Continuando con el ciclo programado por el ayuntamiento de Bembibre con ocasión de la Salida del Santo, el profesor bembibrense José Manuel Martínez disertó este martes sobre “Pinceladas históricas de nuestra cultura gastronómica y la fiesta”. Una amena y documentada conferencia acerca de la historia de la alimentación en España desde la época romana hasta nuestros días, pasando por la cocina monacal, la del Siglo de Oro o la incorporación de nuevos ingredientes llegados del Nuevo Mundo, como las patatas y pimientos; salpicada asimismo con menciones literarias que aparecen en el Quijote, Lope de Vega o Góngora. Un tema, el de la gastronomía, bien a propósito con la fiesta que esta semana convoca a las gentes de Bembibre y la comarca del Boeza, donde la buena cocina juega un papel muy importante a la hora de reunirse y compartir viandas, recuerdos y proyectos con la familia o los amigos. No se olvidó el conferenciante de homenajear a la mujer bembibrense, como guardiana y transmisora de los saberes y sabores de la cocina tradicional.

El profesor Martínez, del que este medio se hizo eco en febrero de este año cuando ingresó en la Academia de Ciencias Veterinarias de Castilla y León, es también autor del libro-cuaderno “Aquel molino de pimentón y aquel taller de carpintería”, publicado ex profeso para la comida que tuvieron el pasado sábado los Rodríguez-Castro; en la que se reunieron los descendientes de este tronco familiar, en número cercano a las 80 personas de los 93 componente actuales.

Aquel molino de pimentón no es otro que el “molino de la Blanca” existente en el barrio de la Fuente, al que acudían a moler los pimientos de cosecha propia las gentes de Bembibre y pueblos de la redonda, pimentón que luego se utilizaba para sazonar el embutido en la matanza del cerdo. Este popular molino, que cobraba una maquila de 10 céntimos por libra, equivaliendo dos libras a algo menos de un kilo, funcionaba en la temporada de noviembre a enero hasta el año 1966 en que se cerró definitivamente. A la par, el taller de carpintería de Abelardo, marido de la Blanca, compartía espacio con el molino, y en él llegaron a trabajar, además del dueño, dos oficiales y un aprendiz, que fabricaban, por encargo, puertas, ventanas y demás muebles habituales a mediados del siglo pasado.

J.A.Y.

 

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