Con motivo del reciente fallecimiento en Albi (Francia) del pintor Francisco Bajén, nacido hace 102 años en San Clemente (Cacabelos), el escritor berciano Fermín López Costero, autor de la única biografía que existe sobre él en español, nos acerca de manera breve a su persona y a su obra.

No me resulta fácil escribir a propósito del fallecimiento del pintor Francisco Bajén. Las palabras hoy me exigen mucho más de lo habitual y yo, torpe, no atino a ordenarlas convenientemente. Es obvio que la noticia me ha cogido desprevenido, que Bajén era para mí un ser inmortal, como lo es, desde hace tiempo, su obra. Sin embargo, el pasado sábado por la mañana, a través del hispanista Jean-Jacques Fleury, recibí la noticia de su muerte en Albi (Francia), a los 102 años. Una vida larga, que Bajén acabó consagrando en gran medida a la pintura, su gran pasión junto a la literatura, pues también era un gran lector.



Francisco Bajén nació en 1912 en la pequeña localidad berciana de San Clemente, cuando ésta pertenecía al municipio de Villafranca del Bierzo (León) ―desde 1987 forma parte de Cacabelos―. De joven le entusiasmaba el dibujo, pero acabó estudiando economía y francés y trabajando como empleado de banca. En 1937 se casó en Barcelona con Martine Vega (1915-1974), una joven vizcaína de Sopuerta, cuyo verdadero nombre era Libertad Granja. Finalizada la Guerra Civil con la victoria de los sublevados, Bajén, que era oficial del Ejército Republicano, y Martine se refugiaron en Francia, como tantos otros. Se instalaron en el departamento del Tarn (Midi-Pyrénées): localidades como Saint-Juéry, Monestiès o Albi dan buena cuenta hoy en día de la existencia en ellas de la pareja española. Emprender una nueva vida en el exilio no es fácil, pero Francisco y Martine eran jóvenes (27 y 24 años, respectivamente) y contaron con el aprecio de las gentes del Tarn, de ahí que pronto encarrilasen sus vidas. Además, rápidamente se integraron en el ambiente artístico y cultural de la región. Animados por sus nuevos amigos franceses, que advirtieron en ellos cualidades innatas, hacia 1946 tanto Francisco como Martine comenzaron a adentrarse, de manera seria y autodidacta, en el mundo de la pintura, cada uno en su estilo. Pronto, la obra de Bajén comenzó a suscitar interés y, en 1953, nuestro pintor se alzó con el Primer Premio de Composición en el «Grand Prix» de Deauville; y en 1957 expuso con éxito en París, en la «Galerie René Drouet». Al año siguiente fue invitado a participar en la «3ème Exposition des Artistes Espagnols», que se celebró en el Palacio de Bellas Artes de Toulouse. En 1959, repitió experiencia y éxito en París. Y, en 1961, obtuvo nuevos premios y expuso en la afamada «Galerie Drouant» de París. Después, en 1964, sus cuadros llegarían a la Galería Léandro de Ginebra (Suiza), despertando una inusitada admiración; de hecho, la prensa ginebrina se deshizo en elogios hacia la obra de nuestro pintor. A partir de entonces, se puede decir que la carrera de Bajén ya está perfectamente encarrilada. La crítica especializada abundó también en los elogios y ensalzó la obra del exiliado español. Su pintura sorprendió a los especialistas en arte moderno más prestigiosos, como Jean Cassou, hispanista y conservador-jefe del Museo de Arte Moderno de París, o el crítico Jean Bouret. Pero fue a partir de 1966 cuando la obra pictórica de Bajén comenzó a internacionalizarse y a ver incrementada de manera notable su cotización. Coleccionistas europeos, norteamericanos y japoneses se interesaron por sus cuadros.



A juicio de los entendidos, Francisco Bajén es el pintor de la cotidianidad: analiza los acontecimientos entrañables de la vida de los seres humanos y su entorno, los paisajes que los rodean, sus diversiones… Pero en sus lienzos también aparece el recuerdo de la niñez y la primera juventud vividas en El Bierzo; en algunos de sus personajes se reconoce fácilmente la indumentaria típica del Bierzo, de Laciana o de la Maragatería. «España está siempre presente en mi pintura, pero creo que más que la España que viví (desgraciadamente, demasiado poco) es una España pasada por el tamiz de la literatura, una España revivida, soñada». Sin embargo, en su pintura también cobran gran relevancia la luz y el color, sobre todo la luz, estudiada por él a conciencia en los cuadros de Rembrandt y de Georges de la Tour. Una característica de los personajes de Bajén es que casi siempre aparecen con los ojos cerrados o entornados; esto es debido a la influencia recibida del arte khmer de Camboya.

En 1967, Bajén y su esposa adquirieron en el pueblo de Monestiès dos casas del siglo XVIII que se encontraban medio en ruinas, una de las cuales había sido residencia episcopal. Este fue el origen del actual y flamante Museo Bajén-Vega. Sin embargo, la realización de este proyecto se prolongó en exceso y Martine, autora de una obra pictórica breve pero intensa y muy personal, no logró verlo culminado, pues falleció en 1974, víctima del cáncer.

Los funerales por Francisco Bajén, pintor del silencio, de la luz y de la cotidianidad, se celebrarán el lunes 1 de septiembre, a las 14’15 (hora local), en la catedral de Santa Cecilia de Albi.

Fermín López Costero

 

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