La escritora asturiana Carmen Gómez Ojea cerró el ciclo literario “Tiempo de Palabras”, que a lo largo de los últimos meses ha acercado hasta Bembibre a escritores de la talla de Juan Carlos Mestre, Elisa Vázquez y Fermín López Costero, para hablar de su obra, de sus vivencias y sobre todo de literatura.

Carmen Gómez Ojea posee una extensa producción literaria, por la que ha recibido numerosos premios, como el Nadal, el Ala Delta o el Carmen Conde de poesía, por citar alguno de ellos. También está en posesión de la Medalla de Plata, tanto del Ayuntamiento de Gijón como del Principado de Asturias. Su obra abarca todo tipo de géneros literarios, desde la novela a la poesía, pasando por la literatura infantil, el teatro, los artículos periodísticos e incluso un libro de cocina. En Bembibre dio a conocer una de sus últimas recetas, la tortilla de tallarines o macarrones, de tan buena acogida que incluso hay un restaurante que ya la incluye en su carta.

Para Carmen un escritor debe ser ante todo honesto y contar lo que siente, aunque haya alguien a quien le pueda molestar. Esa honestidad a la hora de escribir le ha llevado a sufrir incluso los rigores de la censura por uno de sus artículos, en el que argumentaba sobre la posible homosexualidad de Jovellanos.

Pero ni una mala censura ni el interés depredador de algunos editores, pueden acabar con esa necesidad que siente Carmen de escribir un poco todos los días “aunque sean palabras inconexas”.

Carmen escribe porque le gusta y disfruta como se disfruta bebiendo un buen vino. Sus historias nacen de lo que le rodea. “Yo voy al mercado y pongo la oreja. La gente cuenta cosas increíbles…”

Su último libro “Mezclillas”, del que llevó varios ejemplares a La Casa de las Culturas de Bembibre, es una recopilación de 66 artículos -“salvajes” los califica ella- aparecidos en el periódico La Nueva España, y editado por la Asociación Feminista de Asturias. Es el último publicado, pero la obra de Carmen Gómez Ojea es tan extensa que incluso haciendo limpieza en su casa se encontró con nada menos que ocho libros inéditos olvidados en el cajón de un mueble. Algo que tampoco es tan extraño ¿Quién no tiene ocho originales perdidos por casa? Seguramente no tardaremos en ver publicado alguno de ellos.

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