Fotograma del filmEl ciclo dedicado al director de cine Alfred Hitchcock (teatro Benevivere a las 20:15 horas) nos ofrece esta semana Náufragos, una de sus películas más peculiares, rodada en 1943. La anécdota del film está protagonizada por el propio Hitchcock, que pasó “largos y penosos momentos” para resolver el problema que suponía realizar su tradicional cameo, en una cinta que transcurre íntegramente a bordo de un pequeño bote salvavidas. El miedo que tenía a ahogarse le impedía aparecer flotando como un muerto, por lo que al final eligió una alternativa muy ingeniosa que no vamos a desvelar, para que sea el propio espectador quien la descubra. Manuel Cuenya nos presenta este film en una interesante reseña que les ofrecemos a continuación.

El guión de Náufragos parte de un relato del escritor Steinbeck (conocido por su excelente novela Las uvas de la ira). No obstante, Hitchcock realiza su peculiar adaptación al cine, con la introducción, por ejemplo, de un personaje definitivo en la trama, como lo es el alemán.

Si en anteriores proyecciones (véanse 39 escalones, El agente secreto o Sospecha) aparecía el tren como escenario privilegiado y como motivo recurrente en el cine de Hitchcock, en Náufragos es un bote el espacio único en que se desarrolla esta película, que data de 1944 sobre un grupo de supervivientes a la deriva, después del hundimiento de un barco norteamericano y de un submarino alemán.  Estamos en plena Guerra Mundial.  “Era un microcosmos de la guerra”, le asegura el director de Psicosis al cineasta francés Truffaut en ese libro mágico que es El cine según Hitchcock.

Hipnotizados por las olas, el maestro comienza mostrándonos, en primeros planos, varios objetos flotando en el mar, incluidos unos naipes y un tablero de ajedrez, y aun un hombre de espaldas, ahogado. Luego se abre el plano y vemos a una mujer de aspecto inmaculado, fumando en una barca. Tira el pitillo al agua y se pone a filmar, con su cámara, a uno de los náufragos, que se va acercando a la “chalana”. Y a partir de esta situación, el maestro de la intriga logra realizar una película que trasciende el marco de Segunda Guerra Mundial, en el que se desarrolla, para contarnos una intensa historia de personajes, con sus tensiones y enfrentamientos, con sus miserias humanas, en definitiva, embarcados todos ellos, después del naufragio, en un bote salvavidas.  
 
Otro fotograma de la películaEl director retrata, de un modo magistral, la condición humana a través de este diverso y abigarrado grupo de náufragos, entre los que se halla desde una periodista (excelente interpretación de la actriz) hasta el capitán del submarino alemán, pasando por una enfermera, un marinero herido o un camarero, entre otros.

Se trata, por tanto, de una película de personajes llevados a una situación límite, con sus miedos, odios, traiciones, hambre, etc., a partir de la cual surgen los conflictos psicológicos y dilemas morales. Un ejercicio arriesgado, pues está íntegramente filmada en un estudio (aunque no lo parezca)  y desde el interior del bote, empleando fundamentalmente primeros y medios planos, lo que nos aproxima a los personajes.
 
A partir de este escenario asfixiante, claustrofóbico (el bote), Hitch consigue sumergirnos como espectadores en una tensión dramática, que va creciendo a medida que avanza la película hasta el clímax o estallido final (y nunca mejor dicho).   

Náufragos me recuerda, cómo no, a El Ángel exterminador de Buñuel. No hay más que encerrar a un grupo de personas en un espacio para que, transcurrido el tiempo, surjan todo tipo de conflictos.  Y acaben todos a la vil patada.

Manuel Cuenya

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