La avioneta fumigadora tras los pasos de Gary Grant es una de las  escenas más representativas de este filmDespués de Vértigo, y el proyecto malogrado de una peli sobre el naufragio de un barco, Hitch se atreve con esta superproducción, Con la muerte en los talones, cuyo título original es North by northwest (Norte al noroeste, que en principio no tendría nada que ver con la peli), aunque si nos fijamos en las localizaciones de rodaje, éste comienza en Nueva York, y lo prosigue en Chicago, Dakota del Sur y California.

Esta es una de las pelis más conocidas y quizá más comerciales del genio (puro entretenimiento, llegó a decir su director de la misma), para algunos críticos una de las mejores y para otros el thriller más grande de la historia del cine, una película romántica de suspense, con el tren, una vez más, como escenario recurrente y símbolo amatorio, donde los protas se arrumacan mientras sus cuerpos giran sobre sí mismos, y aquella célebre frase rescatada de los labios de la actriz Eva Marie Saint: “nunca hago el amor con el estómago vacío”.

En cualquier caso, en el subconsciente colectivo perviven las famosas y delirantes secuencias de la subasta de arte, la persecución en el monte Rushmore o la avioneta fumigadora persiguiendo al prota en el desierto. Se trata ésta de una escena muda (el arte de narrar sólo a través de imágenes), cuya duración es de siete minutos, con un Cary Grant solo ante el peligro, en medio del desierto, lo que es toda una prueba de la maestría cinematográfica del director, algo que ya habíamos visto en la versión en color de El hombre que sabía demasiado (véase la parte rodada en el Royal Albert Hall, aunque en este caso sostenida o reforzada por el concierto y la espera de un acontecimiento que conocemos por adelantado) o bien cuando Stewart sigue a Madeleine (Kim Novak) por la ciudad de San Francisco en Vértigo.

En la escena que transcurre en el desierto, Hitch dilata o manipula el espacio, de modo que la planificación nos permite, a los espectadores, recrearnos en la avioneta fumigadora tras los pasos (talones) de Grant, que no puede esconderse del todo en este espacio abierto (bueno, el director se saca de la chistera el recurso del maizal). En verdad, esta escena está vacía de verosimilitud y de toda significación –nos aclara el cineasta francés Truffaut-, pero es precisamente esta gratuidad, esta inverosimilitud, la que le da fuerza e interés.

Para esta ocasión, en el equipo artístico (en vez de Stewart, que acabó a "tortas" con el director) contó con la presencia escénica de Cary Grant (otro de sus actores fetiche), que le da un aire como de gentleman inglés, refinado y cómico a su personaje, quien es confundido con un tal Kaplan (similar al Joseph K de Kafka en El Proceso), en una compleja trama de espionaje. No en balde, esta es una película kafkiana, pura fantasía fundada en el absurdo, que tiene mucho de Falso culpable y 39 escalones. En el fondo, Con la muerte en los talones es como un resumen o compendio de su etapa americana, al igual que 39 escalones lo es de su período británico.

Aunque el guión de Lehman, con muchos giros narrativos, fue nominado a los premios Óscar, resulta algo tramposo y poco creíble en ocasiones, con un final apresurado en el monumento nacional de Rushmore (Dakota del Sur). El propio Cary Grant le dijo a Hitch: “Creo que es un guión espantoso, pues hemos rodado el primer tercio del film, ocurren toda clase de cosas, y no comprendo en absoluto de qué se trata”. Sin embargo, la peli nos cautiva por su ritmo trepidante, lleno de acción, por su velocidad desconcertante, con esa muchedumbre enfebrecida por las calles de Nueva York y un Hitch (su habitual cameo) perdiendo el bus en el último segundo, con la osada e inverosímil escena de Grant conduciendo embolingado con bourbon, por una retorcida carretera, mientras es perseguido sin tregua por espías y policías.

Aparte de guión, también fueron nominados la mejor Dirección artística y mejor montaje. En esta peli vemos algunas de las constantes del cine de Hitch, como el falso culpable (un publicista, víctima de una confusión de identidad, que se ve involucrado en una aventura increíble), aderezadas con su característico sentido humorístico y la pulsión sexual que se respira entre los protas: la encubridora y erótica Eva Marie Saint (que obtuvo el Óscar a la mejor actriz de reparto por su papel en La ley del silencio) y Cary Grant. La Metro (M.G.M.) quería la presencia del actor Gregory Peck para el papel que acabó interpretando Cary Grant, tal como dijo Hitch, que se impuso a la productora, porque éste poseía el control artístico total de la peli, fuera cual fuera su coste o duración. En el reparto también sobresalen el actor James Mason, en su papel de espía malvado (que también vimos en Lolita, de Kubrick), y Landau en su rol de perverso dispuesto a asesinar a Eva Marie Saint (Eve Kendall) y a Grant (Thornhill). Ambos al borde del abismo en el parque nacional de Rushmore (que en realidad tuvo que filmarse en estudio, con maquetas, porque Hitch no obtuvo el permiso para rodar in situ por razones de seguridad). En realidad, Con la muerte en los talones está plagada de trucajes invisibles, maquetas, falsos decorados. Por ejemplo: todo lo que ocurre en el edificio de Naciones Unidas (ONU) fue reconstruido en estudio, aunque Hitch (como buen reportero y provisto de una cámara oculta) consiguió rodar bastante material para los fondos, cuyas fotos en color le permitieron reconstruir los decorados en plató. Al final de la peli, también vemos la casa de James Mason, que es una construcción del afamado arquitecto Frank Lloyd Wright, aunque reproducida en maqueta cuando se ve desde lejos y parcialmente construida cuando Cary Grant se acerca y merodea a su alrededor.
En cuanto al equipo técnico, Hitchcock se rodea, una vez más, de Burks, que realiza la dirección de foto, de Bernard Herrmann, que compone una magnífica banda sonora, y de Saul Bass, que se ocupa de los títulos de crédito de apertura.

Al igual que Vértigo, su anterior peli, ésta se estrenó con gran éxito en el Festival de Cine de San Sebastián.

Se proyectará este viernes a las 20:15 h, en las salas del teatro Benevivere, con entrada gratuita.

Manuel Cuenya

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