Dice Ángel Muro en EL PRACTICON  que cada pueblo tiene su afición a un determinado alimento y que los franceses, por ejemplo, son muy aficionados a las setas  -comida de dioses-   pero también hay que decir que todo lo que tienen de manjar agradable lo tiene de peligroso.

Y un claro ejemplo de su peligrosidad es el trágico fin del nuncio papal de Pio VII en París, monseñor Caprara que, mientras paseaba con Napoleón I por el parque de Vincennes, recogió setas, las llevó a casa, las guisó y las comió sin invitar a nadie. Murió a las dos horas, presa de horribles convulsiones.

El marqués de Valdeiglesias que  solía comer todas las semanas con Castro y Serrano, escritor y gastrónomo cuenta que, en cierta ocasión, les prepararon unas setas riquísimas que había mandado de regalo un amigo. Castro hizo muchos elogios del plato y se sirvió dos veces e, inclusive, llevó para su casa un plato de ellas. Su mujer no las probó, a pesar de gustarle mucho . Al día siguiente llamó a un criado y le dijo: “ Vete a casa del señor marqués de Valdeiglesias a ver cómo está y, si  no le ha pasado nada, dile al cocinero que las setas que quedaron me las ponga para desayunar.

Emma Sueiro, por su parte, escribe en ABC, el veintidós de Noviembre  -fecha en la que este cronista cumple años-  que el otoño es la estación idónea para el consumo de setas y Luis Pacheco añade: “Con lluvia a mediados de Julio y Agosto y luego calor, más lluvia a primeros de septiembre y más calor, se consigue el equilibrio y la humedad idóneos para que broten las setas, esa amplia variedad micológica que tenemos en España: boletus edulis, amanita cesárea, rebozuelo, níscalos, seta de chopo, perretxico, curumelo, trompeta de los muertos o colmenilla que son las que gozan de mayor prestigio”.

Por mi parte he encontrado bastantes recetas en las que intervienen las setas, pero, tal vez la más curiosa  -y sencilla-  sea la de setas a la griega, aunque  no sé si en Grecia las preparan así o sucede lo que le sucede a  la ensaladilla rusa.

Para las setas a la griega se necesitan un kilo de setas o champiñones, tres cebollas, un limón, una hoja de laurel, tomillo, perejil, cilantro  -que puede encontrarse en cualquier supermercado-  un vaso de vino blanco, aceite de oliva, sal y pimienta.

Lavamos las setas y las fileteamos. Cortamos en dados pequeños las cebollas, exprimimos medio limón y picamos el perejil. Echamos aceite en una sartén y dejamos que se caliente y añadimos las setas, la cebolla en dados, el laurel, el tomillo, cilantro y un poco de vino. Salpimentamos y dejamos que se hagan durante un cuarto de hora, removiendo periódicamente. Después separamos el laurel, el tomillo y el cilantro, espolvoreamos con perejil y servimos.

Este plato puede acompañar a la carne asada al horno.

Habría que preguntar a doña Sofía, la reina, que es griega, si, efectivamente, las setas a la griega, se preparan así…

 

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