Un aspecto a destacar del Museo “Alto Bierzo” es la importante muestra de instrumentos o útiles relacionados con la confección de manufacturas textiles: la rueca, el uso, el torno, el telar, el aspador, la carda, la cizalla, el argadillo o devanadera, el espadín, el rastrillo, el ripio…La pieza estrella de esta colección museográfica es el telar de bajo lizo o de urdimbre horizontal en el que se utiliza la lana y el lino para la elaboración de prendas de vestir, ajuar y géneros varios con destino a actividades agropecuarias o artesanales (alforjas, mantas, costales, talegos o sacos). Está compuesto por distintas piezas de madera fijas y móviles que tienen por objeto entrecruzar los hilos perpendicularmente dispuestos, en urdimbre y trama. Posee unas medidas aproximadas de 1,46 m de largo x 1,56 m de ancho x 1,82 m de alto.

En la parte central del peine aparece labrada una estrella de ocho puntas o estrella de Salomón que representa el sol, el astro rey; flanqueado por las siglas B F, que tal vez correspondan a las iniciales del artesano o taller donde fue realizado el telar. Desde el punto de vista cronológico se circunscribe a la primera mitad del s. XIX. La pieza fue adquirida por el Museo “Alto Bierzo” en Orense en el año 2003 y restaurada en Bembibre por el artesano, Eduardo Núñez Cobo.

El telar es representativo de una época en la que el cultivo del lino ocupaba grandes extensiones del terrazgo productivo, lo que se infiere de la abundancia del topónimo “Los linares”, tan inseparable de las riberas y valles del Bierzo. Y aunque en el transcurso del Antiguo Régimen el número de manufactureros locales era casi irrelevante, la producción artesanal era una fórmula de obtención de ingresos subsidiaria, dentro de una sociedad enmarcada en el sector primario.

La industria textil del lino, restringida en el Bierzo Alto al ámbito meramente familiar, con unos canales de intercambios más endebles y reducidos que los de los paños maragatos, se vio condicionada desde un principio por las crisis coyunturales originadas por la fuerte competencia, por el freno de la demanda y el consiguiente retraimiento de las compraventas. Aunque, frente a estas trabas cíclicas, tuvo a su favor una menor dependencia de los mercados y del abastecimiento de la materia prima, dado que en gran medida es producida por las propias explotaciones agrarias

Siglas del fabricante
Siglas del fabricante

Por entonces para poder ejercer el oficio de tejedor o tejedora era necesario pasar una serie de pruebas ante un grupo de especialistas. Ilustra lo expuesto, el examen a que fue sometida el 13 de diciembre de 1792 la joven de San Román de Bembibre, María González; que había acudido al ayuntamiento de Bembibre para obtener el título “de tejedora de lienzo, estopa y otros géneros ordinarios de este país”. Los capitulares de la justicia ordinaria nombraron para evaluar su capacidad a los maestros examinadores y veedores, Apolinario Garrote y Toribio Núñez, “quienes le hicieron las rayas y señales de paso y contrapaso con otras preguntas y repreguntas (…) y la hallaron hábil y suficiente para que pueda usar y ejercer el mencionado oficio”. Otorgándole el correspondiente documento acreditativo firmado por el escribano de número de la villa, Juan Melcón Flórez.

Debido a la alta calidad del paño manufacturado en Bembibre y su jurisdicción muy pronto comenzó a ser exportado a Castilla. A mediados del s. XVII se desplazaba a comprar lienzos a Bembibre el mercader de Toledo, Pedro Romero, tejidos que luego vendía en su ciudad natal. En 1666 nos relata la crónica de uno de sus accidentados viajes de regreso:

Yendo para dicha ciudad, pasando por el dicho paraxe [de la Puente de Lagares], con ser persona que avia pasado tantas veces por el y que sabia el vado, yba tan creçido el dicho rrio, que se vio aogado porque la mula en que iva, con la fuerça del agua se la llevo y al susodicho y caio al rio y la mula se fue por el abaxo y este testigo sino acudiera xente se aogara y ubo de bolberse a esta villa y a su possada y dexar el viaxe por entonces”.

Urdimbre y lanzadera
Urdimbre y lanzadera

El párroco de Bembibre y Arcipreste de Boeza, Agustín Gagoso y Monroy (1774-1806), se encargaba de adquirir lienzo fino en Bembibre para proveer a la Cámara de los Obispos Manuel Abad y Lasierra (1787-1791) y Francisco Isidoro Gutiérrez Vigil (1791-1805). Gayoso conocía de primera mano la delicadeza del lino de este núcleo pañero y las transacciones que se efectuaban en el mercado semanal de “lienzos muy blancos y de mucha duración, desde donde los llevan los compradores a toda la Mancha y otras partes del Reino con mucha estimación”. Y así se lo hizo saber en 1797 al geógrafo Tomás López de Varga Machuca. Asimismo, en las últimas décadas del s. XVIII, el comerciante catalán afincado en Bembibre, Miguel Valls, enviaba agentes a comprar paño en los diferentes mercados del Bierzo, para luego exportarlo a otros puntos de la Península Ibérica.

Conocemos a través del Catastro del Marqués de la Ensenada, elaborado en Bembibre en 1753, que el cultivo del lino ocupaba una extensión de 379 cuartales de tierra irrigada y de buena calidad. Materia prima de la que se obtiene linaza (producida a partir de la separación de la semilla) y lino (tras desunir la fibra). Contabilizamos a un total de 72 menestrales, que fabrican 1.325 varas de lienzo; de ellas el 33,2% se encuentra en manos de 11 industriales, que realizan 440 varas (40 por artesano), las 885 restantes se reparten entre 61, consignándose en 14 varas la media por trabajador. La producción media por vecino se sitúa en 18 varas.

Con la finalidad de incrementar su plantación, el Consejo Real, insta en 1787 a las autoridades episcopales de Astorga, a realizar un censo vecinal en la villa del Boeza, que atribuye a Bembibre 160 vecinos. Recuento que se inscribe en un la política mercantilista de la Corona, encaminada a conocer la dedicación profesional de los naturales y a cuantificar cuantos estarían dispuestos a introducir el cultivo del lino en sus haciendas, asegurándoles la simiente con el establecimiento de “un monte pío de linaza en Bembibre”. Lo que se llevaría a efecto por orden de Pedro Joaquín de Murcia, “miembro del Consejo Real y Supremo Colector General de Espolios, vacantes y más agregados”; que nombró como gerente del mismo a Isidro Alonso de la Carrera. Dicha cooperativa tenía su sede “en la antigua casa bodega del Santo Ecce Homo”, adquirida para tal fin el 1 de febrero de 1789 por la cantidad de 2.200 reales de vellón.

A lo largo del s. XIX varios autores recogen en sus obras testimonios alusivos a esta planta industrial y a sus excelentes manufacturas:

. Sebastián de Miñano y Bedoya, Diccionario Geográfico-Estadístico de España y Portugal (1826-1829). Con referencia al lino de Bembibre, señala:

Aunque corto y abertizo se puede hilar muy fino, pues lo permite su hebra; se siembra la última semana de junio y se recoge en fines de setiembre; de este y aun del de Castilla, se tejen muchas telas y se despachan en el mercado de esta villa, que es muy concurrido por los que negocian en este ramo; se le da una blancura a esta tela bastante notable, aunque su hilo no lleva la finura que permite el género. Hilan mucho de él los hombres a la rueca, costumbre muy general en el Vierzo”.

. Diccionario Geográfico Universal (1831-1834), editado en Barcelona por la Imprenta de José Torner. Al describir la comarca del Bierzo, indica:

La industria de los naturales consiste en beneficiar la lana y el lino, del que hacen un lienzo muy blanco, y fabrican paños ordinarios para vestirse. Venden el lino para la Mancha, reservándose por lo común para vestirse la estopa”.

Y al puntualizar sobre la provincia de León, dice:

El traje de sus habitantes es sencillo y de paño tosco fabricado por ellos mismos. Su industria principal consiste en fábricas de ferrería y de tejidos de hilo y lana”.

. Pascual Madoz, Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España y sus posesiones de Ultramar (1846-1850). Al analizar la economía de la villa del Boeza, expone:

En Bembibre se produce: vino, trigo, cebada, centeno, lino y algunas legumbres y hortaliza. Cría ganado vacuno y caballar, caza de perdices, y pesca de truchas. Industria y comercio: cuenta tres fábricas de alfarería y varios telares de lienzos, dedicándose sus habitantes con especialidad al cultivo de los pimientos picantes, que extraen en gran número para los pueblos comarcanos”.

Manuel I. Olano Pastor
Museo Alto Bierzo

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