León, como no podía ser de otra manera, es un eslabón más en la cadena de la crisis que sufre España, pero tiene sus propias peculiaridades. La primera de ellas es que el declive comenzó mucho, mucho antes que en el resto del país. Este hecho se confirma al repasar la historia de algunos sectores clave como el carbón, la agricultura y la ganadería, y, como síntesis que aglutina todo el problema, la despoblación, creciente en los últimos veinte años con especial incidencia en los más recientes. Ni siquiera nuestra universidad, aportando formación de alto nivel a los jóvenes leoneses o haciendo estudios, previsiones y estrategias, ha conseguido cambiar la tendencia.

Para salir de la crisis, tanto en España como en León, parece universalmente aceptado que tenemos hoy por hoy dos pilares básicos y casi únicos que son las exportaciones y el turismo. León tiene unos sectores comercial e industrial agroalimentarios de cierta entidad, que están haciendo esfuerzos por desplegar sus ventas fuera de León. No ocurre lo mismo con el turismo; así unos meses atrás la prensa local publicó datos de 2012 donde daba cuenta de que ese año León perdió más del 12% de turistas, que tuvo un grado de ocupación hotelera de sólo el 36%, que el número de pernoctaciones disminuyó un 17 % en el mes de agosto y de que León fue la tercera provincia con menos pernoctaciones de la Comunidad. Estos datos suponen el peor balance turístico de los últimos 15 años. El turismo rural no registró mejores porcentajes y en agosto los viajeros disminuyeron un 22%, siendo el doble la merma si consideramos el turismo extranjero. Ante esta situación el CEL ha pedido al Ayuntamiento y a la Diputación mayor esfuerzo para diseñar campañas que potencien la marca turística de León.

Pues bien, recientemente  la Asociación de Amigos del Camino de Santiago de León, ha hecho públicas las estadísticas de peregrinos llegados a la ciudad durante el año 2012; caminantes que se han registrado y alojado en los albergues de la ciudad. Resumiendo: al albergue municipal, con una media anual de 20.000 usuarios, se le calcula 4.000 personas, ya que se cerró el 20 de junio, en el momento de mayor afluencia de peregrinos -justo cuando podía rentabilizarse-; el albergue de la Fundación Ademar, abierto recientemente, recogió 4.500 y el albergue de las Madres Benedictinas (las Carbajalas) 25.607 peregrinos -un 7% más que el año anterior-, de los cuales el 74% eran extranjeros y procedían de 96 países diferentes. Aquí no están incluidos los miles de caminantes que se hospedaron en otros establecimientos hosteleros o que pernoctaron en albergues próximos a León.

Estos datos demuestran el enorme escaparate que supone el Camino de Santiago para el turismo de León y lo barato que resulta para nuestra promoción. Se trata de gente que viene aquí, que no hay que ir a buscar, que nos conoce -aunque sea brevemente- y a los que, si les hemos encandilado con nuestro enorme patrimonio natural, histórico, gastronómico y de hospitalidad, haremos regresar, seguramente acompañados, para conocernos mejor.

Señores del Consorcio de Turismo y de las instituciones asociadas: no busquen más yacimientos afuera sin antes explotar los que ya tenemos en casa. Hacer venir a alguien para que nos conozca es harto difícil, por lo que desperdiciar este stand gratuito es un atentado contra la economía leonesa y su salida de la crisis. En este contexto no conseguimos entender que el Ayuntamiento de León se niegue a reabrir el albergue municipal, sin uso alternativo hoy por hoy, a pesar de tener ofertas sin coste, según sus propias manifestaciones; y entre ellas la de la propia Asociación de Amigos del Camino de Santiago de León, que se ofrece a compartir los beneficios.

En la dramática situación económica y social en que nos encontramos, los leoneses no merecemos esta pasividad ni la pésima imagen que estamos dando a tantos peregrinos, a los que ni siquiera ofrecemos -como se hacía y hace en nuestra tradición provincial-  el “palo de los pobres”, un lugar donde pernoctar. Reaccionen, por favor, y aprovechen las oportunidades que tenemos, oportunidades sin coste, que no abundan y que suponen un auténtico tesoro para nuestra economía.

Gregorio G. Aller
Javier Callado
María del Carmen Fernández

felix 359 1

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