Lo que pudo ser

Antonio Gago llegó al mundo recién estrenado el siglo XX. Bembibrense por nacencia y ciudadano del mundo por convicción, fue instruido en su niñez por su madre, maestra, después continuará sus estudios en Villafranca del Bierzo y en León, para culminar en la Universidad de Santiago de Compostela, donde no termina la carrera de medicina. Tras su paso por el ejército, y tras el alzamiento de Primo de Rivera, al joven Gago le puede la imperiosa necesidad de ensanchar su mundo más allá de España. Durante doce largos años reside en el continente americano. Argentina, Colombia, Chile, Panamá y Perú son los países en los que, durante su estancia, despunta como dibujante publicista. Luego regresa a Madrid, para continuar con sus estudios, pero sus ideales políticos y la fuerza imparable de sus lapiceros hacen que desista de terminarlos. Regresa a casa y junto con otros idealistas funda el Partido de Izquierda Republicana de Bembibre. Poco después estalla la guerra civil y se alista en el ejército republicano, y como Capitán de Estado Mayor lucha en los frentes de media España. Concluida la contienda es detenido en Madrid y encarcelado. Habrá de pasar cinco años recluido. Desde la detención, su madre, Susana González, no cejó un solo día en interceder por él ante las autoridades políticas y militares. El 28 de septiembre de 1944, y después de haber sido juzgado meses antes y condenado a 30 años de reclusión, es puesto en libertad. Como pago a su excarcelamiento prematuro, Gago, debe regresar a casa y permanecer en el ostracismo. De esta manera se esfuma su proyección como reputado dibujante en el ámbito nacional. Su afán de superación le lleva, junto con otros dos socios, a crear una academia, donde enseñará historia, literatura y pintura; materias a las que también dedicaba su tiempo libre. Así fue uno de los primeros en recopilar y divulgar la historia de Bembibre. En la esfera literaria destacó por los numerosos artículos que escribió en varios periódicos de la época, y como autor de un poema novelado. Como dibujante y pintor su obra sirvió para ilustrar algunos libros del literato madrileño Álvaro Retana, a quien había conocido en la cárcel. Con los encargos realizados por Retana, uno de los mejores y más ácidos escritores de novelas eróticas de este país, Antonio Gago, habría podido alcanzar las cotas más altas como ilustrador, pero fue la muerte quien se lo impidió en esta ocasión. Falleció el 26 de septiembre de 1969, dejando esposa y tres hijos. Con él se fue un hombre valiente, firme en sus convicciones; cultivado en letras y de verbo fácil; brillante como artista.

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