Marianín

El jabalí del Bierzo

El domingo, 28 de enero de 1973, hacía frío en Madrid. Era uno de esos días gélidos que no apetece salir a la calle. Fue la excusa perfecta para quedarse en casa viendo el fútbol. Televisaban el encuentro del Atlético de Madrid frente al Real Oviedo. El estadio Vicente Calderón presentaba una pobre entrada, sin embargo, los bares de Fabero del Bierzo, se llenaron de espectadores, deseosos de ver a la estrella del equipo asturiano, el faberense Marianín, conocido como El jabalí del Bierzo. Comenzó mal el partido para los carbayones. En el primer tiempo, Luis Aragonés, marcó el 1 a 0, y el argentino Iselín Santos Ovejero hizo subir al marcador el segundo gol, antes del descanso. Ya en el vestuario, el entrenador del Oviedo, Sabino Barinaga, trató de motivar a sus jugadores. Mostró, lo que, a su juicio, podían ser las claves para remontar el partido, y apeló al goleador del equipo, Marianín, para que mostrara sus condiciones innatas de goleador. “En noviembre le metiste tres a Iribar, en 20 minutos. Hoy tienes que meter otros tres, Mariano”. El futbolista de Fabero salió al campo conjurado para marcar. Sabía que si lo hacía iba a entrar por la puerta grande de la historia del equipo asturiano. En el minuto 53 del encuentro, Carrete, desde la banda derecha, metió un balón en el área pequeña que defendían los colchoneros, y apareció el de Fabero, rápido y hábil, desmarcándose de sus rivales y elevándose en el aire para rematar de potente cabezazo el esférico que perforó la portería del guardameta rojiblanco, Rodri. Marianín acababa de marcar el gol 1.000 del Real Oviedo en Primera División. Toda España lo vio en directo por televisión. El marcador ya no se movería en lo que quedaba de partido. 2-1, triunfo de los de Maximilian Merkel, y triunfo de Marianín que, con aquel gol, acrecentaba su leyenda como futbolista. Sin duda una paradoja de la vida, porque a Mariano Arias el fútbol no le gustaba, él iba para tornero. Comenzó jugando en el equipo de su Fabero natal, en los años 60, después en el Atlético Bembibre. De ahí a la Cultural. En la temporada 1970-1971 se convierte en el máximo realizador de todo el fútbol nacional, sumando la cifra de 37 goles. Marianín era rápido, tenía buen disparo con las dos piernas y un poderoso salto de cabeza. Se anticipaba bien a los defensas y se mantenía en el aire más que sus adversarios para rematar con gran acierto. Los equipos grandes se fijaron en él. Con 26 años lo ficha el Real Oviedo. Le mete tres goles a Iribar y dos a Esnaola, en Atocha. Lo demás ya es historia del fútbol, que escribió El jabalí del Bierzo

 

 

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