Hermen Anglada-Camarasa (Barcelona, 1871 - Port de Pollença, Mallorca, 1959) fue uno de los artistas españoles de mayor prestigio y éxito internacional en los primeros años del siglo veinte, antes de la eclosión de las vanguardias artísticas. Su obra, original, colorista y brillante, en la órbita del postimpresionismo, revela la poderosa individualidad del pintor, su desapego de las modas y un acreditado hedonismo.

Actualmente 59 de sus obras (38 óleos y 21 dibujos), procedentes de diversas colecciones, se exponen en el Palacio de Sástago en Zaragoza. Esta muestra recorre las distintas etapas creativas de Anglada-Camarasa, desde sus primeras obras, que datan de finales del siglo XIX, deteniéndose ampliamente en su producción parisina, para continuar con los magníficos paisajes pintados en Mallorca. El recorrido finaliza con varios óleos correspondientes a su última etapa, que coincide con los años de la Guerra Civil española y su exilio en la posguerra en Francia.

 

Quienes acudan a Zaragoza antes del 1 de septiembre, tienen la oportunidad de visitar esta exposición, que se encuentra en el Palacio de Sástago, Plaza de España, 2. Zaragoza- Teléfono: 976288800. La entrada es gratuita.

 

Cataluña, etapa de formación (1885-1894)

Transcurre entre la ciudad de Barcelona, Vilanova i la Geltrú y Arbúcies. En ella destacan óleos y dibujos de paisajes de un naturalismo realista que conecta con la pintura predominante en la época.

Sus dotes de dibujante se perfilan ya en las obras iniciales, como Cobertizo (1886), que es la obra más antigua del artista que se conoce. A las visiones panorámicas se contraponen el gusto por la descripción y el detallismo, y un interés posterior por los enfoques más fotográficos, que le llevan a reducir el campo visual y observar con detenimiento fragmentos del paisaje.

A este período pertenecen Flores y copa y Paisaje con puente, que nos introduce en el grupo de óleos que revelan la influencia de su maestro Modest Urgell: en ella la luz crepuscular y una línea de horizonte elevado permiten a Anglada trabajar el detallismo naturalista del primer plano, en el que las flores muestran su tímido protagonismo.

Primera etapa parisiense (1894-1904)

Los primeros años de estancia en París están llenos de dificultades para el artista, pero a partir de 1901 participa en las más importantes exposiciones internacionales que se celebran en Europa y empieza a adquirir fama. Las obras que se presentan muestran su quehacer de estos años; desde retratos todavía vinculados al realismo hasta las visiones nocturnas del mundo frívolo parisino, que le supondrían el reconocimiento y la fama. En este período aparece también el tema gitano, que continuará representando hasta el final de su trayectoria.

Effet de lampe fue la obra escogida por Anglada para presentarse ante el público y la crítica de París en 1898. Esta cabeza de viejo constituye el preludio de la fascinación del pintor por la luz eléctrica, cuyos efectos captaría a menudo en los ambientes nocturnos de la gran ciudad. Paris, la nuit y Palco nos presentan a las protagonistas de la vida nocturna que tanto le llamaron la atención, envueltas en sus ropajes etéreos y lujosos.

Los bailes gitanos, de gran plasticidad, constituyen un enfoque original de un tema que entonces estaba de moda, y en ellos confluyen el gusto por el color, la expresividad de los personajes, el aprecio por la música y cierto matiz exótico.

Segunda etapa parisiense (1904-1914)

En 1904, Anglada-Camarasa realiza un viaje a Valencia que marca un cambio radical en su pintura. A partir de entonces, en su obra predominan las escenas de inspiración folclórica: composiciones de tema valenciano, pero también escenas gitanas, o figuras femeninas con motivos que evocan la indumentaria popular, como mantones o peinetas.

Con el mundo gitano se relacionan el estudio al carbón para el óleo Desnudo bajo la parra y el baile de mantones de Madrugada. Vuelta de la verbena. En la majestuosa figura de Novia valenciana destaca el brocado del vestido, que contrasta con la finura de los brazos. La Sibila, enigmática mujer de sugerente título, y la figura vestida de torero de El ídolo completan la representación de este tipo particular de retratos, en los que se combinan mirada, texturas y atavíos. Anglada busca en ellos el color, el efectismo y la brillantez escenográfica, alejándose de la anécdota y de los vínculos literarios.

A partir de 1905, Anglada-Camarasa pinta una serie de obras de inspiración folclórica y tamaño considerable, alejadas del regionalismo pictórico que estaba en boga, y que se vinculan con un proyecto para la decoración de un palacio, una aspiración que no llegó a ejecutar. A este conjunto pertenece Los enamorados de Jaca, serenata nocturna de guitarristas ambientada en un pueblo de Aragón.

Primera etapa mallorquina (1914-1936)

Antes de estallar la Primera Guerra Mundial, Anglada-Camarasa abandona París y se traslada a Mallorca. Instalado en un lugar de gran belleza y serenidad como era Port de Pollença, realiza una obra centrada básicamente en el paisaje, que él interpreta y plasma con una pintura exuberante, de colores vibrantes y fuertes contrastes.

Los árboles, los peñascos, la bahía, se convierten ahora en protagonistas de sus cuadros. El paisaje de interior también le atrae, y pinta a menudo los parajes de La Vall d’en March, en el camino hacia Lluc. Otra variante paisajística es la que practicó en El Pinaret, finca de su propiedad en la que se dedicó al cultivo de rosas y frutales; a este jardín particular corresponde Hort de les maduixes.

A pesar de las novedades, no abandona los retratos femeninos, a menudo realizados por encargo, aunque ahora presenta las figuras en ese entorno mediterráneo, como en el caso de Adelina del Carril de Güiraldes. Tampoco deja de lado las escenas de baile gitano.
El único contacto documentado que conocemos de Anglada con Aragón tiene lugar en 1916, en un viaje de Barcelona a Madrid, pues durante el trayecto realiza unos dibujos de las montañas de Alhama. Dos de ellos se exhiben en la muestra.

Guerra Civil y postguerra (1936-1959)

Al empezar la Guerra Civil española, Anglada se encontraba en Barcelona. Republicano y masón, no puede regresar a Mallorca y se refugia en Montserrat, donde el paisaje de la montaña y las panorámicas desde esta se convertirán en protagonistas de sus lienzos.

Al final de la guerra le siguen los años de exilio en Francia, en la estación termal de Pougues-les-Eaux. La situación, marcada por la lucha armada con Alemania, le impide pintar en condiciones deseables, pero su talante optimista pone freno a los contratiempos. En los huertos y jardines cercanos obtiene material con el que realiza composiciones florales o bodegones, pinta paisajes del entorno cercano y cuando las dificultades arrecian acude a su memoria para construir escenas imaginarias, a menudo ambientadas en el paisaje y la luz de Mallorca.

En 1948, con setenta y siete años de edad, consigue regresar a Mallorca. En esta segunda etapa mallorquina la actividad pictórica es más reducida, y se recrea en temas tratados en etapas anteriores. Gallo de San Pedro es uno de los mejores lienzos de este período y una de sus últimas grandes composiciones.

Comentarios  

0 #1 aaa 12-06-2013 23:51
Buenísimo el Anglada este

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