Sergí RicartEl propio Sergí Ricart nos explica cómo se inició en la montaña, cuál ha sido su trayectoria, y nos emplaza para  esta tarde, a las 8:30 h, en la Obra Cultural de Caja España.

De bien niño, subido a la última rama de un pino, atalaya de mi navío fantástico, observaba con mis ojos hambrientos el amplio valle de la Cerdanya a mis pies y la altivez austera e inasequible del Cadí como telón de fondo, sin darme cuenta entonces que este entrañable Pirineo se estaba fraguando en profundidad como mi territorio emocional.

Ya de joven, empecé a escalar, saliendo a menudo con las cuerdas escondidas debajo de los libros y dejando que la naturaleza se convirtiese en mi lienzo en blanco de pintor novel. Prades, Montsec, Vall de Boí, ... seguí caminando y subiendo. Benasque, Ordesa, Gavarnie, ... convirtiendo las montañas y sus culturas en mi hogar y mi pasión. Alpes, Marruecos, Tatras, ... combinando mis estudios de Ingeniero Técnico Forestal con los de Guía de Alta Montaña. Y así me hice amigo del rebeco, del sisón y del mochuelo boreal. De las gencianas, los líquenes y los cirros. Y utilicé la fotografía como medio para expresar la belleza de un mundo que corría raudo bajo mis botas.
 
Así que, deseoso de caminar sin prisa, por fin un día me compré un billete por medio año para poder sumergirme en profundidad en los Andes y sus gentes. Bolivia, Perú, Ecuador. Enamorado, regresé al poco tiempo a ese formidable continente por medio año más. Perú, Bolivia, Argentina .Solo o acompañado, el viaje se había convertido en mi mejor escuela.

Y así llegó el momento de conocer el Himalaya. Medio año para improvisar, explorar, sumergirme, escalar. Absolutamente entusiasmado, ahorré de nuevo y regresé ocho meses más. Siempre montañas nuevas y desconocidas, territorios invisibles a los ojos del gran público, pueblecitos minúsculos donde comprender la esencia de la palabra Hospitalidad. De las casi cuarenta cumbres ascendidas en esas lejanas cordilleras, una cuarta parte no habían conocido jamás hombres en su seno.
 
Y pleno ya, después de esos diez increíbles meses de montañas, me despedí del Himalaya en el glaciar de Gangotri, en las fuentes del sagrado río Ganges, para seguir su camino líquido durante cuatro meses hasta su muerte en el Delta de Bengala.
 
Hoy, mientras imagino ya nuevos destinos, disfruto de mi querido Pirineo y trato de compartir con este audiovisual mi particular visión de las montañas.

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