“Temo  -dice Luis Antonio de Vega en VIAJE POR LA COCINA ESPAÑOLA-  que ustedes pasen por Extremadura sin haber probado cierto plato. Sería lamentable porque no lo he probado en ningún sitio. Seguramente se ignora su calidad comestible”.

“Aquí, en Plasencia realicé mi conocimiento con el lagarto del que, lo confieso, tenía una idea muy equivocada”.

“En Caparra, tierra de lagartos, me encontré con un lagartero que llevaba una docena de ejemplares colgados de un palo”.

“Al día siguiente, por la mañana, vi a unas mujeres con unos baldes de agua y refrescándose en el líquido, una carne blanca que no había forma de confundir con la de ningún pescado”.

“En compañía de mis compañeros de viaje fui a comprar lagartos y, como me aconsejaron, los llevé a una taberna de LA GOLONDRINA para que los guisasen. Y lo hicieron muy bien en un a salsa verde, pródiga en perejiles. Me dijeron que en otros figones los ponen en salsa blanca y que también están muy buenos”.

“El manjar es muy sabroso y debe acompañarse con un vino blanco de Montánchez porque el lagarto tiene un sabor extraño, mezcla de conejo de campo y ancas de rana, así que las objeciones que puedan hacerse al lagarto como manifestación de la cocina plasentina me parecen pueriles”


Y, hasta aquí el texto de Luis Antonio de Vega.

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La fórmula que yo daba en el relato me la ofrecieron en Baños de Montemayor, que es el primer pueblo que el viajero encuentra después de Béjar -Béjar pertenece a Salamanca y Baños de Montemayor a Cáceres, aunque hasta hace muy poco tiempo, el prefijo telefónico de Baños era el de Salamanca- durante unas conferencias que dicté, hace unos años, sobre la gastronomía en el camino de Santiago o sea, el Camino de Santiago Sur que nace en Andalucía, pasa por Sevilla, atraviesa Extremadura, Salamanca y Zamora y se une al camino francés en Astorga.

Basé mi charla en los lagartos y  en los caracoles, de los que hablaremos en otro artículo y que eran degustados ya por las legiones romanas que pisaron aquellas tierras.

En una visita a Plasencia, poco tiempo después, cuando recibí un premio en un certamen literario, no degusté los lagartos  -me invitó mi amiga Carmina Abarrios a comer en un restaurante al aire libre- porque su caza hoy está vetada por la Junta de Andalucía, pero puedo prometer y prometo volver a Plasencia y, si es posible, degustar la carne de lagarto.

 

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