tantos cuantos colaboran con sus palabras en este libro, destacaría el texto introductorio de Javier Alfonso Cendón (Encina, mi madre...) y los de Claudio Fernández Cendón (su primo), Toño Morala, Pedro Trapiello, Ramiro Pinto, Secundino Serrano, Martínez Reñones, Luis Miguel Rabanal, Héctor Escobar, Alfonso García, Rogelio Blanco o el propio editor y autor Eduardo Aguirre. Hasta 40 semblanzas para el recuerdo. El recuerdo de Encina Cendón (Cini, le decían algunos de sus allegados y familiares) bien se merece esta y aun muchas reseñas más.

No llegué a conocer a Encina Cendón, como ya señalé, pero sí conozco a sus padres, sobre todo a su padre, al que recuerdo como vendedor ambulante por los pueblos del Bierzo Alto. Me acuerdo, como si fuera hoy, ver a su padre, Isidoro, en Noceda del Bierzo, incluso en la calle La parada, la parada de mis sueños, ensueños e ilusiones, la calle de mi infancia y juventud, mi espacio afectivo, uterino, esencial.
A sus padres, a Encina (donde quiera que se encuentre, pues su espíritu sigue vivo entre nosotros) les dedico mis humildes palabras. Seguiremos luchando por un mundo más justo y menos miserable, por la igualdad de derechos, por la dignidad humana, por la libertad, por todas las causas nobles.

Manuel Cuenya

Comentarios  

0 #1 Necesitamos más gente como ellaArancha 22-04-2013 15:18
Encina fue una gran mujer que como todos los grandes se fue demasiado pronto.

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