María José Cordero

Inspiración armónica

Desde la tierra de la Somoza, auténtica maragatería, trae sus raíces María José Cordero, que, de Astorga, capital no maragata, trae las fragancias y los recuerdos de una infancia y adolescencia paseada por la angostura de la Rúa de la Judería, al resguardo de los rigores del verano en la penumbra de las siestas. Viene con las lecciones de piano aprendidas, que fue una monja de Sancti Spíritus quien se las enseñó, en las tardes de sol y moscas, de chocolate y pan de ángel. Trae, María José, el aliento de Panero en el alma y la mirada del hijo pequeño del poeta en la retina de los recuerdos. Que fue moza enamoradiza y enamorada fue de las musas inspiradoras de las melodías de la vida. Que se hizo mujer entre los paseos por el Madrid de los Austrias, mientras aprendía a ser una, en cuerpo y espíritu, con el instrumento de teclado, en Ópera, y las clases de periodismo en la Complutense. Y ya mujer, aprendió a aprender y enseñó lo sabido, aprendiendo a amar la cultura y las gentes de un Bierzo que la acogió e hizo suya. Y de la música y sus orígenes, de los ritmos y sus cunas, halló la fuente fresca de la que manan cristalinas sinfonías sefardíes. Y alzó la voz timbrada de su garganta para dar voz a los romances, las coplas y la lírica de un repertorio, poético-musical, sefardí que habría de pasear por escenarios de España, África e Israel. Mujer espiritual e intensamente sensible. Toda una vida creando y cantando vida. De la yema de sus dedos, sobre el marfil del piano, nacen las notas que encarnan la música de los silencios por ella soñados. De sus blancas palabras cantadas, surgen los estremecimientos que han de recorrer, irremediablemente, los poros de la piel de quien la escucha. Del papel que ella adorna con sus letras, aparecen, entrelazadas, las emociones que regala quien escribe con el alma. Música, canciones y palabras, cosidas a un corazón que late al sentirlas, pensarlas, cantarlas… Sus exquisitas fantasías han dado vida a la realidad palpable y admirable de una correspondencia perfecta y precisa de la obra de grandes poetas con la inspiración racional y armónica de sus melodías y cantos. Musicó y cantó a su paisano Leopoldo Panero, al maestro Antonio Gamoneda, al añorado Antonio Pereira, al amigo Juan Carlos Mestre, a Neruda, «el más grande poeta del siglo XX en cualquier idioma», según Gabriel García Márquez. María José Cordero, magnífica compositora, cantante, escritora y soñadora de amores entre la poesía y la música, entre la métrica y el metrónomo, entre el hombre y el arte.

 

 

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