Hacía tiempo que no sentía emociones tan intensas en el cine. Y con El hijo de la novia me la pasé con lágrimas en los ojos y carcajadas incontrolables. No me da ningún pudor confesar estas emociones. El hijo de la novia, que además es un título ciertamente original, nos hace pasar de la carcajada al llanto en unos segundos y nos permite disfrutar de ambas emociones de igual modo. Es una película-catarsis, una auténtica liberación, que se agradece en estos tiempos de zafiedad y artificios insostenibles. Detrás de esta genial película hay siempre un guión extraordinario, unos diálogos inteligentísimos y muy ingeniosos, capaces de hacernos repensar nuestra vida de mediocridad y automatismos varios.

El hijo de la novia es una de esas películas que te mantienen con los ojos abiertos y el ánimo encendido en todo momento. El director, Juan José Campanella, consigue un equilibrio perfecto entre lo dramático y lo cómico. Y en ningún momento uno siente que la historia sea ñoña, dulzarrona, o que al director se le haya ido de la mano. La genialidad de una película a menudo reside en un  buen guión y en una excelente dirección de actores. Lo demás está al servicio de la técnica. Pero si no funciona el guión, y los actores son unos tarugos, la película se cae por su propio peso. En el caso de esta hermosa y emocionante película los personajes están muy bien construidos y los actores bordan sus papeles, sobre todo el protagonista de la historia, Ricardo Darín, conocido de un amigo mío.

A mi edad, dice Darín, ya sólo tengo un sueño, y mi sueño es irme a la mierda, que nadie me joda. Lo importante es que a uno no lo chinguen, que lo dejen libre, que no lo tengan esclavizado a ningún sistema, ni a ninguna carrera frenética hacia la nada. Lo importante es poder volar libre como los pajaritos, y no estar atado a ningún pesebre. El gentío, a menudo, sueña con la gloria, con el dinero, con todo ese materialismo, en verdad grosero, que nos invade. Y al final uno se da cuenta, afortunadamente uno suele darse cuenta casi al principio, que el sueño del protagonista es un sueño muy inteligente, cargado de un sentido del humor  envidiable. La reflexión de Darín es pura dinamita, conmovedora hasta hacernos saltar las lágrimas, una vez más. Darín está que se sale de la pantalla, y Héctor Alterio y Norma Leandro nos invitan a creer en el AMOR.


“Una viva y original Comedia Sentimental. Puro oro cinematográfico”

Así ha sido calificada El hijo de la novia, una obra esencial en la cinematografía.

La he visto en varias ocasiones y siempre que la veo me procura emociones intensas, tal vez porque nada de lo humano me es ajeno, y me siento identificado con lo que nos muestra.

El amor de Nino Belvedere (Héctor Alterio) y Norma Belvedere (Norma Aleandro) como algo que nos hace soñar, incluso despiertos. Una entrañable y acaso indestructible historia de amor, a pesar de los pesares, aunque la vida se torne difícil y la enfermedad se revele como pesadilla.

Esta exitosa película argentina, dirigida por Campanella y estrenada en   2001, fue nominada al Oscar a la mejor película de habla no inglesa, galardón que al final no obtuvo, aunque sí logró un gran reconocimiento en su propio país y aun en otros muchos países. Curiosamente, este director argentino conseguiría este premio por su película El Secreto de Sus Ojos, unos años después.

Con un guión inteligente, que apuesta por lo emocional, y una solvente dirección de actores, además en estado de gracia, Campanella, que desciende de Taramundi, como me dijera Jovino Andina, realiza una obra maestra del cine de los últimos tiempos.

Campanella y Castets, los guionistas, construyen una historia bien hilvanada, con diálogos ágiles, ingeniosos, veraces y llenos de buen humor, que aderezan este drama -puesto que aborda la enfermedad del Alzheimer- sobre la naturaleza del ser humano: las relaciones de pareja, la familia, la amistad, el trabajo, la búsqueda de sueños…

Dicho sea de paso, Fernando Castets y Juan Vera, co-guionista y productor respectivamente de esta peli, estuvieron hace años en la Escuela de Cine de Ponferrada para impartir una clase magistral. Los recuerdo con afecto.

El hijo de la novia es una comedia sentimental, como se ha dicho, pero también es un drama y un melodrama que nos cautiva y remueve las entrañas. Como la escena final en la que Nino mira con devoción a su mujer afectada de Alzheimer, sobre todo cuando comienza a sonar ‘La ceremonia’, la bella composición de la banda sonora compuesta por Illarramendi. No en vano, la banda sonora contribuye a enfatizar algunos momentos emocionantes. Y por eso es melodramática.

Por su parte el elenco actoral, sabiamente elegido, está soberbio, colosal. Se trata de grandes actores como Darín (un genio de la interpretación, que ya había estado a las órdenes de Campanella en El mismo amor, la misma lluvia, y ahora lo vemos en la reciente Relatos Salvajes), Héctor Alterio (consagrado) o Eduardo Blanco (con un visaje cómico desternillante) y actrices como la gran dama Norma Aleandro (que a su vez es directora, a la que pude ver en el teatro Bergidum hace años) o Natalia Verbeke, que hace un papelón como novia de Rafael (Ricardo Darín). Incluso están formidables en sus actuaciones Sandra (Claudia Fontán), la ex mujer de Rafael Claudia, y su hija Viky (Gimena Nóbile).

En esta película Rafael (Darín) es el prota, que sufre una crisis existencial a partir de los cuarenta, a resultas de su divorcio, el estrés, el distanciamiento con su madre Norma (Norma Aleandro) y también con su novia Naty (Natalia Verbeke), entre otras circunstancias, y es cuando se replantea su vida, llegando a verbalizar, delante de su novia, que le gustaría “irse a la mierda, sin que nadie lo joda”. Un momento memorable, en el que Verbeke está estupenda como actriz. Asimismo, también me parece reseñable la secuencia en una cafetería, cuando Naty le dice a Rafael que no le va a permitir que él juegue con ella, porque “ella sí vale la pena”.

Otras escenas, que se me antojan inolvidables, son la petición de mano que le hace Rafael a Naty a través del portero automático, cuando Juan Carlos (Eduardo Blanco), el mejor amigo de Rafael, le acaba confesando que se ha enamorado de su novia (Naty) o bien la ceremonia de la boda de Nino y Norma.

La película está concebida o planificada en función sobre todo de primeros planos, que es un modo de resaltar la expresividad o el alma de los actores y actrices, así como el empleo del archiconocido plano-contraplano, y aun otros recursos como la profundidad de campo o los reflejos en los cristales.

La historia se cuenta a través de flashbacks que nos muestran al protagonista rememorando con nostalgia diferentes momentos de su infancia.

Una belleza conmovedora hasta hacernos saltar las lágrimas y reírnos a carcajadas a partes iguales. Es lo que tiene el arte.

Manuel Cuenya

 

Conferencias de Cine de Bembibre. "El Hijo de la Novia". Viernes, 24 de octubre, a las 20.15 horas, en el Teatro Benevivere.

 

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