Los tiempos que actualmente corren, casi siempre sometidos a tensiones varias, nos han situado a la sociedad presente en nuestro en nuestra realidad, tanto individual como grupal (¡y en la pluralidad de la misma!), desde unas vivencias de nuestros entornos próximos que nos dibujan el marco interactivo donde convivimos.

Desde el año 1978 ( y por decisión de la Voluntad Soberana de la nación Española) tenemos el texto de la Constitución Española que está en vigencia y donde, desde cualesquier ángulo ideológico, se pueden hacer, ¡ de hecho se han hecho en el pasado, ahora en el presente y, casi seguramente, en el futuro interpretaciones  de lo más variopintas que, desde nuestro total respeto, ofrecen caminos diversos, pero que, en todo caso, parten  de una idea matriz y umbral cual es la equipotencialidad de los integrantes de la ciudanía española y a mayores, en nuestra opinión particularizada, de análoga equipotencialidad entre los Pueblos de la España Nación (a ras del nivel de 1978).

Entre esos Pueblos´1978 de la España Nación,  hemos situado, desde los inicios de la transición  política ( aún incompleta) a cuatro de ellos, a saber: extremeño, leonés, gallego y asturiano, y lo hemos hecho, en todo momento/lugar/ocasión con la Constitución´1978 en la mano, y lo hemos hecho, frente a coyunturas/acuerdos/ imposiciones (como el de 31-7-1981 de los inventos territoriales) y lo hemos vuelto a reforzar (el 7-6-2014) con ocasión de la puesta en práctica de las disposiciones constitucionales en la Jefatura del Estado.

Aquí, en el noroeste del territorio español que constituye la Corona Leonesa, estamos y somos, por nosotros mismos, y desde nuestra propia esencia integral (histórica, social, antropológica y política) también, ¡ que no se olvide nunca!, tenemos, además de nuestro voto democrático/constitucional, nuestra propia voz.

En esa nuestra Constitución´1978, se articulan situaciones que, a veces, quedan desvaídas u ocultas, o que, por razones que desconocemos, se tratan de infravalorar y, en algunos supuestos, de tergiversar y anular. Dando un aspecto o muestra  parcial de lo que un todo mucho más amplio.

La Casa Real Leonesa no solo puede ser, con serlo, un recetario de Reyes/Reinas que, como en un encaje de bolillos, se van sucediendo a lo largo de los tiempos, es también una forma, ¡una más!, de situar la importancia de la sociedad de la Corona Leonesa a lo largo del proceso histórico  y de cómo se han ido fraguando los hechos diferenciales antropológicos que la conforman.[Nadie, por casualidad, ha cogido un tamboril y una chifla/gaita/pito para pasearlo desde gijonés cantábrico hasta los rocíos de Huelva]

Si a estas alturas (17-6-2014) traemos a colación los orígenes de Don Pelayo, en su neovisigotismo uncido a Chindasvinto, al mismo tiempo, guste o no guste, estamos hablando de los orígenes de la Nación Española (en el Reino Visigodo de Toledo) y de la idea de Patria Española ( batalla de Covadonga,Santina y Reino Asturiano), pero también, y ello es importante al caso, de: Favila I, Alfonso I, Fruela I, Aurelio I, Silo I, Mauregato I, Vermudo I, Ramiro I, Ordoño I, Alfonso III (de la elongación, por García I, de la Casa Real Asturiana con la Casa Real Leonesa), Ordoño II, Ramiro II, Ordoño III, Alfonso V, Vermudo III,… y ello sin impedir los protagonismos en la base social y las manifestaciones de los mismos, pero, ¡claro esta!, resaltando que estamos caminando/viviendo/interaccionando por Extremadura, Reino Leonés, Galicia y Asturias [¡ Ya Alfonso III estuvo en Alange !].

El gozne del final del reinado de Vermudo III es,¡ sin duda ¡, la figura de su cuñado Fernando, pero, en nuestra apreciación, desde  la propia importancia de su esposa Sancha I de León que hace proseguir la Casa Real Leonesa, por su hijo Alfonso VI (gracias a la valentía de Zamora (¿acaso del Santo Grial?), su nieta Urraca I y su bisnieto Alfonso VII (Rex/Imperator Legionensis) y en seguimiento de Fernando II (con “motín de la trucha” incluido) y Alfonso IX (con “carta magna leonesa” incluida , primeras Cortes, Universidad de Salamanca,…).  

Fue en Córdoba donde Fernando III situó el heráldico león rampante en el símbolo de tal ciudad (el mismo que a Toro dio título:”civitas taurensis superior est in regno leogionis”). Su hijo Alfonso X es el iniciador ( en la General Estoria) de la teoría/realidad que une al Rey Visigodo Chindasvinto en la estirpe de Don Pelayo. Como proseguir en la Casa Real Leonesa a través de Sancho IV, Fernando IV (doble justificación leonesa por María de Molina), Alfonso XI (véase Monasterio de Guadalupe) y, en la salvedad de Pedro I, con Constanza y su hija Catalina ( en la legitimación de Enrique III), para por Juan II y Enrique IV  llegar a Isabel I (de la Corona Leonesa, gracias a su esposo Fernando ganador en la batalla de Toro)

Ya con Juana I ( en el inciso de Villafafila), Carlos I (aquello de “Peces,Pan y Vino” y “lo de Noain”, sin olvido de lo de Mojados), Felipe II, Felipe III, Felipe IV y Carlos II , tenemos esplendor y ocaso casi a partes iguales, aunque siguiera brillando el sol y, desde aquí, ayudáramos a sujetar situaciones sobrevenidas.

Ahora estamos más próximos a la secuenciación/ambientes/situaciones de Felipe V, Luis I, Fernando VI, Carlos III, Carlos IV, Fernando VII, Isabel II, Alfonso XII, Alfonso XIII , Juan Carlos I y, por disposición constitucional, Felipe VI. Siempre como constitucionales ciudadanos.

Hemos enlazado, desde esta nuestra exposición, no solo la Casa Real Leonesa con la Casa Real Española, también la sociedad de la Corona Leonesa {Extremadura+Reino Leonés+Galicia+Asturias} con la del resto de la España Nación. Hemos descrito un ayer compartido, en un hoy convivencial, con el anhelo de un mañana de amplios y plurales protagonismos. Lo hemos hecho, como siempre, desde nuestra europeidad, españolidad y leoneseidad.

Francisco Iglesias Carreño
Instituto de estudios Zamoranos FLORIAN D´OCAMPO

 

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