Los pájaros disecados por Norman Bates en Psicosis prefiguran, en cierto modo, la siguiente peli del genio Hitch: Los pájaros, que se nos muestra como una terrorífica narración fílmica, un relato apocalíptico. “¡Es el fin del mundo!”, grita un personaje. Los pájaros son otra de las obsesiones del maestro de la intriga, y representan o encarnan, según él, lo impredecible, el caos. Los pajaritos del amor (love birds) –vaya ironía- acaban convirtiéndose en pájaros asesinos. No todo el monte es orgasmo, una vez más.

La construcción de la historia es perfecta –según el cineasta Truffaut- porque respeta las tres unidades de la tragedia clásica: unidad de lugar (toda la acción transcurre en Bodega Bay), de tiempo (dos días) y de acción (los pájaros son cada vez más numerosos y violentos). Si la puesta en escena existe en el cine es –según Hitch-, o bien para contraer el tiempo, o bien para dilatarlo, según las necesidades.

Resultan realmente impactantes las secuencias de los ataques de los pájaros a los seres humanos, con una banda sonora hecha con los ruidos espantosos de las gaviotas y aun otras aves. Aunque no hay música de fondo, los sonidos de los pájaros fueron trabajados como una verdadera partitura. Y Herrmann supervisó el sonido de toda la película. Me encanta sobre todo esa en la que el personaje de Melanie se refugia en una cabina telefónica (es probable que me recuerde La cabina, de Mercero).

Se trata de una peli compleja, desde un punto de vista técnico, pues aparte de aves reales, se utilizaron pájaros artificiales, mecánicos, y se hicieron verdaderas piruetas en la fase de postproducción para lograr los efectos deseados. No en balde, fue nominada al Óscar a los mejores efectos especiales.

Se puede decir que tiene cierto paralelismo con Psicosis porque aunque se trata de películas de apariencia diferente, en el fondo mantienen algunos parecidos, y en ambas podemos encontrar semejanzas visuales, que nos sorprenden. Valga como ejemplo la similitud existente entre la secuencia de la ducha en Psicosis y la que nos muestra a Tippi Hedren en la buhardilla de Los pájaros. En una se produce agresión a cuchilladas mientras que en la otra se nos revela a picotazos, resueltas ambas, en todo caso, con una gran maestría de planificación y efectos sonoros. Como dato anecdótico, la prota de Los pájaros se llama Melanie Daniel, una desconocida actriz hasta que Hitch la sacó del anonimato para que interpretara un papel estelar, lo que la proyectó a la fama. Tippi Hedren (quien hace el papel de Melanie) es la madre real de la actriz Melanie Griffith.

Por otro lado, tanto Psicosis como Los pájaros, que en verdad son arriesgadas y transgresoras para su época, incluso en la actualidad, nos presentan personajes femeninos que se ven envueltos en circunstancias extraordinarias, desconcertantes, con el consiguiente desencadenamiento de una violencia atroz, desmedida. Asimismo, en ambas pelis se nos enseñan a madres castradoras con sus respectivos hijos.

Aparte de las semejanzas entre una y otra película, Hitch, que era buen seguidor del cine de Luis Buñuel, también nos adentra, en Los pájaros, en un surrealismo propio de El ángel exterminador.

Los pájaros y El ángel exterminador comparten lo enigmático, lo misterioso de la vida. ¿Por qué atacan  los pájaros a las personas y por qué los burguesitos de la mansión de El ángel exterminador no pueden abandonarla aunque a priori nada se lo impide? En ambas películas, los personajes acaban enjaulados ante la amenaza exterior, en el caso de Hitch, y el propio miedo a la libertad, en la peli de Buñuel.

Una vez más Hitch parte de la realidad –el ataque de unos cuervos a unos corderos- para trascenderla, transfigurarla en una fantasía, en el sentido literal del término. Aunque conviene recordar que el director del suspense tomó también como punto de partida la novela corta y homónima de Daphne du Maurier, quien ya había escrito Rebeca. No obstante, Hitch confiesa que la novela The birds le defraudó en cuanto al argumento y los personajes.  

El ataque de las aves a una población común y corriente, la comunidad que vive en Bodega Bay, es un pretexto para hacernos reflexionar acerca de la fragilidad del ser humano, y lo insignificante y absurda que puede llegar a ser la vida. Hitch era muy Kafkiano en sus planteamientos. No lo olvidemos.

El final de la peli (que no es tal) nos deja desasosegados porque lo imprevisible sigue al acecho. Los pájaros hasta el infinito. Y un silencio/ruido artificial que evoca el susurro del mar en la lejanía.


"Asistimos a la inversión del viejo conflicto entre los hombres y los pájaros y esta vez los pájaros están fuera y el ser humano está en la jaula" (Truffaut, El cine según Hitchcock).

Manuel Cuenya

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