Me alegra saber que una gran parte del público asistente a la función del pasado martes 5 de junio en la Casa de la Cultura de Ponferrada me ha expresado sus buenos sentimientos acerca de La pesadilla de un seductor, una comedia que he escrito y dirigido con placer para los alumnos y alumnas (son predominantes) de la Universidad de la Experiencia del Campus de Ponferrada (ULE), sin los cuales -es obvio- no hubiera sido posible esta representación. La verdad es que estuvieron colosales, incluso mejor que en el penúltimo ensayo. Uno siempre tiembla ante la posibilidad de que se queden en blanco, habida cuenta de que son personas con cierta edad, y la memoria no siempre funciona como debiera. La memoria, ay, esa caja de resonancia. Y qué me decís de su pérdida. Sin memoria, uno deja de estar y sobre todo deja de ser.

Ahora me doy cuenta (en realidad, ya lo sabía) de los beneficios que procura hacer teatro, arte magnífico, entre otros porque mejora la memoria, al menos la llamada memoria semántica, y aun la memoria espacial, visual y afectiva. Qué maravilla. Me entusiasma el teatro, como espectador, como posible actor y por supuesto como autor y director.

No resulta fácil hacer reír, sobre todo en estos tiempos hechos de miseria moral, espiritual, con el ambiente crispado a resultas de la crisis financiera, global. Sin embargo, la gente que asistió a ver esta obrita, salió (al parecer) contenta con los resultados, lo cual que a uno lo colma de felicidad. Tras una aparente sencillez, a menudo se esconde un trabajo enorme. Al final, de lo que se trata (creo) es de hacer que las cosas parezcan sencillas, divertidas, como si surgieran de la espontaneidad. No siempre se consigue pero este es el deseo, al menos el mío. Parecer o mejor dicho ser natural, hablar desde el corazón o el alma, entregarse con devoción, dejarse el pellejo en lo que se hace, sólo así puede conseguirse algo que merezca la pena.

Lo único a lo que uno aspira, en este mundo cada vez más convulso y terrorífico, es alcanzar la serenidad, la paz, tal vez la felicidad, aunque ésta esté reñida nomás con la libertad (ideal que a uno le obsesiona, qué le vamos a hacer). Pero centrémonos en La pesadilla de un seductor, título que evoca cómo no a Woody Allen (uno de mis maestros, o por tal lo tengo), y que versa sobre un viejo ensoñador (o ensoñador viejo), llamado Valentino, que pretende ligar con una rapacina algo alocada y rebelde (la Yeni), la cual tiene una  madre autoritaria (Esperanza), y unas amiguitas simpáticas, incluso atrevidas (la Puri, la Miri y la Lisi).

Al final, el viejo seductor siente remordimientos por lo que le está haciendo a su mujer (Socorro), la cual busca consuelo en un soltero y ex emigrante (Paco, el señor del periódico)… pero ya es demasiado tarde para arrepentimientos.

Un coro, que es como la voz de la conciencia o subconsciencia castradora del prota, le recuerda que no está bien lo que hace (… Ay de ti, ay de ti, infeliz, cuando se entere tu mujer). Por lo demás, hacen su aparición unas cotillonas, bien chismositas, que se encargan de verdulear y poner a parir tanto a la Yeni como al viejo camelador, que en el fondo es un carca, un acojonado, que va por ahí fardando con las "pollitas" o "pocholinas", como bien le recuerda la Yeni (una chica joven, guapa, con un piercing en la nariz, que está todo el día colgada al móvil, mascando chicle, y a quien le gustan los chicos, y también las chicas de su edad).

Esta obra está ambientada en la época actual, en concreto en el parque y la terraza del bar del Plantío de la ciudad de Ponferrada. De ahí que también veamos a un camarero con cierta retranca y ademanes amanerados.

En realidad, esta comedia refleja el paso del tiempo de una época conservadora a otra más liberal, y aun a un tiempo que se perfila como catastrófico, lo que nos anuncia la moza de ánimas, ataviada de negro riguroso, calzada con madreñas, sonando una campanilla, un personaje como salido del más allá, que nos hace recordar el Apocalipsis mundial.
Este grupo de alumnos y alumnas, con la incorporación de algunos "fichajes" cada temporada o curso, se está convirtiendo, después de varios años, en una compañía con solvencia en el escenario, a pesar de su edad, acaso porque se entregan en cuerpo y alma. No en vano, en el año de 2010 fuimos seleccionados en el I Certamen Nacional de Teatro dirigido a grupos pertenecientes a Programas Universitarios para Mayores. Y estuvimos concursando en la ciudad de Alicante, con excelentes resultados. Aparte de El velorio, que fue/es una reescritura y reinterpretación, quizá libres y hasta libérrimas, de Rosa de papel, de Valle-Inclán, también hemos puesto en escena obras como Una familia berciana, La clase chiflada y Parados en el olvido (obras de creación propia) o Pilarín y sus seres queridos (inspirada en la obra de Mihura, Maribel y su extraña familia).

Manuel Cuenya

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