Doña Virginia, la churrera

El Diario de León, de fecha viernes, 4 de marzo de 1938, y bajo el título “Redención por Las Hurdes”, recoge la intervención realizada dos días antes por el Delegado Provincial de Auxilio Social en Radio León, a las 10 de la noche. En la charla que ofreció a los oyentes el conspicuo señor, daba cuenta del resultado de una campaña lanzada a través de las ondas un mes antes, para recaudar fondos en León, destinados a la compra de pan para los habitantes del paupérrimo pueblo cacereño. Relata, el ínclito Delegado, que tal campaña se extendió al Bierzo, celebrándose actos en Bembibre, Cacabelos, Villafranca y Ponferrada. “Se había celebrado el acto de propaganda en Bembibre, y el Delegado de “Auxilio Social” acababa de retirarse a su habitación. Le anuncian una visita y la visitante era una pitusa que levantaría medio metro y tendría unos siete u ocho años. Entra un poco ruborizada, sin atreverse a levantar la cabeza; pero el Delegado la alienta y le pregunta. La respuesta de la niña fue la siguiente: -“Estuve en el teatro y le oí; y yo quiero que tengan también pan los niños de las Hurdes. Le traigo todo lo que tengo para que les compre pan”. Aquel ángel presentó, en una mano, todo su capital; un billete de los pequeños y alguna moneda. En total, seis pesetas con diez céntimos. -“Todo para los niños de las Hurdes. No me quedo más que con los diez céntimos para churros para mañana”. Debo advertir —continúa diciendo el Delegado— que los churros de Bembibre tienen allí fama de ser los mejores del mundo. Tan acreditados están que se venden a todas las horas del día”. Así quedaba reverenciada, en 1938, la popularidad de los churros de doña Virginia, la churrera. Merecida fama, ganada a pulso por el esfuerzo, el tesón y la constancia de una mujer que durante décadas supo, como nadie, hacer de su trabajo todo un referente en el ámbito gastronómico y social de Bembibre, y todo el Bierzo Alto. A la churrería de doña Virginia acudía todo el mundo que, por el motivo que fuera, había de pasar por la villa del Boeza. Nadie quería perderse el inconfundible sabor de aquellos churros que aquella esforzada mujer elaboraba como nadie. ¿Su secreto? El tiempo y el temple que empleaba en amasar la harina con el agua y la sal; y por supuesto el cariño y dedicación con que atendía a todos. Acordarse de doña Virginia, la churrera, es hacerlo de una mujer íntegra, abnegada y magnánima. Se llamaba Consuelín Blanco, la niña que había reservado sus últimos 10 céntimos para comprarle churros, al día siguiente, a doña Virginia, la churrera.

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Comentarios  

0 #1 Calle del EscobarN. F. 01-10-2015 14:30
El Escobar era la calle comercial por excelencia: Venancio, La Josefina, Dña Lucrecia, Los Tirantines..., pero la churrería de la Sra. Virginia y el Sr. Facundo tenía especial encanto para niños y mayores por la calidad de los churros y el trato amable , familiar con los clientes. Sus nombres forman parte de los mejores recuerdos de nuestra infancia. En casa éramos muchos de familia y buenos clientes, si hacía churros, la Sra. Virginia nos los mandaba por su repartidor, el inolvidable jovencito Berciano, unos churros riquísimos, como no los he vuelto a probar en mi larga vida. Dios bendiga a tan querido matrimonio.
0 #2 Buena genteJoaquin Martin 01-10-2015 14:35
La recuerdo con mucho cariño. Desprendia energía al verla. No había domingo sin churros en el desayuno despachados por una de sus hijas todas ellas muy buenas personas.
0 #3 Buenos recuerdosManuel Cueto 01-10-2015 19:21
Abuela, que buenos recuerdos tengo de aquellos días fríos, cuando pasábamos por tu casa (la churreria) o por la casetilla que tenías en frente del kiosco de Asunción y nos dabas algún churrin caliente, que buenos estaban! DeP abuela.
0 #4 Mayte Sáinz 02-10-2015 04:59
Recuerdo a la señora Virginia con perfección... me encantaba ver como firmaba aquella enorme rosca con una una precisión absoluta... ...no se me olvidaran tampoco de sus manos... delgadas pero firmes..., curtidas por el trabajo.., rugosas pero delicadas... Para todos tenia una palabra y una sonrisa...Muchs s horas hizo mi abuelo Nicolas en el taburete de esa cocina con su vinito y el churro... Echo de menos esos domingos de mi niñez en que como algo especial se desayunaba chocolate con la rosca de Virginia...
Te mereces este homenaje....seg uro que donde estés, ... hoy... lo habrás celebrado haciendo una rosca de churros...
0 #5 Acertado homenaje!!!Mari 03-10-2015 04:00
Cómo olvidarse de aquellos churros, que deliciosos que estaban; y de la señora tampoco, viejita y arrugada por el paso del tiempo...y esas roscas tan redondas que se estaban friendo...Graci as por volver a hacernos recordar esas personas de nuestra infancia.
0 #6 Entrañable Señora Virginia 03-10-2015 20:03
Me ha emocionado de verdad esta dedicatoria.
La SEÑORA VIRGINIA FUE UNA SEÑORA de pies a cabeza trabajadora, honesta, siempre de buen humor.
En unos años en los que existío una relación de buena vecindad entre los bembibreses, trabajó y a todos cautivó con su talento para los churros y la alegría con que nos los vendía y muchas veces hasta alguno de propina por buenos clientes.
También recuerdo perfectamente tu casita el la calle EL Escobar o avda. Villafranca y el kiosco frente al de Asunción, otra gran mujer.
Un beso al cielo .D.E.P.
0 #7 Un modelo a imitarexiliado bembibrense 08-10-2015 22:20
¡ Que recuerdos tan bonitos me trae la Sra.Virginia !. ¡ Que paciencia tan inmensa tenía con todo el mundo, en especial con los jóvenes !. Era una profesional como la copa de un pino.Hoy hubiera sido una empresaria destacada.Si en aquellos tiempos de miseria y hambre en general, fue capaz, junto con su marido Facundo, de sacar adelante una amplia familia, de un negocio tan modesto como era la churreria, ¡ que no sería capaz de hacer hoy !.

Veníamos los rapaces jóvenes de fiesta a las tres o las cuatro de la mañana y la llamábamos para que nos hiciese unos churros y aunque ella " remungaba" un poco, para que la dejáramos dormir algo más, al final, después de algunos ruegos, se levantaba y nos daba satisfacción. ¡ Que ricos estaban los churros de la Sra. Virginia !. Yo siento una debilidad especial por los churros. Los he tomado y los tomo en todas partes y puedo asegurar que, como los de ella no los encontré en ningún sitio.¡Como se estarán poniendo allí donde esté!. Descanse en paz la Sra. Virginia, aunque a buen seguro que estará trabajando.Feli cidades a su familia por tener una madre y una abuela de tan alta calidad.

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