La Casa de las Culturas acoge, desde el 13 hasta el 30 de junio, una exposición del grupo “L-Araña”, un colectivo de artistas que nació en la Facultad de Bellas Artes de Sevilla en 1990. Su nombre se debe precisamente a una céntrica y comercial calle de Sevilla, “Laraña”.


L- Arañarte

“Cuando necesitamos una idea que defina la obra de un grupo de artistas, se busca el sentido último de  la existencia, como si al desvelar un misterio común pudiésemos comprender mejor su arte, la expresión del hombre, y por último la expresión de los latidos de una generación.                                                                                                                                                                                                                                               
El objetivo del artista ha de ser devolvernos, mediante operaciones conscientes, la integridad de la sensualidad y la fuerza emotiva de las cosas”.

Paul Valéry


Algunos llegaron a decir que fuimos una generación perdida, porque llegamos en plena efervescencia de la promoción del arte en Sevilla que fue una especie de espejismo, los 80, con la revista Figura, con la llamada nueva figuración, que nacía con un grupo de pintores en la Facultad, y promocionada por entidades públicas y privadas como la galería Juana Aizpuru, el Monte de Piedad y Caja de Ahorros, entre otras muchas. Mientras en esos momentos muchos artistas eran elevados a la categoría de grandes promesas y veíamos como en esos últimos años de nuestros estudios de Bellas Artes preparándose la Exposición Universal del 92, eran llevados a las más altas cumbres y eran promocionados durante sus estudios, nuestra promoción empezaba y veía una exaltación del arte y de la expresión individual del artista que hacía creer en el porvenir de una sociedad que apreciaba el arte, la cultura y la expresión creativa del individuo y de la sociedad.

Sin embargo este espacio soñado en el que el artista crea libremente no fue fácil cuando en el 90 terminamos la carrera, la opción para poder mantenerse creando era trabajar en otro ámbito que reportase dinero para crear. Se empezaron a cerrar galerías, teatros, certámenes, ante esta situación se abrían varias opciones, trabajar en la Restauración de obras de arte, que en ese momento resurgía con el trabajo de reconstrucción y rehabilitación de la ciudad durante la Exposición Universal o la Enseñanza. Excepto nuestros compañeros Daniel Bilbao y el pintor Jesús Algovi que fue promocionado en Alemania y que ahora reside en nuestra ciudad trabajando con la Galería Max Webre, el resto de la promoción, nos dedicamos a trabajar y a pintar o esculpir en el tiempo que nos quedaba…

Nuestro encuentro es la consciencia de que llevamos trabajando separados pero en ideas comunes y que éstas, cobran fuerza cuando nos unimos. Consideramos que somos creadores en una sociedad compartida y en la que trabajamos con ideas que dan cuenta de este momento crucial de nuestra sociedad, pero también de aspectos universales tratados por el arte.

Así algunos como Carlos buscan en la piedra esa forma perfecta, redonda, búsqueda de esa imagen idílica de encontrar lo blando en la dureza de la vida, madre perfecta que todo lo comprende y lo perdona, creación del objeto que nos salva de lo efímero, Ángel Yuste elige una palabra para describir la realidad, una realidad que como decía Dadá está abierta a las posibilidades de arrellanarse en los cojines… la sociedad burguesa, que no busca más, son los Acomodados; Ángel Pantoja parte de la idea, no se deja llevar por la materia, la domina y domeña, expresando con esa imagen actual impactantemente icónica la esencia del hombre en su lucha por los conceptos, las costumbres, las apariencias de la sociedad actual; Celso busca en un retrato la expresión de la libertad, el juego, la búsqueda que es el arte puro y es la vida en su plena expresión, María Luisa atrae su idea al mundo del Tánatos y las fuerzas telúricas que mueven al hombre y lo hacen zarandearse y caminar movido por los hilos del destino, Isidro encierra el objeto en espacios pequeños, constreñidos, alma que no consigue expresar su infinito poder y se calla encerrada en su habitáculo siniestro. Begoña inunda de luz el cuadro, busca ese momento feliz, infinito en el que la vida se envuelve de lo cotidiano para hacerse mágico, Carmen se aleja de los objetos, los deja actuar, con la latencia de las cosas que nos sobrevivirán algún día, las que seguirán ocurriendo cuando no estemos, el eterno fluir de la existencia, Antonio Morales describe la situación del parado en la sociedad actual, su búsqueda incansable, sus preguntas constantes, Antonio Mota eleva un cuerpo y lo hace latir debajo del metal, y lo hace pensar, meditar, expresar las ideas transcendentales del ser humano, y por último Ángeles de la Torre me recreo en un espacio cubicado y medido del que busco escapar encontrando espacios para la verdadera existencia: expresión de nuestros sentimientos y nuestra conciencia como seres humanos.

Larañarte, nace al recordar una calle, calle Laraña de Sevilla, en la Facultad de Bellas Artes…                                                                                                                                                         

Ángeles de la Torre Bravo

 

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