Portada del disco Vinagre y rosas, de Joaquín SabinaEste disco rompe casi un lustro de silencio sin nuevas canciones de Joaquín Sabina, desde que en 2005 publicara “Alivio de Luto”.  Y mereció la pena esperar para poder reencontrarnos con el Sabina más auténtico, el de siempre, aunque el disco, siendo un buen disco, no pueda considerarse una obra maestra ni mucho menos su mejor obra.

“Vinagre y rosas” se ha publicado en CD estándar y en edición libro-CD con dibujos y textos de Sabina, donde reconoce que “19 días y 500 noches” ha sido sin duda su mejor disco. Desde entonces no había vuelto a quedar tan satisfecho con el resultado de una grabación.

Para esta ocasión contó con la colaboración de Pancho Varona, Antonio García de Diego, el poeta Luis García Montero y Benjamín Prado. Además  del dúo Pereza, que participa en dos temas, “Tiramisú de limón” y “Embustera”, los dos momentos más brillantes del disco, para los que han compuesto la música además de tocar casi todos los instrumentos.

Como Sabina está viviendo un momento dulce a nivel personal, que según dice, no es un estado apropiado para el tipo de canciones que compone, le propuso a su amigo Benjamín Prado, recién salido de una ruptura sentimental, trasladarse juntos a Praga para escribir, codo con codo, las letras del nuevo disco. "Hicimos ese viaje porque él estaba saliendo de un desamor y aproveché de verlo tan desvalido para robarle la inspiración"

Benjamín Prado dice que lo más bonito del proceso creativo que los mantuvo siete semanas en Praga, es que las canciones están peleadas hasta la última coma, hechas juntos, físicamente sentados en un proceso de simbiosis casi total. “Hoy en día es difícil decir si un verso es suyo o mío”.

Al mismo tiempo que se ha publicado “Vinagre y rosas”, también se ha presentado el libro “Romper una canción”, de ediciones Aguilar, en el que Benjamín Prado desgrana cómo fue el proceso creativo durante esas semanas en Praga.

En una entrevista concedida a un diario chileno, Sabina dice “Llegué a los cincuenta y pocos con esta especie de juventud prolongada hasta el extremo y luego levanté el pie del acelerador porque no quería ser un cantante muerto". "La vida ahora no es tan nocturna, ni tan intensa, ni tan alcohólica, ni tan adictiva, pero disfruto de placeres como irse de gira durante un año y enfrentarse a muchos públicos, algunas fiestas después de los conciertos y visitar amigos".

¿Nos encontramos entonces con un nuevo Joaquín Sabina? La respuesta es no. Sabina nunca se ha desprendido de sus ideales ni de sus sueños, como él dice, “simplemente han dejado de darse contra la pared”.

“Vinagre y rosas” es un buen disco, el mejor de los últimos años, aunque no sea una obra maestra.

  John Elliott

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