Un momento de la inauguración de la torreLa población de Viñales descubrió este domingo la Torre del Centinela, el torreón de la vieja iglesia que se quemó en el año 1956 restaurada ahora para convertirla en un mirador propio del pueblo. Y propio, nunca mejor dicho, porque esta rehabilitación se ha conseguido por un lado, gracias a una subvención del Consejo Comarcal del Bierzo, pero también con mucho esfuerzo de un grupo de vecinos, que ha trabajado incansablemente durante varios meses para ajustarse al máximo al presupuesto.

La Torre del Centinela de Viñales es la denominación de esta reliquia restaurada, porque “es como si fuera el centinela del pueblo, siempre estuvo ahí y va a seguir estando ahí”, dijo el secretario de la Junta Vecinal, Hilmar Kossman. Desde el año 1956 cuando se quemó la iglesia en esta ubicación sólo había unas ruinas que a duras penas dibujaban una vieja edificación. Sin embargo, en los últimos años varios vecinos a título individual venían planteando una reconstrucción que no llegaba. El propio Kossman llegó a asegurar que en su caso, fue “hace 30 años”, cuando llegó al pueblo de Viñales, el momento en que apreció el interés por volver a dar vida a la torre.

La subvención del Consejo Comarcal del Bierzo, 6.519 euros, a duras penas llegaba para una parte de la reconstrucción. Por eso, la empresa adjudicataria de las obras planteó que, para ajustarse al presupuesto, los vecinos podían contribuir acercando piedras a esta obra. La Junta Vecinal presentó al pueblo esta idea y un grupo no dudó en ponerse el mono de trabajo y colaborar en estos trabajos.

La decepción volvía a llegar cuando en el interior quedaban piezas clave para dar sentido a la idea de convertir la torre en un mirador: faltaban las escaleras. De nuevo la iniciativa surgió y el planteamiento ahora, ya que no se podía comprar una escalera, había que venderla. Y un grupo de vecinos y amigos se han hecho 'propietarios' simbólicos de una parte de la torre, donando cantidades pequeñas para construir los 24 escalones interiores. Cada aportación tiene su reconocimiento con dos placas al lado de cada escalón, financiados por varias personas.

Ahora el resultado es esta torre que luce el pueblo con orgullo, desde donde se puede divisar una parte del pueblo y las vinas características de las inmediaciones.

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