El otoño de 1837 fue trágico para Enrique Gil que en pocos meses sufrió, como tres mazazos, las muertes de su padre y de sus íntimos Guillermo y Juana Baylina. En el frío de su pensión madrileña, solitario, en un momento de absoluta melancolía –en el que llega a pensar en el suicidio, como luego cuenta en un relato autobiográfico–, Enrique escribe poesía.

La campana de la oración –publicado en El Español el 8 de enero de 1838– está dedicado a la memoria de su amigo Guillermo; es un poema largo, importante, también autobiográfico, que combina con soltura distintos tipos de estrofas, un poema a la amistad amorosa, metafísico: el poeta busca “un punto en el espacio”, un punto misterioso simbolizado por la campana.

Los versos “al malogrado amigo, que repartía su placer conmigo” podrían contener también alguna alusión a una velada ambigüedad de Enrique en su relación con Guillermo, lo que algunos autores consideran probable y Picoche desmiente sin contemplaciones: “Este poema, lleno de una sensibilidad morbosa, tiene un trozo de aparentemente dudosa interpretación (...) pero no se ha de interpretar tal trozo de un modo contrario a la naturaleza”.

Quizá sea bueno dejar que cada lector haga su propia lectura: al fin, el poeta dijo exactamente lo que dijo y ¡quién sabe lo que quiso decir!:

Y las dulces confianzas
de solícita amistad,
las doradas esperanzas,
abandono y bienandanzas
de la venturosa edad
y las pláticas de amor
entre flores y verdura,
que cantaba el ruiseñor
y embellecía el pudor
de conturbada hermosura.


Enlaces wiki románticos:
En este enlace, puede verse el poema completo recitado por Valentín Carrera en la serie “Diez poemas de Enrique Gil” [Bembibre, Villafranca, Ponferrada, abril 2014].
Foto: Peñalba, Anxo Cabada
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