España se encuentra inmersa en una profunda crisis tanto económica como política y territorial, en la que los ciudadanos no vislumbramos su salida. A la destrucción imparable de nuestro estado de bienestar y del tejido productivo y empresarial, se une  el agotamiento de un sistema político y autonómico lleno de grietas que se van convirtiendo en abiertos boquetes. Una deficiente democracia manejada por las castas políticas, en la que campa a sus anchas la corrupción, ha terminado por situar a los políticos como uno de los principales problemas de los ciudadanos. Y la organización territorial autonómica hace aguas por todas partes, víctima de las estructuras insostenibles que ella misma ha ido creando, en la que sólo los políticos encuentran acomodo, pero aumentando de forma imparable el desencanto de la ciudadanía por su nefasto funcionamiento.

En medio de toda esta crisis, en la que la unidad de mercado y de la nación española se encuentra amenazada por los secesionismos insolidarios, la olvidada Castilla debería potenciarse económica y políticamente como primera garantía de la cohesión de España, y como forma de solventar sus acuciantes desequilibrios territoriales. Las dos Castillas y León, que ocupan casi una tercera parte de la superficie de España y con una población de doce millones de habitantes, merecen que se las reconozca el peso político y económico que el Estado autonómico le ha negado a Castilla al fragmentarla en cinco autonomías artificiales. Castilla, con toda su larga historia y su cultura universal, es parte esencial que facilitaría la salida de la crisis de España.

Francisco Javier Sánchez Sinovas
(Cantabria)

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