Estonia, Letonia y Lituania han sabido guardar sus tradiciones, costumbres y su identidad a pesar de los avatares históricos, las ocupaciones y los repartos territoriales. A partir de 1991, tras la separación de los Países Bálticos de la Unión Soviética, Estonia, Letonia y Lituania se abrieron al mundo orgullosos de su historia, su cultura, su naturaleza y sus habitantes. Desde entonces, los tres países se presentan como grandes atractivos europeos para el turismo.

Tallin, Riga y Vilnius, las capitales de los tres países, respectivamente, han sido reconocidas Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. En ellas aún se respira, como si no hubiera pasado el tiempo, el arte medieval, renacentista y barroco.

Pintoresca y bien conservada, Tallin es el principal puerto de Estonia en el Golfo de Finlandia. Pasear por las calles del casco antiguo supone transportarse a la Edad Media y pasear entre edificios verdaderamente antiguos (de los siglos XIV-XVIII), iglesias góticas de culto ortodoxo ruso, monasterios dominicos, torres, castillos, murallas y callejuelas adoquinadas entre las que no se vislumbra una sola construcción moderna.

Vilnius, capital de Lituania, es conocida por su diversa arquitectura, sus iglesias y sus callejuelas. Al igual que Tallin, cuenta con un casco antiguo muy bien conservado, reconocido como uno de los más bonitos de Europa. La ciudad posee una de las universidades con más años de vida, cuya biblioteca contiene más de 180 mil manuscritos, ediciones inéditas y una de las colecciones de mapas más grandes del continente europeo.

Entre los lugares de principal interés destaca la Torre del Castillo de Gediminas, la catedral, el palacio de los reyes lituanos del siglo XVI, las iglesias de Santa Ana, San Francisco y San Bernardo y la Puerta Aurora, considerada uno de los lugares sagrados más importantes por el catolicismo.

La capital de Letonia, Riga, es la ciudad más grande de los estados Bálticos y el mayor centro cultural, educativo, político, financiero y comercial de la región. En ella conviven casas habitadas y torres de iglesias construidas en la Edad Media con edificaciones eclécticas y ‘art nouveau’. Además, los verdes bulevares y las construcciones de madera junto al río Daugava contribuyen en la construcción de una ciudad cautivadora.

Entre sus múltiples maravillas, merece la pena visitar la catedral, la casa de las Cabezas Negras (Melngaviu nams), el Monumento a la Libertad y el Castillo de Riga. Además, la ciudad ofrece múltiples actividades culturales y una activa vida nocturna llena gracias a sus pubs, clubes y casinos que se sitúan, sobre todo, en la parte antigua de la ciudad.

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