El segundo montaje de Kulunka Teatro, Solitudes, es una historia que, a través del humor, ahonda en la soledad y la incomunicación de los miembros de una familia. El mismo equipo creativo de André y Dorine ha puesto en pie un nuevo trabajo de teatro de máscaras que, sin una sola palabra, resulta todo lo contrario a inexpresivo.

Una historia emotiva que habla de la soledad y las soledades, de la amargura de no ser comprendido, y de la amargura de comprender cuando ya es tarde. Mediante técnicas de teatro de máscara, la trama nos presenta a un anciano que se ha quedado viudo y que no tiene con quién compartir el juego. También a un hijo superado, una nieta adolescente y el tiempo jugando en contra. “Solitudes es una apuesta más arriesgada que la aplaudida André y Dorine. Su trama se complejiza, los escenarios se superponen y las máscaras se multiplican. Todo ello sin olvidarse de hacer reír.

El protagonista de Solitudes se siente incomprendido porque, como casi todos los ancianos para los que su vida es prácticamente una espera, ya sólo desea cosas sencillas. Cosas tan simples que los demás no llegan a valorar su verdadera importancia. Lo extraordinario de esta historia es que el anciano -contra lo que podría esperarse de alguien con una vida ya casi sin alicientes- no se resigna, no renuncia a sus pequeños deseos y pelea por ellos con determinación y dignidad. Esto tendrá sus consecuencias para él mismo y para quienes le rodean. Un viaje por universos cotidianos que, combinando la gravedad con la sonrisa, conmueve, sorprende e invita a la reflexión.

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