En la versión de Cavestany, Macbeth no quiere ser rey, sino presidente de la Xunta. Su fortaleza en Inverness es un pazo, el castillo de Dunsinane es el palacio de Raxoi y el bosque de Brinam que tiene vida propia para cumplir la profecía de las brujas es la carballeda de San Xusto. Los Macbeth son Los Mácbez y dicen “carallo”. Y las brujas son meigas.

Juan Cavestany, premio Max al mejor autor en castellano por Urtain, firma esta adaptación de la tragedia shakesperiana, dirigida por Andrés Lima (alma mater de Animalario), que lleva al despiadado matrimonio de Shakespeare, extraordinariamente interpretado por Javier Gutiérrez y Carmen Machi, a la Galicia actual y el mundo mítico de las meigas.

"Acercamos Macbeth a nuestra tierra y costumbres para ver con claridad cómo el deseo de poder y la superstición siguen siendo motores en el ser humano, cómo la codicia, la violencia y la falta de escrúpulos es escocesa, gallega y universal, cómo hombres y mujeres se corrompen por conseguir el poder y una vez en sus manos siguen corrompiéndose para tener la seguridad de conservar ese poder, y de cómo una vez corruptos del todo sólo quedan la locura y el miedo", asegura Andrés Lima.

La adaptación de Cavestany flota entre la fidelidad y la traslación total. Su apuesta tiene una doble vertiente: todo el imaginario y la poesía shakespeariana queda intacta, todas las referencias geográficas y culturales se modifican. En escena chocan los dos mundos, el de la ridícula vulgaridad cotidiana de vaso de cubata y abrigo de piel falsa, y el reino nocturno y tenebroso de las meigas, criaturas que se hacen pasar por prostitutas, seres inquietantes y obscenos con cabeza de animal y movimientos de serpiente coreografiados por Antonio Ruz. La intención del adaptador es "llevar al público a los lugares más oscuros del corazón, donde anida el deseo... para bien y para mal".

Chema Adeva, Rulo Pardo, Rebeca Montero y Jesús Barranco acompañan a Machi y Gutiérrez en esta puesta en escena. Los Mácbez de Andrés Lima no son altivos y misteriosos. “Queríamos a un señor muy normal, con una señora muy normal, que tienen las mismas ambiciones que el común de los mortales. Lo que pasa es que el deseo hace que se desate en ellos una serie de mecanismos que le llevan hasta el crimen”, cuenta Lima. Gutiérrez y Machi son esos vecinos que dicen siempre los buenos días y que se revelan finalmente como unos “asesinos peligrosos”.

 

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