No está mal afrontar la cuesta de enero de la mano de un libro, una novela, un poemario u otro que plazca al lector. Porque leer un libro es encetar una hogaza de pan recién horneado, siempre sustancioso y reparador para andar el camino. Una manera de entretenerse cultamente y evadirse de la brega diaria, y hasta de la crisis. Una forma de dialogar con el autor, de abrir las puertas de nuestro yo a otras formas de ver y pensar. Leer un libro es también agitar nuestra curiosidad y estimular la imaginación, porque un buen libro es un palacio henchido de sabiduría, de ficción o de lirismo, en el que merece la pena tomar asiento plácidamente para saborearlo con fruición y empaparse con su espuma.

Pan de hogaza reciente para escalar esta empinada cuesta de enero, que en su vertiente literaria nos trae dos títulos de autor bembibrense, a los que paso a referirme. El primero, Alas los labios, de una poeta de largo recorrido, Pilar Blanco, consagrada y avalada ya por importantes premios. Y el segundo, La máquina de Perssin, de un autor novel, Fernando Domínguez, que se estrena en el mundo de la novela, y al que auguramos y deseamos también larga vida literaria.

Pilar Blanco inició su caminar poético en 1982 con un título sugerente y anunciador, Voz primera, al que siguieron Mundos disueltos (1999), Vocabulario íntimo (1998), A flor de agua (2000), La luz herida (2004) Ceniza (2005), El jardín invisible (2007), la antología Con la cal en los dedos (2012), y varios más hasta un total de doce títulos, que ese es el número que alcanza su último poemario, Alas los labios, publicado a finales de 2013. Un libro pequeño y bello en su materialidad, pero profundo y emocional en su contenido, porque a veces la esencia, la materia prima, está en la brevedad e intensidad del bálsamo, y no en la cantidad. Tal es el mensaje de este poemario que desbroza los paisajes interiores a cielo abierto buscando en su recorrido la luz de la respuesta, aunque a veces no se encuentre. Una joyita lírica, en definitiva, que se hace presente en este pequeño pero significativo botón de muestra. “El manantial” / Cuando la vida amaine / y queden solo su eco o su espejismo, / la sal cristalizada de la lluvia / el ascua de la estrella. / Cuando los años lleven a tierra sus pedazos / y toda conjetura sea ceniza / los restos del milagro diluyéndose. / Cuando no esperes más y esperes lo infinito, / recupera la nieve. / Su silencio.

Siempre me ha llamado la atención, por otra parte, el hecho de que siendo Pilar Blanco una mujer universal en su ser y en su decir poético, mantiene, además, una fidelidad absoluta a su lugar de origen. “Nació en Bembibre”, dicen todas las reseñas biográficas de sus libros, eludiendo, con frecuencia, otros datos que pudieran ser de mayor interés para el lector de su obra, como, por ejemplo, la relación de sus ocho premios y accésits, ciertamente importantes, y entre los que hay que destacar el “Francisco de Quevedo”, el “Miguel Hernández-Comunidad Valenciana” (internacional) o el “San Juan de la Cruz”.

En fin, el río de la vida ha llevado a Pilar Blanco hasta Alicante, donde vive entregada a la enseñanza de la Literatura y a la creación literaria, pero sin olvidarse nunca, como digo, de sus querencias, de confirmar su nacencia bembibrense en cada nuevo hijo-libro que alumbra, porque, como escribe en uno de ellos, “mi patria es la memoria”.


Y de Pilar Blanco a Fernando Domínguez, un autor emergente, nuevo en el ruedo literario, como ya se indicó anteriormente, pero al que hay que saludar con toda la ilusión que suscita el recibir a un recién llegado, en este caso al mundo de la novela  infantil. Nacido en Bembibre, donde sus padres acababan de llegar como maestros en 1973, aquí creció, jugó y cursó la enseñanza primaria y el bachillerato, trasladándose luego a Valladolid para estudiar Ingeniería Industrial y después a Madrid, donde trabaja y reside actualmente con su mujer y sus tres hijos.

Muy aficionado, desde joven, a las novelas de intriga y espionaje, cuya lectura le sirve para desconectar del trabajo y del agobio de la gran urbe, hace tiempo que decidió dar el paso de la lectura a la escritura y a la ficción, tejiendo así su primera novela, La máquina de Perssin. Una trama detectivesca cuajada de aventuras y emociones que se desarrolla en un insólito paseo por el Madrid subterráneo en el que viven, estudian y llevan una apacible y feliz existencia los ratoncitos Jámichi, Cáchuca y Jánuja que luchan por encontrar a su desaparecido profesor Clod. Un asunto que empieza a resolverse siguiendo la pista de una misteriosa inscripción grabada en un bolígrafo para sumergirse luego en la lucha de dos organizaciones secretas.

La máquina de Perssin, cuyo título parece aludir en su resonancia a la profesión del autor, es en sí una novela para niños de diez o doce años en la que se refleja una historia de solidaridad y amistad, de afán por el estudio y la cultura, con un lenguaje asequible a ellos aunque nada simplón ni aburrido, para que la trama, aunque llena de imaginación, sea perfectamente lógica. Y lo más curioso, los ratones andan de bibliotecas donde leen y se preocupan por adquirir conocimientos, como buenos y ejemplares ratones de biblioteca. Nos encontramos pues ante una novela de entretenimiento, pero también que transmite valores, lo que le imprime un doble interés.

Fernando se encuentra ya elaborando el guión de la que será su segunda novela.
Dos estupendos libros para afrontar la cara culta y placentera, la menos fea de la cuesta de enero. Feliz viaje literario.
 

ALAS LOS LABIOS. Pilar Blanco. Ediciones Olcades, Cuenca, 2013

LA MÁQUINA DE PERSSIN. Fernando Domínguez. Edit. Atlantis, Madrid, 2013

 

Jovino Andina Yanes

 

 

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Comentarios  

0 #1 mmmmm 20-01-2014 12:28
Bonito artículo, que incita a leer. Y eso no es nada fácil. Además es un gusto saber que Bembibre también da buenos autores.

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