De niño a doctor

Fue el 17 de diciembre de 2012 cuando, en Asamblea General Ordinaria, la Academia de Ciencias Veterinarias de Castilla y León elegía al Dr. D. José Manuel Martínez Rodríguez, como Académico Correspondiente, Sección de Historia, Legislación y Bioética. La toma de posesión se producía el día 30 de octubre de 2013 en Acto Solemne llevado a cabo en el Paraninfo Gordón Ordás, del Edificio “El Albeitar”, de la Universidad de León, a las siete de la tarde. De esta manera tan enfática se puso colofón a la dilatada carrera de este berciano que arrancaba con su licenciatura en veterinaria en 1974, y su posterior doctorado, con nota Cum Laude, en 1980. Desde que obtuvo la licenciatura desarrolló su labor profesional como Profesor Universitario pasando por diferentes etapas, docente, investigadora y de gestión. Desempeñando puestos de Profesor Ayudante, Catedrático Interino, Director de Departamento, Director de Publicaciones y Profesor Titular de Universidad. Autor y coautor de varios libros. Se encuentra en posesión del Premio Cayetano López y López y el del General Sobreviela Monleón. Este es, en esencia, el currículum vítae de un hombre entregado al estudio, la investigación y la divulgación de las Ciencias Veterinarias. Un currículum que ha tenido que ser forjado día a día, con tesón, confianza y seguridad. Recorrer este largo camino no ha debido de verse libre de muchas dificultades, pues no es sencillo alcanzar las metas que ha logrado en su vida profesional. Ahora tiene motivos para sentirse orgulloso, sobre todo cuando vuelve la vista atrás y se deja llevar por la nostalgia al recordar sus años de niñez, en Bembibre, en el molino donde su abuelo obraba el milagro de trasformar el grano en harina, a los pies del río Boeza, junto al matadero municipal, a donde llegaban aquellos animales en cuyos cuerpos sacrificados los ojos curiosos del niño José Manuel descubría la anatomía al desnudo, haciendo bullir su cabeza de mil preguntas todavía sin respuestas. Sin duda, debió de ser allí mismo, en los años cincuenta, cuando empezó a entrever la posibilidad de encaminar sus pasos hacia el estudio del mundo animal. Hoy, desde su mirada de adulto, colmada de triunfos y reconocimientos, José Manuel sigue reconociéndose en el niño que escuchaba embelesado las explicaciones de D. Antonio, el veterinario, que le metió en el cuerpo el gusanillo de la zoología. Y es que ya lo dijo Simone de Beauvoir: “¿Qué es un adulto? Un niño hinchado de tiempo”. En el caso de José Manuel también de mucho conocimiento.

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