Mañana viernes, día 18 de enero, la Casa de las Culturas inaugura la exposición fotográfica de Bernardo Alonso Villarejo que podrá visitarse hasta el día 15 de febrero. Una muestra que realza la obra del insigne ciudadano bembibrense, y en concreto la que fue su faceta desconocida en vida, al menos públicamente, la fotografía. Está organizada por el Ayuntamiento de Bembibre en colaboración con el Instituto Leonés de Cultura.

BERNARDO ALONSO VILLAREJO

La figura de Bernardo Alonso Villarejo se inscribe en el marco de un autor que está escasamente interesado en utilizar la fotografía como un soporte documental, y por el contrario todo su trabajo se centra en la fotografía como un medio de creación estrictamente plástico. Siguiendo esta misma idea, los trabajos que podemos considerar más experimentales, aquellos en los que él realiza composiciones con elementos objetuales, como por ejemplo con algunos pájaros disecados, en cierto sentido no están muy distanciados del resto de su obra en la que fotografía directamente los paisajes, las ciudades, la realidad en definitiva. Hay una unidad absoluta en su manera de fotografiar tanto los paisajes como estas composiciones que realiza. Están hechas bajo la misma perspectiva, la misma mirada, y siempre bajo esa idea implícita de lo que podíamos llamar la fotografía pura.

Muchas de las obras que realiza dentro del ámbito de la experimentación objetual, tanto en lo que respecta a los encuadres o a la utilización exhaustiva de los contraluces y otros recursos, coinciden plenamente con las composiciones que podemos contemplar en sus imágenes de los paisajes urbanos o naturales. Si por una parte podríamos entender que estas composiciones, por otro lado extremadamente escenográficas, podían servirle como elementos de exploración, como pautas experimentales que luego llevaría al otro orden temático, yo preferiría hacerlo en el sentido de considerar tanto unas como otras dentro de los mismos parámetros formales y éticos del autor.

En muchas de las obras de Bernardo Alonso Villarejo podemos detectar relaciones evidentes con autores como Anselm Adams, que realiza algunas imágenes de espacios en primer plano, y que Villarejo hace de espacios naturales, pero tomados en muy primeros planos. Algunas de las obras en las que se interesa por los reflejos del agua tampoco están excesivamente alejadas de los trabajos experimentales de la fotografía abstracta. En otro sentí también podríamos decir que algunos modelos compositivos que están siendo muy utilizados por los creadores plásticos de las últimas décadas, como composiciones a base de pequeños objetos o pequeños muñecos, también encuentran aquí un precedente evidente. Esas composiciones que Villarejo hace jugando con un pajarito disecado en el alfeizar de la ventana, relacionándolo con otro objeto y buscando encuadres nunca neutros, nos recordarían, naturalmente con otro sentido, a las composiciones de Liliana Porte o Ciuco Gutiérrez en nuestros días. Por otro lado cabría insistir en que estas composiciones experimentales operan con los mismos recursos de los que el fotógrafo hace uso en el resto de su producción. Ese carácter escenográfico que se encuentra en composiciones de tipo conceptual también podemos detectarlo cuando fotografía otras cosas, como por ejemplo en las fotografías de edificios en las que la arquitectura aparece como telón de fondo de una escenografía que hay delante. Son modelos que se repiten una y otra vez en la obra de Villarejo.

Otro aspecto interesante en la obra de Villarejo lo encontramos en un par de series en las que retrata reiteradamente un mismo espacio. Se trata de una calle, repitiendo el encuadre una y otra vez, o un arco de una población en la que vemos cómo los personajes que transitan por ella son los que van cambiando. Esta idea de insistir y volver al mismo lugar, de permanecer en el mismo espacio para mostrarnos el transcurrir del tiempo, podría ser comparado con algunas obras como por ejemplo el film Smoke (1995), dirigido por Wayne Wang y Paul Auster y con guión de éste último, donde uno de los recursos de la cinta era que uno de los protagonistas fotografiaba todos los días su calle desde el mismo lugar, registrando lo que iba sucediendo y relatando de esta manera el acontecer del paso del tiempo a través de diferentes cambios como el de los personajes involuntarios o el de las luces del día.

Todo lleva, en el caso de Villarejo, a una posición extremadamente reflexiva que teniendo en cuenta siempre los valores formales y fotográficos los pone al servicio de un discurso, al servicio de un relato. En este sentido Villarejo nunca está interesado por llevar a cabo manipulaciones de tipo pictorialista en la obra. Todos los efectos que utiliza están conseguidos directamente con la cámara: encuadres nunca neutros, picados, contrapicados, contraluces muy acentuados o enfatización de las siluetas. Por lo tanto, siempre tratando el medio en su sentido más puro y estricto, la obra de Bernardo Alonso Villarejo se podría enmarcar dentro de esa vocación del fotógrafo que está convencido del valor autónomo de la fotografía, y que por tanto ésta es un instrumento para producir y crear imágenes mas allá de la pura representación de un espacio. Se trata de una realidad que traspasa los límites del puro documento.

Javier Hernando Carrasco

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