La sonrisa del compromiso

Era verano de 1963 y agosto llegaba a su fin. Cinco monjas, jóvenes, bondadosas y esperanzadas, llegaban al Bierzo, a Rodanillo. Traían prendido de sus hábitos la misión encomendada por su fundador, el padre Barré, de formar a niños y jóvenes en valores humanos y espirituales ligados a Jesús. Pero también portaban el encargo del obispo de Astorga, Marcelo González: “Andando el tiempo deben comprometerse a que su apostolado no se limite a la labor de un colegio de pago… Debemos interesarnos más por las clases obreras”. Con estas premisas, las Religiosas del Niño Jesús, comenzaron a desarrollar en Bembibre una labor que aún hoy tiene continuidad. A aquellas cinco misioneras se les unió, en 1968, Yolanda Busto, la única monja pionera que aún sigue en activo, y que trabaja de manera incansable al servicio de la doctrina que lleva impregnada en su alma desde el mismo instante en que oyó la llamada de Cristo, y decidió, dejándolo todo, seguirle en la entrega de su vida al servicio de los más pobres, los más necesitados. Y es su obra, a lo largo de este tiempo, la que habla a las claras de la fidelidad que Yolanda mantiene a los principios con los que profesa su fe en Dios y en el ser humano. Ahí está su labor como docente, enseñando durante años en el colegio Virgen de la Peña. Dando contenido social a la Escuela Hogar de Bembibre. Su lucha por la integración de portugueses, paquistaníes, vietnamitas y caboverdianos, bajo el respeto y la tolerancia hacia sus culturas, en la vida de la villa de Bembibre. Fundando, con otras hermanas y de la mano del sacerdote Isaac Núñez, Proyecto Hombre, que tanto bien ha hecho por tantas personas enfermas de drogadicción. Participando en la creación de Alcohólicos Rehabilitados del Bierzo (Arabi). Del grupo de teatro Benevivere, del que fue directora. Su aportación impagable al trabajo que Cáritas viene desarrollando para todo el Bierzo Alto. Creando y coordinando el Centro de Escucha de Bembibre, que viene realizando tan necesaria labor humanitaria con, en sus propias palabras, “personas mayores, con problemas en el duelo, personas enfermas a las que les costaba asumir su propia enfermedad”. Su aportación a la pastoral en colaboración con las parroquias de Santiago y las Nieves… Y suma y sigue. Y todo ello con obediencia a su orden, con respeto y solidaridad en su amor a los demás, con paciencia y empatía ante las dificultades que han ido surgiendo en el camino, con lealtad a su misión y con honradez e integridad en su proceder. Y, además, regalando sonrisas llenas de compromiso.

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