Un hombre afable

Jovino Andina es un hombre afable, siendo esta cualidad, tal y como la definió el Barón de Holbach, un fruto proveniente de la reflexión, de la experiencia y de la razón. Esta característica que describe su personalidad queda ultimada si añadimos a la misma las palabras que Jean Baptiste Massillon dijo acerca de la afabilidad: es un sentimiento que nace de la ternura y de la bondad del corazón. Jovino también es un enamorado del Bierzo, de todo el Bierzo, si bien siente predilección por su venerada villa de Bembibre, el lugar que lo adoptó y al que tanto ha dado este bembibrense de Asturias. Llegó a Bembibre en los años setenta, del siglo pasado, a instruir, a educar, después de prepararse convenientemente para ello en León. Venía desde su villa natal, Taramundi, ubicada en el extremo occidental de Asturias. Pronto se sintió en Bembibre como en su lugar de origen, no en vano son muchas las cosas que asemejan a estas dos localidades; entre otras el hecho de que Taramundi y Bembibre estén situadas en dos territorios colindantes con Galicia, como lo son las comarcas de Oscos-Eo y el Bierzo; lo que las confiere de una propia y peculiar situación. Peculiar es el hecho de que en la comarca asturiana predomine el habla denominada eonaviego (o gallego-asturiano) y en el Bierzo el dialecto berciano, que tiene puntos en común con el asturleonés y el gallego, con variedades locales con su propia identidad, como el habla de Bembibre (buecés). Son muchas más las cosas que unen en semejantes particularidades a estas dos villas de Jovino Andina; pero he querido señalar esta que delata la manera de comunicarse de sus habitantes para resaltar la distintiva riqueza cultural que atesoran estos lugares, y de la que él ha quedado impregnado y prendado. Embebido y enamorado del Bierzo, de la lengua, la gastronomía, el folclore, el arte, la literatura, las tradiciones, las costumbres, gentes insignes y comunes… de todo aquello que conforma el acervo cultural de esta comarca y que son parte de los conocimientos adquiridos, procesados y divulgados por Jovino, en su condición de investigador, analista y pedagogo. Es, sin duda, ese amor por la cultura lo que lo ha convertido en un hombre libre, reflexivo, consciente de sí mismo y de los demás, considerado con lo que le rodea, identificado con lo que aprendió a reconocer y nombrar en su interior y que ha sabido, igualmente, enseñar a sus alumnos y al mundo entero. Jovino Andina es además un gran bibliófilo, pero por encima de todo es un hombre afable.

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