El Museo “Alto Bierzo” de Bembibre acoge entre sus fondos una pieza singular desde el punto de vista histórico, que recuerda la estancia en la villa de la reina de España, Mariana Palatina Neoburgo, mujer de Carlos II, el último de los Austrias españoles. Se trata de un dintel de arenisca, de forma rectangular, que posee unas medidas aproximadas de 50 x 110 x 23 cm; y lleva tallados varios símbolos y un epígrafe conmemorativo.

En la parte superior del mismo destaca una cruz de trazo muy profundo y apenas deteriorada por las alteraciones medioambientales, debido a que tal vez haya sido labrada con posterioridad al acontecimiento señalado; mientras que en la parte inferior se dispone la siguiente leyenda: “Dª (MAR) IANA PALATINA, HIZO (…) AVA 1690”. Lectura que se infiere a pesar de las pérdidas estructurales que presenta el campo epigráfico. Y finalmente, tras la data cronológica, podemos apreciar un árbol de la vida en relieve.

Dintel de Mariana Palatina 1690

Desde el punto de vista iconográfico la cruz es un atributo de Cristo y el anagrama más significativo del catolicismo. Una práctica muy habitual a la largo de la Edad Media y del Antiguo Régimen era tallar o pintar este signo en edificios públicos de carácter civil o religioso y en domicilios particulares, principalmente en los pórticos, dinteles, arcos de triunfo, etc. Lo que puede entenderse como un medio para exteriorizar la fe o bien como un símbolo apotropaico de protección contra el mal o la enfermedad. El árbol de la vida es otra alegoría de Jesucristo, un símbolo bíblico de regeneración que crece en el paraíso y cuyo fruto concede la inmortalidad del alma. Pero también es un distintivo cristiano relacionado con la cruz, al representar el verdadero árbol de la vida.

El dintel objeto de este estudio procede de un inmueble situado en la Avda. Villafranca de Bembibre y fue donado al Museo Alto Bierzo en el año 1988 por su propietario Paulino Martínez Cubero. Pasando a formar parte del conjunto de bienes muebles que orlan la alameda del santuario del Ecce Homo. En el 2006 sería retirado de ese emplazamiento inicial y trasladado a Astorga para llevar a cabo su restauración en el Taller de Conservación y Restauración de Obras de Arte y Bienes Muebles “Proceso Arte 8 C.B.”. En la actualidad es una de las piezas estrella de la sección de Arqueología del Museo.

Por otra parte, es posible que este elemento arquitectónico provenga de alguna de las viviendas destruidas durante la Guerra de la Independencia (1808-1814) y haya sido reutilizado para la reconstrucción de la fachada del edificio en que fue hallado. Hipótesis que se fundamenta en la existencia en dicho lugar de una mansión erigida en el año 1559 por el párroco de Bembibre, Juan de Escobar (1541-1565) y denominada la “casa torre de Juan de Escobar”. Conocemos su distribución estructural a través de los apeos de la feligresía, donde se especifica que era “una casa de alto y bajo, con su caballeriza y huerto tras ella”, ubicada en la Plaza Mayor, enfrente de la espadaña de la iglesia y con acceso asimismo por la otrora calle de Escobar (Avda. Villafranca). Residencia que por sus amplias proporciones sirvió de mesón hasta la construcción del Mesón Real en 1791; y en cuyo solar hoy se alza la casa de la familia Villar Arandina.

Con respecto a Mariana de Neoburgo, la joven aristócrata germana que atravesó la cuenca del Boeza investida de reina, decir que pertenecía a la casa de los Wittelsbach de Düsseldorf (Alemania) y era hija de Felipe Guillermo de Neoburgo, conde elector Palatino del Rin y de Isabel Amalia Hesse-Darmstadt. Mariana era una mujer inteligente, dotada de una gran visión de estado, que por azares del destino se convirtió en soberana de España, al contraer segundas nupcias con Carlos II (1661-1700), viudo de su primera esposa, María Luisa de Orleans (1662-1689). Éste rey que ha pasado a la historia con el sobrenombre de “el Hechizado”, era hijo de Felipe IV (1605-1665) y de Mariana de Austria (1634-1696); y ocupó el trono de España entre los años 1665 y 1700, siendo el último representante de la dinastía de los Habsburgo españoles.

El matrimonio con la princesa palatina se celebró por poderes el 28 de agosto de 1689 en Ingolstadt (Alemania), personificando a Carlos II en el acto el rey José de Hungría. El 13 de septiembre de ese mismo año, Mariana, inicia en Baviera su largo viaje a España, desembarcando en la bahía gallega de Mugardos, en la ría de El Ferrol (La Coruña), el 26 de marzo de 1690. La reina en agradecimiento a haber sobrevivido a tan accidentada travesía visitó la tumba del Apóstol Santiago el 15 de abril. Para luego encaminar sus pasos a Lugo, Villafranca del Bierzo y Ponferrada.

El martes, 25 de abril de 1690, Mariana dejaba Ponferrada por la vieja calzada romana que cruzaba el Montearenas con dirección a San Miguel de las Dueñas, Almázcara y San Román de Bembibre. La crónica menciona que “hizo su Magestad noche en Membibre, donde fue recibida con dos danças, luzidas luminarias, y otros entretenimientos”. Salieron a esperarla a extramuros de la población una comitiva integrada por los oficiales del Ayuntamiento de Bembibre y su Tierra y una delegación de sacerdotes de los arciprestazgos de Boeza y Cepeda; a la que seguía un elevado número de personas de la localidad y sus alrededores…

A la cabeza de tan importante séquito marchaban el corregidor, D. Andrés García de Valcarce, el regidor decano, Pedro Álvarez Guarida, el secretario, Pedro Álvarez Quindós, el escribano, Teodoro de Novoa, el Ldo. Lucas Alonso de Munébriga Verdugo y Ávila, rector del beneficio eclesiástico, el Ldo. Matías Martínez, vicario de la parroquial, el mayordomo, Juan Fernández García, etc. A continuación, en la iglesia de San Pedro Apóstol se ofició una liturgia en su honor y se entonó un solemne Te Deum Laudamus.

El perfil urbano de Bembibre se realzó para para la ocasión con el adorno e iluminación de las calles principales, de la plaza mayor, del consistorio, del castillo, de la parroquia y del santuario; con el sonido estridente de los espectáculos pirotécnicos; y con la ejecución de varias danzas. En la mañana del 26 de abril, “Oyó la Reyna nuestra Señora Misa, como los antecedentes días, y pasó a comer a Monte Alegre, y a hacer noche a Astorga…”.

Otros hitos significativos de la ruta palatina fueron: La Bañeza, Benavente, Villalpando, Rioseco, Villanubla y Valladolid, donde el 4 de mayo se reunieron ambos cónyuges. Aquí se detuvo la pareja real unos días, abandonando la ciudad del Pisuerga el 11 de mayo para dirigirse a Madrid, entrando en la capital del reino el 22 de mayo de 1690.

Con esta nueva pieza del mes hemos querido evocar la memoria de Mariana Palatina Neoburgo, una mujer brillante e ingeniosa, encumbrada a reina de España, que vivió desde el solio regio el ocaso de la Monarquía de los Habsburgo y el advenimiento de la de los Borbones. Y por otra parte, una mujer decida, que dejó su tierra natal para afrontar su destino en España…

Efeméride que recogen entre otros autores, el cronista Antonio Ossorio de Mayorga en el ensayo Festiva aclamación, que a la venida de la Reyna Nuestra Señora, celebró en su real transito la muy noble, la muy leal, y antiquissima Ciudad de Astorga, donde descansó su Magestad dos días, y dos noches, impresa en Valladolid, en 1690; y el escritor Jean Leonard en la obra: Journal du Voyage de la Reine depuis Neobou jusqu’a Madrid, editada en Bruselas, en el año 1691.

Manuel I. Olano Pastor
Museo “Alto Bierzo”

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