GONZÁLEZ TUÑÓN, Susana Matilde Cecilia. La Rebollada (Asturias), 22.XI.1879 – Bembibre (León), 1.IX.1960. Maestra.

Susana ve la luz en 1879 en el seno de una familia de clase media, siendo sus progenitores, Victoriano Reinerio González Menéndez, profesor de magisterio y bellas artes; y Laura Tuñón Mata. El padre, natural de Mieres (Asturias), era hijo de Fulgencio González Pajarón y Juana Menéndez García de la Llera, coterráneos de las poblaciones asturianas de Lieres (Siero) y Mieres. Por su profesión de Maestro de Primera Enseñanza permanecería vinculado a la Escuela de La Rebollada (del 6 de febrero de 1873 al 6 de junio de 1883); a la Escuela Normal de Lugo (del 9 de noviembre de 1884 al 17 de marzo de 1890); y a la Escuela de Niñas del Barrio de Garás, en La Coruña, desde el 18 de marzo de 1890; grupo que llegaría a dirigir y que con fecha de 11 de enero de 1900 se integra en el complejo de las Escuelas Da Guarda de La Coruña. Victoriano impartió a su vez, en la mítica Crunia de los romanos, clases de lengua de señas para sordomudos, que solía acompañar de ideogramas (al tratarse de un consumado dibujante); y también para ciegos. La madre, Laura Emilia Tuñón Mata, oriunda de Pola de Lena (Asturias), era hija de Gaspar Tuñón Delgado y Josefa Mata Espiniella; y formaba parte de un linaje de gran preeminencia en el tejido social y educativo del concejo de Lena.

El cursus honorum que se ciñe en torno al peregrinaje didáctico de su predecesor, que transcurre entre la cuna de la Reconquista y el faro de Hércules, nos ayuda a entender, modelar y reconstruir la infancia, adolescencia y vocación artística y cultural de una mujer que bajo el patrocinio de su mentor, emulo del mismísimo centauro Quirón, se inició en el mundo de las letras en Da Guarda y acrisoló una formación académica tan brillante en la Escuela Normal de La Coruña, entre los años 1889 y 1893, que la diosa griega de la sabiduría Atenea, la acogió bajo su égida.

Con el título de Maestra Nacional de Enseñanza Primaria recientemente obtenido y al objeto de poner en práctica los conocimientos de instrucción didáctica adquiridos, Susana González, nuestra diletante profesora, llega a la capital del Boeza en 1898 para hacerse cargo de la Escuela de Primera Enseñanza de Bembibre, que tutelaría sin interrupción hasta el año 1935. Dª Matilde, como solían llamarla cariñosamente sus alumnas, era una maestra inteligente, apasionada de la lectura, entusiasta de la historia, de la literatura, de la poesía y de la narrativa breve (escribía cuentos que luego relataba en el colegio); le seducían el teatro y la zarzuela y estaba dotada además, de un especial ingenio para el bordado y el dibujo. Cualidades y virtudes que transmitía a sus educandas y con las que embelesaba a quienes se dejaban atrapar por la destreza de sus manos y la fascinación de sus figuraciones y entreactos. Institutriz de renombre en los círculos y tertulias de índole artístico, pedagógico y recreativo, con un marcado carácter de renovación comunitario, que forjó un modelo de mujer más abierto y dinámico y, comprometido con la sociedad del momento.

Y aquí, en la villa que inmortalizó para siempre el egregio Enrique Gil y Carrasco con su novela El Señor de Bembibre, la joven preceptora, impregnada del halo romántico de aquella legendaria Beatriz Osorio, conoció al médico Felipe Gago, que montado en un gallardo corcel cruzaba la Plaza Mayor como si fuera un revivido Álvaro Yáñez dirigiéndose a su castillo. Y como si de un maravilloso cuento de hadas se tratase, Dª Matilde, contraería esponsales con su venerado caballero el 12 de abril de 1899, en el emblemático Santuario del Ecce Homo.



El acreditado galeno de la antigua Benevivere había nacido el 5 de febrero de 1871 en la casa solar de los Gago (emplazada en la calle Oscura, nº 1); y era hijo del hacendado y juez municipal, Antonio Gago González y de Gertrudis Rodríguez Garrote. El padre, natural de Bembibre, era hijo del facultativo Diego Gago Fernández Grandizo y de Petra González Fernández, oriundos respectivamente, de Ponferrada y Salas de los Barrios; y procedía por la estirpe de los Gago, de una familia de avezados doctores iniciados en las artes clínicas y terapeutas (que tan magistralmente trazó hace casi cinco mil años el célebre médico forense egipcio Imhoteh). Constatamos documentalmente su establecimiento en la Villa del Último Templario en el primer tercio del s. XIX, con figuras tan significativas como Diego y Pedro Gago, cirujanos titulares de Bembibre; por un lado, en el periodo 1832-1835; y, por otro, en el intervalo 1832-1838.

Y por el linaje de los Fernández Grandizo, de una hidalguía asentada en la Perla del Boeza en el s. XVIII; fiel observadora de la medicina del conspicuo galeno  Hipócrates de Cos; y representada primordialmente por Ramón y José Fernández Grandizo, médicos titulares de la localidad, en el primer caso, en el curso 1805-1835; y, en el segundo, en el ciclo 1838-1840

La madre, convecina de Bembibre, era hija del terrateniente y comercial, Bernardo Rodríguez de Cela y de Manuela Garrote Mansilla, naturales a su vez de la mencionada urbe y de la bimilenaria ciudad de Astorga. Y descendía por la progenie de los Rodríguez de Cela, de una nobleza originaria de Villafranca del Bierzo, embebida igualmente de las prácticas del legendario médico griego Asclepio. Una rama colateral de la misma fija su residencia en esta fértil cuenca a mediados del s. XVIII, de la mano del sanitario Pedro Rodríguez de Cela, barbero del Hospital de San Juan Bautista de Bembibre, en el lapso 1753-1763.

Este próvido hijo de la villa falleció el 17 de diciembre de 1945, a la edad de 74 años, tras haber ejercido de médico titular de la población a lo largo de treinta y siete años (del 3 de marzo de 1906 al 3 de mayo de 1943); quedando de sus esponsales con la virtuosa Susana González, cinco hijos: Antonio, Reinerio, Darío, Carlos y Román. Todos ellos marcados por el estigma de sus ascendientes y con un enfoque muy cosmopolita y emprendedor de una España en la que se estaban produciendo cambios estructurales y políticos desde el punto de vista social, económico y tecnológico; y avances notables en el del mundo de las artes, de las ciencias y de las letras.  

Por su parte, nuestra esclarecida instructora, en reconocimiento a la importante labor pedagógica y cultural desarrollada en la Escuela de Niñas del Primer Distrito de Bembibre, es distinguida el 1 de diciembre de 1925 con el título de Hija Adoptiva de la Villa de Bembibre. Con tal motivo el equipo de gobierno municipal encargaría en 1928 al pintor y calígrafo, Vicente Llópiz, la confección de un pergamino miniado. Este mismo artífice, como capitán de intendencia de León, había ejecutado en 1927 una pintura de idéntica factura para el general Severiano Martínez Anido, ministro de la Gobernación en la Dictadura de Primo de Rivera.

La leyenda descriptiva que acoge el cuerpo apergaminado del texto que se le entrega a Dª Matilde se timbra con un dibujo a plumilla de extraordinaria calidad y coloración cenicienta, con texturas trabajadas con especial delicadeza, ofreciendo una perspectiva de la ilustración muy lograda que mantiene la continuidad estilística en el puente que se yergue sobre las aguas del río Boeza, en la disposición arquitectónica de la Fábrica de Licores y en el hermoso paseo arbolado que como ángel custodio del camino emerge a su vera.

Obra pictórica que evoca el agradecimiento tributado el 13 de diciembre de 1926 por la Villa del Último Templario a Susana González, al rebautizar en su honor el vial que une a esta localidad con la estación del ferrocarril como “Calle de la Maestra Susana González Tuñón”.  Todo ello, en un emotivo encuentro alentado por el alcalde, Juan Antonio Velasco Cubero y el secretario municipal, Alberto Blanco Alonso; y en el que estuvieron presentes además de los vecinos y estudiantes de la localidad, el gobernador civil de la provincia, José del Río Jorge, el delegado gubernativo, José Mourille López, el delegado de la Caja Postal de Ahorros de la Provincia y el inspector jefe de Primera Enseñanza de la Provincia, Modesto Medina.

A lo largo de su existencia, Dª Matilde, organizó asimismo funciones cinematográficas, teatrales y musicales en el Teatro Gil y Carrasco y el Casino de la Unión, con la finalidad de recabar fondos para auxiliar a lo más necesitados y con los que incentivar económicamente a los alumnos más depauperados y con becas a los más aptos (esencialmente a través de la promoción de la Fiesta del Ahorro); y de inculcarles el amor a la naturaleza con la realización de la Fiesta del Árbol.



La eterna gratitud que la Villa del Boeza sentía por tan preclara mujer, se puso de manifiesto en el homenaje celebrado el 7 de julio de 1935 en el Casino de la Unión, a esa maestra modelo “que durante treinta y siete años dirigió los destinos de las jóvenes del lugar”. Glosas de distinción y sentimiento le ofrendaron sus condiscípulas Amparo Merayo y Pura Fernández;  y le prodigaron a la par el presidente y la secretaria del Centro de Colaboración Escolar de Bembibre, Agustín Alonso Jambrina y Consuelo Álvarez González; y el inspector de Primera Enseñanza de este distrito, Luis Vega Albares, que como colofón puso de relieve “las buenas cualidades de doña Susana; su amor a la Enseñanza y  la constancia en el trabajo”.

Y por último, la homenajeada, agradeció con hermosas palabras las muestras de afecto recibidas, poniendo el broche final a tan loable acto brindando con lágrimas en los ojos por España y los presentes. Y para perpetuar su memoria se encargó al fotógrafo vallisoletano, J. Gerbolés, un retrato de Dª Matilde, que a modo de icono imperecedero presidiese las dependencias de la Escuela de Niñas del Primer Distrito de Bembibre que con tanto mimo rigió.

Luego, con el paso del tiempo, las indisposiciones propias de la longevidad y la pérdida de visión fueron eclipsando poco a poco su persona; sin embargo, no se amedrantó ante ello y resguardada por el nimbo protector de su ángel de la guarda, urdía día a día su destino como si de una musa se tratase. Pero todo llega a su fin y la vida de esta sublime mentora se apaga en su Villa de Adopción el 1 de septiembre de 1960.

Y aquella legión de educandas que tuvieron el honor de conocerla y dejarse seducir por sus amplios conocimientos, la nombró a título póstumo Maestra Predilecta de la Villa de Bembibre; y ya nunca pudieron olvidar el legado intemporal de aquella extraordinaria mujer porque la pluma de la omnisciente deidad de la justicia Temis, lo escribió con fuego en lo más recóndito de su alma.

Manuel Olano Pastor

 

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