“Yo, David de Jorge,  -dice David de Jorge de sí mismo en una entrevista en EL SEMANAL- sigo siendo hoy el mismo gilipollas de siempre. Llegué a pesar doscientos diecisiete kilos. Estaba gordo como un ternero lechal y, a los cuarenta y un años, sufría obesidad mórbida. Hoy trabajo con Martín Berasátegui y tengo un programa en ETB2 en el que trato de enseñar a la audiencia cómo perder kilos”

-Comía bocadillos  -contesta a las preguntas del periodista-  de tocino y  llegué a pesar doscientos diecisiete kilos. Cada noche me decía “o  lo arreglas o te mueres” .Tuve el valor de ser consciente de mi obesidad.  Me dolían las rodillas y no podía ir en coche o en avión ni encontraba ropa de mi talla. Estar tan gordo es una mierda. Al final fui al médico y conseguí el objetivo”.

-Durante los dos primeros meses hice una dieta severa: caldo, zumos y yogures, pero echaba en falta masticar así que busqué algo más compatible: pastelillos de carne, pollo o pescado. Adelgacé y ahora soy menos gilipollas.

“Lo de cocinar  -explica-  viene de mi madre que me tenía que echar de la cocina. Yo, cuando todos mis amigos forraban las carpetas con fotos de sus ídolos, las forraba con las de Arzak o Berasátegui. Era un trastornado del copón. Nunca jugué al fútbol aunque mi padre me llevaba a Atocha a ver a López Ufarte. Después empezaron a gustarme las tías y recuerdo que en Fuenterrabía veía mucha tele francesa y ahí ví las primeras tetas. Me parecieron la hostia”.

-Mi hermano  -dice David de Jorge-  comía bocadillos de uvas con nocilla, aunque lo típico es la leche condensada con chorizo jajajajaja, o salchichón con chocolate, o Galletas María con chorizo de Pamplona y, para terminar  -decía al periodista-   y antes de que me preguntes,  te diré que el maestro Arguiñano es un gran comunicador y lo mismo hace un programa de cocina que puede presentar la OTI, o tener un escaño en el Parlamento. Y si lo proponen como Presidente sería el amo, pero lo mejor que pueden hacer los cocineros es estar en la cocina.

La entrevista es agradable de leer, pero, lo más importante aquí, son las recetas y, en este caso, la tortilla de patatas trampa  que se hace así. En una sartén con muy poco aceite se sofríen las cebolletas y el pimiento. Si se pegan, por falta de aceite, se puede añadir una pizca de agua hasta que queden bien pochados y doraditos, tanto cebolla como pimientos. Después se parten las patatas en dados y se colocan en un cazo con agua y sal; se arriman al fuego y deben cocer a fuego suave durante media hora. A continuación se baten los huevos y cuando las patatas estén cocidas se retira el agua del cazo y ahí mismo se las machaca hasta romperlas. Se añade el sofrito, los huevos batidos y la sal y se remueve y en la misma sartén del sofrito se cuaja la tortilla a fuego suave".

Hagan la prueba. Es una tortilla distinta , pero es una tortilla.

 

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