En una reciente entrevista a Rodolfo Martín Villa, ha manifestado que “siempre pensé que había que crear una meseta fuerte frente a Cataluña, frente al nacionalismo catalán”, argumentando la creación de la comunidad de Castilla y León. Pero se olvida interesadamente de que, aplicando unas nociones de geografía peninsular, la meseta se compone de dos submesetas y, por tanto, la submeseta sur o Castilla la Nueva quedaba fuera de una completa Castilla y León, como dejaron fuera a Santander y a Logroño por presiones del nacionalismo vasco.

Los partidos políticos dominantes en los procesos autonómicos, con muy escasas alturas de miras,  incurrieron también en el dislate de separar a Madrid de Castilla la Nueva, por la obsesión personal de su compañero de la UCD Fernández Galiano de crear la región llamada “Castilla-La Mancha” para así ser el mandamás, como afirmó en su día el madrileño Ramón Tamames.

Una Castilla y León unidas en su totalidad sí que habrían fortalecido la concepción de España como nación unida y plural, alcanzando el protagonismo político que nos corresponde por territorio y población, al tiempo que tendríamos la fuerza suficiente para superar décadas de marginación económica y de emigración. Hora es de no poner reticencias a una reforma autonómica en tal sentido.


Francisco Javier Sánchez Sinovas
Bárcena de Cicero (Cantabria)

 

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