Túnez atrae cada año a un extenso número de turistas que buscan practicar el buceo en sus prolongadas costas. Su riqueza marina, el clima y la belleza del entorno son los principales atractivos que el viajero encuentra en Túnez para realizar esta actividad.

El país contiene más de 35 lugares sensacionales para bucear. En sus fondos se pueden descubrir desde arrecifes hasta buques de la Segunda Guerra Mundial y grutas submarinas accesibles para buceadores principiantes, intermedios y avanzados.

Los principales puntos de interés en esta zona del Magreb son Tabarka, Monastir y la isla de Djerba, pero también destacan otras localizaciones en Kelibia, Hammam Sousse, Hergla, el norte de Susa y Puerto Kantaoui.

Uno de los lugares más significativos, reconocidos por los expertos del buceo, es Tabarka. Sus fondos marinos esconden un maravilloso arrecife de coral y una rica variedad de fauna y flora oculta entre preciosas grutas submarinas.

Situada en la costa norte tunecina, Tabarka es una ciudad pesquera en un terreno montañoso de mucha vegetación con playas de arena fina como Mellula y Babouch. Entre sus aguas se pueden encontrar las llamadas “agujas”, formaciones rocosas con aspecto picudo, de hasta 25 metros de altura. Alrededor de ellas se organizan numerosas salidas de buceo y fotografía submarina.

Monastir es otro de los destinos de buceo privilegiados en Túnez, ya que concentra más lugares para practicar esta actividad para todos los gustos y niveles, con numerosos naufragios y arrecifes que visitar.

Los submarinistas más experimentados pueden acceder a Aníbal, un barco a 31 metros de profundidad, y Cezar, un carguero situado a 52 metros bajo el nivel del mar entre aguas cristalinas, corales, algas, anémonas y abundantes peces y moluscos.

Los buceadores de nivel intermedio pueden llegar a otros barcos como, por ejemplo, Bhiri, un pesquero hundido en el año 2011 tras una tormenta, y el buque Alyssa, rodeado de raros corales negros y todo tipo de algas y anémonas. A su altura pueden observarse delfines, pulpos, rayas, erizos de mar y grandes meros.

Desde Monastir se puede acceder a la roca Kliment y a las islas Kuriat, otros de los puntos accesibles para buceadores de destreza media y donde puede observarse una abundante y colorida vida vegetal y animal como peces arco iris, erizos de mar, pulpos y esponjas, entre otras especies.

Los más novatos también pueden disfrutar de un fondo tapizado con estrellas de mar, ánforas, pulpos, esponjas secas y erizos de mar en la costa frente al Palacio de Bourguiba.

Otra zona que ofrece una gran variedad de opciones para disfrutar del buceo es la isla de Djerba. En el Golfo de Djerba, una de las zonas más turísticas de la isla, se pueden realizar inmersiones para visitar buques militares como el buque Aïda y el buque Richard Giniori, rodeados de peces y corales, con sus tanques oxidados y revestidos de algas como uno de sus principales atractivos.

También podemos encontrar, a 21 kilómetros de la costa y a 40 metros de profundidad, el buque Atitalla, accesible únicamente para buceadores expertos debido a la profundidad en la que se encuentra y a las múltiples corrientes de la zona. Actualmente, se ha convertido en el hogar de grandes peces como meros y coloridos corales.

Para los buceadores principiantes, el arrecife ideal es Ras Turgueness, que contiene pequeños túneles habitados por esponjas, rayas y una amplia variedad de peces a tan solo ocho metros de profundidad. Sidi Solimen es otro arrecife de fácil acceso para los que se inician en esta actividad y quieran disfrutar de un jardín de corales a tan solo cinco metros bajo el mar.

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