Esta mañana, en la calle Odón Alonso de Bembibre, uno de esos por desgracia abundantes conductores a los que les pesa más el pie que el cerebro… se llevó la vida de un perrito de apenas 9 meses de vida que se llamaba León.

No era mi perro ni estaba yo cuando ocurrió el “accidente”, pero lo he llorado. Lo conocía desde que tenía unos minutos de vida y lo ví crecer… y yo mismo lo tuve que enterrar.

El tipo del coche ni siquiera se paró a mirar.

Sí… digo el tipo, aunque no sé quién era (mejor para él), porque mea culpa si me equivoco pero doy por hecho que era macho. Porque la mala conducción es mayoritariamente cosa de hombres. No es un cliché, sino una realidad. Las mujeres a veces pecan de exceso de prudencia… ¡Perdón! No hay exceso de prudencia, solo quien dice cosas así para criticarlas a ellas. Porque por algún misterioso motivo parece una convención que conducir bien es andar a toda hostia sin salirse. Pero en realidad conducir bien es respetar las normas.

Probablemente ese macho, supermegaguay que se cree más que los demás paradójicamente porque no sabe dominar un coche, hasta se iría protestando porque un “perrucho” se cruzó en su camino. –¡A ver si me jodió un faro!- se lamentaría -¡Hay que llevarlos atados, abuela!- protestaría.

Y bien… hubiera sido más correcto que esa “abuela” dueña del perro lo hubiera llevado atado… pero si ese macho ibérico del coche hubiera llevado su máquina a la velocidad que se deben llevar esas máquinas, no hubiera ocurrido el accidente.

¿Tenemos que llevar atados también a los niños? Porque pudo ser un niño.

Oh, sí…. Que menuda comparación, ya lo sé. Pero pudo ser un niño. Y ya es bastante que fue un perro.

Y haré un inciso para hablar sobre la inteligencia y sensibilidad de los animales. Porque los hay tan “superiores” que se creen que porque los perros no tienen un lenguaje que podamos entender, son tontos. Algunos los hacen tontos con tanta orden, eso sí, como se haría tonto incluso a un niño: -Quieto o te sacudo- -No te muevas- -Ven aquí- -No hagas eso- -No hagas lo otro- …pretendiendo crear autómatas y confundiendo inteligencia con obediencia.

Yo tengo dos perros y con unas pocas normas y mucho cariño ellos solos aprenden muchas cosas y entienden más de lo que pueda parecer.

Los hay que se creen que porque los animales no tengan músculos en la boca que les permitan mostrar tristeza con ella, ya no sienten ¿Por qué no vale que los animales la muestren con el rabo o incluso que no la mostraran con gestos? Hay hasta supuestos científicos que dicen haber hecho estudios rigurosos y se llenan la boca hablando de la inferioridad de los animales respecto a nosotros.

Y sí… son inferiores en algunos aspectos, por eso los dominamos, pero esa superioridad no se demuestra con el dominio.
 
Y salvando las distancias con las personas perdonadme pero igualmente diré que por insignificante que sea para algunos la vida de un animal, para quienes conocíamos a León es una gran pérdida. Porque como cualquier perro lo daba todo por quienes quería, toda su energía iba dirigida a querer a su gente. Pero se cruzó en su vida un macho humano, uno de esos que se creen que impresionan a las chicas por manejar inconscientemente una máquina.

Abundan mucho esos especímenes. Algunos por lo demás bien considerados en otras facetas de la vida, pero ¿Por qué esa “prisa” con el coche?

No lo entiendo ¿Es falta de inteligencia? ¿Es que los pone tontos la testosterona o alguna otra sustancia? ¿Es mala educación?

Me repatea escuchar a algunos hablar que si llegaron a Madrid en dos horas o que si pusieron el coche a dos cientos… porque lo cuentan como si hubieran hecho una hazaña o como si condujeran mejor que los que de hecho conducen correctamente ¿Hay por ahí algún estudio psicosociológico sobre este tipo de estupidez?

No sé, pero yo me canso de oír chirriar ruedas por las calles. De ver animales atropellados por todos lados, que de circularse a buena velocidad aún estarían por ahí campando con su vida ya bastante complicada de por sí.

Me canso de que se mate a gente con los coches en circunstancias evitables con solo controlar la velocidad o lo que se consume.

¿Y la solución?

No está en poner leyes y multas, aunque también.

Por cierto ¿A nadie se le ha ocurrido poner radares en calles interiores de localidades?

La solución está más atrás, porque un “fitipaldi” termina sabiendo dónde hay radar; y donde no lo hay, o piensa que no lo hay, vuelve a correr. Los fitipaldis solo aprenden cuando dejan en silla de ruedas a alguien o les pasa algo a ellos… y algunos ni así.

La solución está en que en las escuelas se enseñe, además de la raíz cuadrada de la integral del coseno de la derivada de la “marimorena”, un poco de vida…; y que en las casas se enseñe además de a decir palabrotas para que el niño haga gracia, un poco de respeto y saber estar. Mientras tanto, mientras haya quienes no eduquen bien, tendremos que vivir con el miedo a que se cruce en nuestra vida uno de esos machos, superconductores chachimolonguis.
 

Tomás Vega Moralejo

felix 359 1

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