Portada del viaje interior por la provincia del BierzoEl último libro de Valentín Carrera por la "provincia del Bierzo" es un poliedro inacabable, al que volveremos, como bercianos, una y otra vez. Y que seguiremos recorriendo, como el autor y sus andarines, a pie, en globo, en tren, a caballo, en bicicleta, en barca... siempre con imaginación y entusiasmo. El propio autor nos asegura que su libro es una crónica íntima del Bierzo, escrita por un periodista berciano, que se siente más berciano cuanto más lejos está de su tierra, porque el Bierzo lo ha acompañado a lo largo de toda su vida allá donde ha ido, incluso a los lugares más remotos. A menudo uno siente más y mejor su terruño cuanto más lejos se encuentra de éste, quizá porque la distancia física nos permite analizar y sentir la realidad de un modo más intenso. Se trata éste de un viaje o mirada interior -en realidad son muchos viajes y miradas-, realizado en verano de 2008 en treinta jornadas. Un viaje de ida y vuelta, como debe ser, para dar cuenta, en un progressus y regressus dialécticos, de la realidad, de lo local a lo global, y de lo global a lo local (glocal), una radiografía humana, ecológica, paisajística y cultural de nuestra comarca en el siglo XXI, donde nos vamos encontrando con nuestro pasado y por supuesto con nuestro presente: jipis, ermitaños, mineros, monjas, poetas, políticos como Carmen (Rula) o Riesco, profesores, filósofos, pintores, osos, urogallos, chimeneas, molinos de viento, fuentes, minas... Una verdad subjetiva, en definitiva, que está ilustrada con las magníficas fotos de Anxo Cabada, uno de los compañeros de viaje de Carrera, y a quien descubrimos hace ya veinte años en El Viaje del Vierzo, que fue todo un éxito, y un libro de cabecera. Este último libro de Valentín, Viaje interior por la provincia del Bierzo, http://www.elviajedelvierzo.com/ está acompañado por un largometraje documental, herramienta eficaz de comunicación, junto con la web señalada, para las nuevas generaciones algo alérgicas a la lectura.
 
El verdadero viaje, dice Carrera, es una profunda revolución personal, un aprendizaje, un despertar de los sentidos y de las potencias del alma. Los propósitos de este libro, asegura el autor en el prólogo (El ADN del Bierzo), son tres, a saber, la incesante búsqueda de sus raíces, el reconocimiento de quienes fueron sus maestros, y la voluntad de dar ejemplo a sus hijas, Sandra y Alicia.
 

En este libro, tan personal y atrevido, Carrera se propone la tarea de desmontar estereotipos históricos, religiosos, sexuales, tan arraigados y cargados de mentiras.
 
Entre sus maestros, Valentín nos redescubre a Gil y Carrasco y a Ramón Carnicer (como maestros del viaje interior), así como a Julio Verne, y nos cuenta las apasionadas relaciones entre el villafranquino, autor de El señor de Bembibre, y el aventurero y diplomático Humboldt; la mágica noche de San Juan de La Mata, la historia de la Tebaida del Oza y su paralelismo con la Tebaida del Nilo (una alianza de civilizaciones entre Oriente y Occidente), la Ciudad de los Muertos, en el Cairo, como la Tebaida del siglo XXI; la monja Egeria o Eteria como la primera escritora viajera de la historia berciana; la vida de Prisciliano y su paralelismo con el apóstol Santiago. Asimismo, nos da cuenta de los cambios que ha vivido el Bierzo en estos últimos veinte años, si bien hay cosas que siguen igual, en un estado lamentable de abandono, como la herrería de Compludo o el pueblo de El Acebo, otras, en cambio, como la Cruz de Ferro, han sido renovadas, aunque ésta última parezca un retablo de Almodóvar.
 
Carrera dedica algún capítulo (Bierzo Aire Limpio), a poner en evidencia que en el Bierzo (País de los humos y las chimeneas) no sólo hemos sufrido y soportado la contaminación de ENDESA, la MSP o Cosmos, sino que ahora nos clavan aerogeneradores  o “esperpentos valleinclanescos” en cualquier lugar. Y de este modo vemos  El Redondal como “Gólgota de cruces blancas”. Por su parte, la familia Arco Iris, una comuna de jóvenes procedentes en un principio de Copenhague -que también estuvo en el origen de Greenpeace- sigue viviendo a su aire, en Matavenero, en armonía con la naturaleza, como hippies en una nueva Tebaida. Carrera también dedica un apartado cariñoso a los cabobercianos,  nuestros hermanos descencientes de Cabo Verde, de quienes dice que se han integrado con facilidad en nuestra comarca. También hace un repaso por algunas de nuestras fiestas y tradiciones, como la Salida del santo Ecce Homo en Bembibre, cual si estuviéramos visionando una peli de Fellini, los estragos humanos y sociales que ha causado la minería en la población berciana, como nos muestra, por lo demás, Folgado en su documental Paisajes interiores, algunas historias de brujas y ovnis, propias de nuestra idiosincrasia galaico-leonesa, su aventura en el último tren a vapor de Europa, entre Ponferrada y Villablino; sus andanzas por la Campa de Santiago, Salentinos, el valle del Catoute, Salientes y el Alto Sil, donde canta el urogallo y campa el oso. Espacios que, por sus características, deberían estar declarados como protegidos o reservas naturales. Incluso dedica unas palabras de afecto para la herradura del Furi (Furil) y el Colectivo La Iguiada de Noceda. Los últimos capítulos de este libro imprescindible, sobre todo para quienes quieran conocer a fondo el Bierzo, están dedicados al vino berciano, el de antes y el de ahora, al universo Prada (A Tope), al lago de Carucedo y Las Médulas, al último barquero del Sil, al alcalde rockero de Oencia (estrafalario y caciquil, nos dice el autor), a su paso por Cabañas Raras y su aventura en balsa (jangada) río Sil abajo, así como a la memoria... y el olvido: a las fosas comunes, tan presentes en nuestra tierra, a Los girasoles ciegos (impresionante),  su regreso al valle de Fornela, su reencuentro con los Ancares, como paraíso de los castaños, y con Santi Pajarito, el fotógrafo errante, su evocación de Carmela Nieto (a quien conocí como alumna de la Universidad de la Experiencia) así como  las historias de Álvaro Yáñez y el Conde de Lemos en Cornatel, su infancia y adolescencia en la ciudad de la niebla, ahora convertida en ciudad de película (Ponferrada), su paso por el Instituto Gil y Carrasco, su reivindicación del filósofo Aniceto Núñez, el Sócrates berciano, y el recuerdo afectuoso del escritor y maestro Antonio Pereira. Un libro que engancha por sus reflexiones y resulta ameno en su lectura, visualmente muy atractivo. No dejéis de leerlo, os gustará.
Manuel Cuenya

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