Junto con Una gota de rocío, este es el poema más conocido y popular de Gil, su obra maestra, de la que Gullón dice: “En la violeta vió Enrique el emblema de su vida, y en la efímera existencia de la flor un presagio de su destino: timidez, gentileza, pureza, fugaz e inadvertido vivir. Reaparece el sentimiento de la soledad frente al mundo, soledad confortadora para soñar y para morir (...) La violeta es un símbolo y en ella renacerá el poeta”.

Es, en efecto, un hito en la breve obra poética de Gil, ante el que Mestre y Muñoz también se detienen: “Con voz quebrada rememora en escritura el habla de su patria interior ante las ruinas, y elige entre otras galas más poderosas de la vida, a la humilde violeta, la pequeña flor morada símbolo de la fugacidad de la existencia, del carpe diem y la breve estación de la belleza, una gramática de lo efímero que bajo la gran obra del sol tiñe, con el color que cifra la espiritualidad y lo débil, los versos en que se hace aroma el olvido:

Flor deliciosa en la memoria mía,
ven en mi triste laúd a coronar,
y volverán las trovas de alegría
en sus ecos tal vez a resonar.

Quizá al pasar la virgen de los valles;
enamorada y rica en juventud,
por las umbrosas y desiertas calles
do yacerá escondido mi ataúd,

irá a cortar la humilde violeta
y la pondrá en su seno con dolor,
y llorando dirá: “¡Pobre poeta!,
ya está callada el arpa del amor.”

 

La violeta simboliza la vida y el destino del poeta; aparece, enigmática, la virgen de los valles, tal vez referida una vez más a Juana Baylina, cuya muerte era aún muy cercana y la presencia de su recuerdo constante. El valor intemporal de Gil no está en el tópico de la violeta “utilizado cien veces entre 1835 y 1850 –escribe Picoche-, sino en la calidad notable y el acento de sinceridad que hace auténticos sus versos”. Poema en endecasílabos (ABBA), quizás el verso preferido por el poeta, publicado en el Semanario Pintoresco Español el 7 de abril de 1839. Ya en la primera estrofa suena el laúd que treinta años después hará sonar Bécquer, con forma de arpa, en sus Rimas de las que este poemario es antecedente.

Con este poema ponemos punto final, después de treinta y cinco semanas, a estos «Martes Románticos», que han querido acercar a nuestros días al escritor y poeta villafranquino, en este año del II centenario de su nacimiento que estamos celebrando. Se acerca la fecha de su aniversario –15 de julio– en la que El Bierzo recordará a Gil con un importante Congreso Internacional, que requiere nuestra dedicación intensa en las próximas semanas. Al pasar la última página de los «Martes Románticos», doy las gracias a los lectores y lectrices que nos han seguido generosamente y a Bierzo Diario y Bembibre Digital, que han acogido esta sección durante meses y me han brindado, usando las palabras del propio Gil en su despedida de El Laberinto, “puertas tan doradas para entrar y salir”.

Valentín Carrera

Ilustraciones: Acuarela de Carmen Rosa Carracedo y violeta de papel, obra de Raquel Pérez Valle.

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A la venta en las principales librerías. Distribuye: Latorre Literaria

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